"Todo lo que he podido hacer como arquitecto es un regalo"
"Todo lo que he podido hacer como arquitecto es un regalo" La editora de VD, Paula Véliz, en conversación con el arquitecto Cristián Valdés en Encuentros El Mercurio.
PILAR SEGOVIA S obre su infancia, sus estudios de arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, su paso como dibujante por la fábrica de muebles clásicos de su padre, Luis Valdés Freire, la opción de mantenerse independiente y los múltiples desafíos que ha enfrentado en sus seis décadas de carrera conversó este martes 19 de mayo el arquitecto Cristián Valdés con la editora de revista VD, Paula Véliz, en la novena edición del ciclo 2026 de Encuentros El Mercurio.
Ante una audiencia de 120 personas, compuesta principalmente por arquitectos de varias generaciones, el Premio Nacional de Arquitectura 2008 recordó diversas facetas de su práctica, desde que egresó de la UCV en 1962. "Lo más importante de la Escuela de Valparaíso es que te enseñaban a creer en lo que tú tenías, aunque fuera poco. A creer en tu propia experiencia, porque todo el mundo tiene una, pero no la reconoce, no la hace suya, no la valoriza. De ahí nace un punto de vista. Sin punto de vista, no hay nada nuevo", aseguró.
Recorrió algunas de sus obras más relevantes, como su propia casa, proyectada en 1965 y en la que todavía vive, y sobre la que detalló que fue construida con mínimos recursos y levantada sobre una estructura metálica en menos de tres meses. "Tenía que hacer rendir un espacio de 115 metros cuadrados.
Lo que hice fue abrir una gran ventana que mira al oriente, después al norte y al poniente, y armar un recorrido alrededor de ella con lugares de estar, para comer, para sentarse... esa condición hacía que mi casa, que es muy chica, se hiciera grande. En vez de un living, había una circulación permanente, una situación de estar", comentó. Al evocar los tres años en la fábrica Valdés Freire, dijo: "Mi papá me enseñó a dibujar los muebles a escala natural y a hacerlo a pulso. Tienes una regla T y una escuadra para establecer algunos referentes, pero el dibujo es a mano alzada, ahí tienes que hacer una curva que no se interrumpa. Esa experiencia es súper delicada y necesita que la cosa no quede pesada y tenga una precisión.
Eso me permitió hacer estos muebles, que son herederos de esa experiencia". Se refiere a su famosa silla A, creada en 1977, que es un referente del diseño nacional, estuvo en la Feria del Mueble de Milán en 1994, luego de lo cual el Museo de Historia Natural de París compró más de 200 ejemplares, y actualmente se encuentra en la colección permanente del MoMA de Nueva York. Desde entonces, ha combinado su trabajo como arquitecto y diseñador en la fábrica donde ha creado 16 modelos diferentes. Pese al éxito de la silla, Valdés reconoció que la arquitectura le gusta mucho más que el diseño. Y que, en el ejercicio de la profesión, han sido esenciales conceptos como la observación, la idea origen, la experiencia y la emoción. "Todo lo que he podido hacer como arquitecto ha sido un regalo. Una suerte, diría yo.
Una suerte haber podido mantenerme en esta actitud durante toda la vida: decir la verdad, nada más, y tratar de ser consecuente, honesto y fiel a las cosas que te enseñaron y como tú las sentiste, porque cada uno entiende a su manera.
Ese sería mi legado". "Todo lo que he podido hacer como arquitecto es un regalo" El autor de la icónica silla Valdés fue el invitado de esta semana en Encuentros El Mercurio, iniciativa organizada por las revistas VD, Sábado, Domingo y Ya. En la ocasión, recorrió episodios clave de su trayectoria. CRISTIÁN VALDÉS:.