Autor: JUAN RODRÍGUEZ MEDINA
El incierto equilibrio entre escribir y ganarse el pan
El incierto equilibrio entre escribir y ganarse el pan A demás de que nadie te preguntó si querías nacer, resulta que no basta con eso para tener una vida, hay que salir a buscarla: hay que ganarse la vida. ¿Y qué pasa si tu labor no encaja del todo con la lógica de la productividad y eficiencia? ¿ Qué ocurre, por ejemplo, si eres escritor y no has heredado una gran fortuna? ¿ Buscas el esquivo estrellato, sea como bestseller, sea como un autor avalado con grandes premios? ¿ Te las arreglas con algo ligado a la escritura: clases, talleres? ¿ O liberas a la literatura de la carga de tener que darte de comer y te consigues un sueldo en otra cosa? “Las letras solas, desprovistas de esa perspicacia laboriosa tan útil, no procuran más que una vida desgraciada e indigna”, dijo Voltaire.
Lo cita Émile Zola en su ensayo “Literatura y dinero” (FCE), en el que el novelista francés defiende la libertad que el dinero otorga a la escritura, frente a aquellos que se quejan por su mercantilización.
Que el de escritor sea un trabajo como cualquier otro, vendible, que el autor sea un obrero y no un “parásito” libera a los hombres y mujeres de letras de tener que entregarse a las dádivas de algún señor y de ser su “bufón de antecámara”, dice el autor de “Germinal”. “Con el dinero”, cree Zola, el escritor “se ha atrevido a decirlo todo, ha llevado su análisis hasta el rey, hasta Dios, sin temer por su pan”. Porque ahora el pan se lo da el gran público: “El dinero ha emancipado al escritor, ha creado la literatura moderna”. Eso lo dijo Zola en 1880 y ya entonces tuvo respuesta de Paul Lafargue.
El autor de “El derecho a la pereza” le dice que, claro, ahora que ha triunfado como autor y ya no sufre las dificultades de sus inicios, ahora que está del lado de los ganadores se permite decir eso.
“Hoy”, retruca Lafargue, “se contenta con escribir novelas prometedoras del mayor éxito y del provecho más grande”. Tres médicos Literatura y dinero es un tópico que revela una tensión aún no resuelta y tal vez imposible de resolver: “El dinero es el mejor novelista del mundo”, dijo Ricardo Piglia, “convierte en destino la vida de los hombres”. Qué hacer, entonces. Chéjov era médico, también William Carlos Williams y Céline. A este último nunca le fue muy bien, ni como explotador en Camerún, cuando era colonia francesa, ni como médico privado, pero sí como funcionario de salud en organismos internacionales. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el autor de “Viaje al fin de la noche” se embarcó como médico en un buque que se dirigía a Marruecos. A medio camino la nave chocó. “¡Vaya noche! He suturado durante catorce horas seguidas. Toda la noche de aquí para allá. No tengo suerte con mis trabajos”, escribió.
La historia de Céline la recoge la escritora y académica italiana Daria Galateria (Roma, 1950) en su libro “De sol a sol” (Ediciones UACh), un volumen que perfila a veinticuatro “grandes escritores”, pero no con foco en su literatura, sino, como dice el subtítulo, en “cómo se ganaron la vida” fuera de la escritura. Pasan, entre otros, Gorki, London, Colette, Kafka, Eliot, Lawrence de Arabia, Saint-Exupéry, Orwell y Bukowski.
“Normalmente”, escribe Galateria, “las horas perdidas con los trabajos alimenticios trabajan subterráneamente, y al final casi siempre afloran en las obras maestras de los escritores”. Aunque, claro, como descubrió Orwell mientras trabaja en un restaurante, luego de catorce horas limpiando platos, no se tiene “tiempo para pensar, y se pierde poco a poco conciencia del mundo exterior”. Kafka, en cambio, un muy buen agente de seguros, “era más indulgente con el trabajo”, según Galateria, pues “decía que liberaba al hombre del sueño que lo deslumbra, dejándolo entregado a la habitual nostalgia de la confianza”. Trabajos ganapanes No hay autores chilenos en “De sol a sol”, pero pudieron pasar por ahí Manuel Rojas, quien fue pintor (de brocha gorda), electricista, estibador, peón de ferrocarril, aprendiz de sastre y actor de teatro; Stella Díaz Varín, que se ganó el pan como periodista en diarios como El Siglo, La Opinión y La Hora, un trabajó clásico de los escritores desde los tiempos de Zola; o Roberto Bolaño, que fue, entre otras cosas, vendedor, lavaplatos y cuidador de un camping. Cynthia Rimsky (Santiago, 1962) también podría figurar en el libro. “Tuve muchos trabajos relacionados con la escritura, en revistas corporativas, escribiendo guiones, en publicidad, hasta dando consejos para auditores en la radio.
Debía regirme por criterios ajenos y, muchas veces, opuestos a los míos, en los que no se valoraba la creación, la subjetividad, la imaginación, la autoría”, cuenta la autora de novelas como “Poste restante” y “Clara y confusa”. La ganadora del Premio Anagrama 2024 relata que “era difícil escribir por las noches con esa carga de frustración y rabia, pero no tenía más opción que separar mis intentos literarios de los trabajos ganapanes.
Preferí resguardar mis búsquedas literarias, mantenerlas como un lugar de riesgo, que trabajar en algo afín”. El poeta, ensayista y editor Yanko González (Buin, 1971), director de Ediciones UACh, autor de “Los más ordenaditos” y “Torpedos”, entre otros libros, recuerda que al margen de la literatura alguna vez trabajó vacunando pollos en una avícola, que vendió juguetes de madera y fue educador popular. “Y, desde hace muchos años, me gano la vida haciendo clases de Antropología”, pues, valga recordarlo, González es antropólogo. “Cuando comencé a escribir”, dice, “Jorge Teillier estaba vivo. En alguna parte le leí una opinión que terminé por convertir en un axioma.
Algo así como: poeta, solo poeta, por ningún motivo”. Según González, “el roce con la realidad es fundamental para el fuego de la escritura, aunque sé que para varios colegas la escritura debiera ser un trabajo único y dignamente remunerado. El problema no es la remuneración, es la atrofia de la experiencia. Y sin experiencia, ancha, múltiple, la literatura se enfría”. González cree que el “otro trabajo”, el no literario, no es una derrota moral. Es, aunque parezca paradójico, “la conquista de una libertad mínima, la forma concreta de no hipotecar la escritura a la facturación”. “La autonomía del escritor no es un derecho natural. Es una pelea y se cobra.
Vivir de la escritura puede significar, en muchos casos, vivir para la escritura vendible: convertirse en un lobista impúdico, un ventajista o un jinetero cultural”. Inconciencia de clase Rodrigo Cortés Muñoz (1975) solo era abogado, especializado en Derechos Humanos, pero ganó el Premio de Revista de Libros de El Mercurio con su novela “Buganvilia”, que fue publicada en 2018. Luego, con el libro de cuentos “Yicara” (2025), lo volvió a ganar. Entonces es también escritor. ¿O no? “No tengo un trabajo relacionado con la escritura”, precisa. “No es mi vocación, por ahora, al menos. Soy abogado y me gusta mucho, trabajo todo lo que puedo bajo remuneración y también pro bono: desde precios de transferencia a derecho internacional humanitario.
Escribir, que, en mi caso, es diferente al oficio literario, me reclama espacio porque no puedo vivir Cynthia Rimsky, autora de “Clara y confusa”. Yanko González, poeta, autor de “Torpedos”-. Rodrigo Cortés, autor de “Buganvilia”. sin escribir. Trabajo en contextos de muchísima violencia, y llevar esa experiencia a texto me permite descomprimir esa vivencia. Le debo mi lucidez a la escritura”. Cortés cree que hoy la literatura se ha vuelto una política pública. “El escritor, bajo condiciones y supuestos pinocheteados, reclama una financiación como un derecho de suyo, ignorando que esa asignación está sujeta a un juego de suma cero.
Hoy la escritura se encuentra tan ensimismada que desconoce que ese peso que recibe implica que no hay capecitabina (medicamento para tratar algunos tipos de cáncer) en los hospitales públicos, que un Tac de pelvis, esencial en el diagnóstico del cáncer, puede llevar meses en el Sótero del Río”. Según Cortés, esta situación que acusa ha hecho de la literatura una impostura: “Desde el momento en que el escritor o poeta dejó de saber cuánto vale la vida se ñuñoizó.
Y al no tener más parámetro que sus vecinos de la avenida Irarrázaval, se sienten empoderados para exigir desde Twitter e Instagram derechos y reclamar correctitudes, como si no existieran necesidades urgentes o más relevantes”, afirma.
“No es solo ignorancia, sino falta de conciencia de clase”. Trabajos gratuitos El lunes de esta semana murió el poeta Germán Carrasco, quien en uno de sus poemas escribió: “Trabajo como una persona sola / Como el chino y el pobre que soy / Como si quisiera surgir”. Cynthia Rimsky cuenta que “aunque no éramos amigos, Carrasco me hizo volver a la herida, al resentimiento.
Me hizo pensar que el problema para los y las escritoras no son los trabajos que haces, sino lo que te pagan, porque la mayor parte del tiempo te piden trabajos gratuitos y algunas editoriales ni siquiera te entregan tu 10 por ciento (por derechos de autor)”. “Todos los trabajos que hacemos son mal pagados: clases, publicaciones, reseñas, etcétera, etcétera. No hay uno solo en el que recibamos la misma paga que un ingeniero, un dentista, un carpintero. Nunca tenemos un contrato, segur i d a d s o c i a l, s a l u d ”, e x p l i c a Rimsky.
“Teniendo un oficio, creando productos que hacen vivir a toda una cadena de valor: librerías, editoriales, distribuidoras, fundaciones, todos ellos ganan un salario mejor y más estable”. ¿Por qué? “Fue la pregunta que le hice a la última persona que me propuso ser jurado. Iba a recibir entre 300 y 350 textos para deliberar, a dictar una clase virtual y, además, hacer videos de promoción. A mis cuestionamientos, esta persona, me contestó: muchas gracias, será en otra oportunidad”. DE SOL A SOL Daria Galateria Traducción de Félix Romero Ediciones UACh, 2025,220 páginas, $14.900. PERFILES LITERATURA Y DINERO Émile Zola Traducción de Gabriela Torregrosa FCE, 2024,70 páginas, $8.900. ENSAYO Autor: JUAN RODRÍGUEZ MEDINA. No es simple la relación entre literatura y dinero.
De eso trata el libro “De sol a sol”, en el que Daria Galateria perfila a famosas plumas, como Colette y Kafka, y sus trabajos extraliterarios. ¿Cómo vivir y escribir? Cynthia Rimsky, Yanko González y Rodrigo Cortés Muñoz calibran la tensión entre plata y letras. DEBATE El oro y el espíritu: DE SOL A SOL Daria Galateria Traducción de Félix Romero Ediciones UACh, 2025,220 páginas, $14.900. PERFILES LITERATURA Y DINERO Émile Zola Traducción de Gabriela Torregrosa FCE, 2024,70 páginas, $8.900. ENSAYO “Las letras solas, desprovistas de esa perspicacia laboriosa tan útil, no procuran más que una vida desgraciada e indigna”, dijo Voltaire.