Mercado del trabajo desatendido
L a tasa de desocupación más reciente que reporta la OCDE para Chile es de un 8,4 por ciento. En contraste, ella llega a solo 4,8 por ciento para el promedio de los países afiliados a esta organización. Antes de la pandemia los guarismos eran de 7,6 y 5,3 por ciento, respectivamente. Ha habido, pues, un aumento relevante en la brecha, lo que revela un desempeño muy modesto, si no mediocre, de nuestro mercado del trabajo. No es un gran consuelo que existan otros países dentro de la misma OCDE con un desempleo mayor que el chileno.
Por ejemplo, para España, se reporta un 11,6 por ciento en la última medición disponible (hay que recordar que esta organización realiza una armonización para hacer las cifras comparables). Lo revelador es que, previo a la pandemia, dicho país registraba una tasa de paro de 13,9 por ciento; es decir, luego de la crisis sanitaria, ha sido capaz de crear nuevos puestos de trabajo que han permitido esta evolución. En cambio, nuestro país ha tenido serias dificultades para crear nuevas ocupaciones. Hay que recordar que los niveles absolutos de empleo son en la actualidad más bajos que en los meses previos a la pandemia.
Es cierto que los movimientos cíclicos en esta variable pueden hacer algo injusta la comparación, pero este es un fenómeno que ocurre en todas las naciones y no es fácil encontrar otra donde se repita esta realidad.
No se puede olvidar que nuestra tasa de empleo (porcentaje de ocupados respecto de la población) para las personas entre 15 y 64 años es siete puntos porcentuales más baja que el promedio de la OCDE y, junto con Colombia, Costa Rica y Letonia, somos el único país para el cual dicha tasa es más baja en la actualidad que antes de la pandemia. Con todo, los dos primeros han logrado en algún momento del último año un nivel de ocupación absoluta superior al existente previo a la emergencia sanitaria. En el caso de Letonia, ello no ha ocurrido, pero su tasa de ocupación para ese rango de edades está poco más de 8 puntos porcentuales por encima de la de Chile.
Esta preocupante situación queda advertida en un reciente estudio del académico de la Universidad Católica Tomás Rau, quien proyecta que el mercado laboral chileno recuperará los niveles previos a la pandemia recién a fines de 2026.
Esto ocurriría porque la tasa de empleo se encuentra rezagada en 2,6 puntos porcentuales respecto del momento anterior a la crisis sanitaria (55,6 por ciento ahora, frente al 58,2 por ciento de entonces). La dificultad está en que, en principio, sería ideal crear empleos a una tasa que sea superior a aquella a la que crece la fuerza de trabajo, de modo de ir reduciendo también la desocupación. Según el INE, eso había venido ocurriendo hasta el trimestre móvil agosto-octubre del año pasado, pero desde entonces la fuerza de trabajo ha crecido más rápido que la ocupación. Por cierto, la primera puede crecer también más rápido que la población y por tanto aun así sería posible alcanzar las tasas de empleo deseadas.
El punto es, sin embargo, que la creación anualizada de puestos de trabajo se ha venido reduciendo: al terminar 2022 la expansión de la ocupación alcanzaba a 296 mil en comparación con un año atrás, mientras que en el último reporte de ocupación y desocupación el incremento fue de solo 179 mil, muy poco por encima del número mínimo indispensable para que se cumpla el pronóstico del estudio mencionado. El análisis del académico sugiere que la evolución de la ocupación está siendo especialmente sensible en grupos de baja calificación. Así, por ejemplo, entre los jóvenes de 15 a 24 años, la tasa de desocupación se ha ido acelerando y distanciando respecto de la general. Esto es especialmente agudo entre las mujeres de ese grupo de edad. Esta observación es consistente con los datos del INE, que siguen mostrando una caída importante en la ocupación del grupo de trabajadores que ejerce labores elementales.
El complejo escenario económico y político puede influir en estos resultados, pero es indispensable analizar si el aumento en los costos laborales efectivos y esperados --salario mínimo, reducción de horas y aumento de cotizaciones-no está afectando la evolución del mercado del trabajo, incluyendo la alta informalidad que se mantiene. En cualquier circunstancia, este mercado requiere de un mayor análisis del que hasta ahora ha recibido. Es indispensable analizar si el aumento en los costos laborales está incidiendo en el mediocre desempeño de nuestro mercado del trabajo. Mercado del trabajo desatendido Mercado del trabajo desatendido.