Autor: Raúl Fernández Vásquez, cronista rural
Columnas de Opinión: Relatos orales en la ruralidad
Columnas de Opinión: Relatos orales en la ruralidad e han ido perdiendo, en la trastienda del tiempo, cuentos y relatos maravillosos que fueron parte de la sensibilidad mágica y el misticismo de nuestra ruralidad. Parte igualmente S de nuestra oralidad, ya que eran contados a viva voz por vecinos y vecinas. Se trataba de historias que siempre despertaron el interés de contertulios por escucharlas, para luego a su vez ser relatadas por éstos y, probablemente, con añadidos propios a la narración. La presente crónica pretende rescatar, brevemente, tres relatos de antiguos habitantes del territorio. Uno. En noches de luna menguante se podía ver, en la playa, un caballo blanco galopando entre Coihuín y Piedra Azul, y cuyo vientre irradiaba luz. Ello producía gran temor en las familias que trabajaban entonces en el pelillo. Algunos creían que el hecho podía estar motivado por la existencia de algún entierro de oro o de plata.
Otros decían que se trataba de un acto de brujería de un nortino de mal vivir, que se sumara a las faenas del pelillo y que un día desapareció sin dejar rastros, abandonando su choza y sus pertenencias. Dos. Con gran entusiasmo, una familia de Chaicas celebraría la petición de mano de una de sus hijas, por lo que organizaron una generosa cena. De común acuerdo, los organizadores decidieron no invitar a un tío del novio, reconocido por ser demasiado comilón, bebedor y por "adueñarse" de la fiesta. Durante la cena, ingresó al lugar un perro menudo, que se ganó la atención y la aceptación de los comensales, quienes le proporcionaron restos de asado y manifestaciones de cariño. Terminada la fiesta, el perrito -cansado con tantas atencionesse durmió en el piso de la cocina y los dueños de casa allí lo dejaron. Al día siguiente, al levantarse encontraron durmiendo en el mismo lugar al famoso tío al que no quisieron invitar. Tres. Dos hermanos de alto Piedra Azul estaban comprometidos para asistir a la procesión de Lourdes en Coihuín. En algún momento cambiaron de idea, viajaron a Puerto Montt y regresaron ya anocheciendo, con unos pícaros tragos en el cuerpo. Albajar del bus encontraron a un vecino que les dijo: "Ya me doy cuenta porque no llegaron a la Iglesia. Deseo que lleguen pronto a casa". Ellos contarían más tarde que anduvieron perdidos durante la noche, por caminos desconocidos, y encontrándose con figuras amenazantes. Al aclarar divisaron su casa, culpando al vecino que les deseara pronto retorno a sus hogares de estar relacionado con brujerías. En la actualidad, poco es lo que se cuenta entre los habitantes, salvo lo relacionado con lo inmediato y tangible, con lo que la vida cotidiana exige. Así, en el corolario cultural y expresivo de nuestra ruralidad son diversas las manifestaciones orales que han ido desapareciendo o están desaparecidas. Autor: Raúl Fernández Vásquez, cronista rural. C Columna