Autor: Jorge Canelas Investigador del Instituto Libertad
¿Fue oportuno el momento para hacer oficial la candidatura de Bachelet a la ONU?
¿ Fue oportuno el momento para hacer oficial la candidatura de Bachelet a la ONU? Frente a frente De política de Estado al estado de la política a candidatura de la expresidenta Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas es un caso de estudio de cómo se pueden combinar errores, mitos, falta de realismo y escasa transparencia en torno a una decisión de política exterior.
La primera cuestión por despejar es si la candidatura es una L "política de Estado". Al respecto, cuando se hace referencia a una política de Estado, el concepto implica la existencia de un consenso previo que da amplio respado o indiscutida representatividad a esa política. Este no es el caso. El Presidente Boric, al anunciar dicha postulación, lo hizo sin haberla consensuado con ningún otro liderazgo político. Por ende, la candidatura nunca tuvo el carácter de "política de Estado", como tampoco lo tuvo, se espera, la serie de agravios contra Trump en su discurso. Luego viene el error político.
Cuando se formaliza la postulación de Bachelet, con la sorpresa de hacerlo junto con Brasil y México, el Mandatario agrava su error inicial de no consensuarlo y actuar con secretismo con esos dos países para marcar la candidatura de Bachelet a la ONU como una postulación de la izquierda latinoamericana más contraria a los planteamientos de EE.UU. Por el contrario, la actitud del Presidente electo José Antonio Kast en relación con esta candidatura resulta incuestionable por su franqueza y objetividad. Al señalar que esa candidatura es un tema que evaluará una vez que asuma la Presidencia hizo lo que corresponde, de conformidad con lo que señala la Constitución. En términos de gestión, la decisión de Kast es una clara muestra de realismo, como también de un ánimo y voluntad carente de prejuicios. El contraste con la actitud partisana y poco transparente de Boric deja a este último muy mal ante cualquier observador imparcial.
Desde que se anunció la candidatura hasta que se formalizó han habido cambios que confirman lo acertada que fue la decisión de Kast, en el sentido de no opinar sobre la candidatura sin antes tener todos los elementos de juicio a su disposición. Entre los hechos recientes se encuentran nuevas condiciones introducidas al proceso de elección para el cargo, como que Trump señaló que EE.UU. no se limitaría a postulantes provenientes exclusivamente de América Latina y el Caribe. Por su parte, el representante de Rusia declaró que su país no considera que quien suceda a Guterres deba ser una mujer, agregando que ellos priorizan el mérito antes que el género. De una plumada, dos de las principales condiciones que favorecían la eventual candidatura de Bachelet se esfumaron. Y China condicionó un eventual apoyo a Bachelet a que fuera candidata única de la región. Para completar el cuadro, el secretario general António Guterres advirtió sobre la crisis institucional y financiera de la organización, que arrastra una decadencia de décadas.
La figura del secretario general actualmente no pasa de ser la cara visible de una burocracia ineficiente y costosa. "El alto honor que significaría tener a una connacional en el cargo más importante de las Naciones Unidas" es otro mito. En cuanto a dineros, de ese asunto solo se tendrán cifras conocidas una vez que asuma el próximo gobierno. Enfrentado a los altísimos costos de la candidatura, el canciller decidió declarar los montos como secreto de Estado. Poca transparencia. Para una Cancillería que ha dejado de pagar alquiler y cuentas de electricidad en embajadas y consulados, asumir gastos extraordinarios para una postulación incierta y cuestionada indica una grave falta de realismo. Paz Zárate Abogada internacionalista Gambito de dama ara cualquier país, la posibilidad de que un connacional ocupe la Secretaría General de Naciones Unidas representa una chance de incrementar influencia a nivel global. Tal posibilidad emerge de una suma de circunstancias comparables a la elección de un Papa, donde el resultado a menudo P sorprende y se aleja de explicaciones simplistas.
En efecto, hasta que el panorama se define en una fumata blanca, muchos factores operan (el contexto global, el carisma de los candidatos y sus condiciones personales para administrar una institución gigantesca, las relaciones personales al interior del colegio electoral, el clamor de regiones subrepresentadas en previas administraciones). Algo parecido sucede en Naciones Unidas, con la diferencia de que el cónclave virtual allí se extiende por casi un año y tiene algunos aspectos públicos.
Los candidatos oficialmente inscritos son hoy solo dos: el argentino Grossi, director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, y la chilena Bachelet, también candidata de Brasil y México, y ex alta comisionada de Naciones Unidas para los DD.HH. y exdirectora de ONU Mujeres. Otras candidaturas (como Costa Rica y Líbano) no se han concretado aún.
El debate local sobre la postulación de Bachelet -formalizada esta semana pero anunciada en septiembre del año pasado durante la última Asamblea Generalse ha centrado en si la misma constituye un inaceptable "amarre" del gobierno saliente respecto del entrante. La respuesta obliga a considerar circunstancias esenciales. Lo primero es que la inscripción de una candidatura por parte de un grupo de Estados es preferible a la nominación individual; y este primer escenario puede inhibir a otros interesados de concretar su postulación.
La labor de la Cancillería chilena para gestar una inscripción tripartita con los dos países más relevantes de la región constituye entonces una jugada estratégica de apertura que había que tomar de forma temprana, para que los frutos aparezcan en los meses venideros. Dejar pasar la posibilidad de la inscripción grupal anticipada habría reducido absurdamente las chances de una postulación que ahora parte de forma competitiva. A este espaldarazo inicial se suman otros aspectos. Los secretarios generales suelen venir de países medianos o pequeños cuya diplomacia se ha mostrado capaz de articular diálogo.
Aquí, Europa occidental ha prevalecido (Austria, Suecia, Noruega, Portugal) por sobre Asia (Corea del Sur, Myanmar) y África (Ghana, Egipto), quedando América Latina al rezago, con un único precedente (Perú). Por mucho que no pueda descartarse la inscripción de candidatos de otras regiones, esto favorece una propuesta latinoamericana. En este contexto, la habilidad de la diplomacia chilena, bien situada a nivel global, no debe soslayarse. La red de tratados comerciales más amplia del mundo -logro nacional poco conocido entre nuestra ciudadaníaes prueba de su capacidad.
A este escenario hay que agregar que, objetivamente, más allá de toda percepción nacional sobre sus mandatos presidenciales, Bachelet resulta ser una figura popular a nivel de la membresía de la organización (193 países). Además, el movimiento en favor de que el próximo liderazgo en la organización lo asuma una mujer ha ganado fuerza en la última década. El escenario es dinámico y no hay garantía de éxito, pero Chile está situado para un buen papel. Que el nuevo gobierno retire su apoyo a la candidatura dejaría a Chile como un país poco serio, sin política de Estado en materia clave, y al nuevo gobierno como falto de perspectiva. Para la administración entrante no sería un buen debut. Autor: Jorge Canelas Investigador del Instituto Libertad. El Presidente Gabriel Boric anunció esta semana la postulación de la exmandataria a la Secretaría General del organismo internacional, decisión que generó una respuesta inmediata por parte de la oposición. Entre otros, el Presidente electo José Antonio Kast señaló que "lo que no queremos es que un gobierno saliente deje amarrados los destinos del país en ningún sentido".