Editorial: Enfrentar la tragedia de manera colaborativa
Editorial: Enfrentar la tragedia de manera colaborativa La Región del Biobío vuelve a enfrentarse a una tragedia, sin duda una de las más dolorosas. Los incendios forestales que hoy azotan a la zona han dejado, según cifras oficiales hasta ayer, 18 personas fallecidas, miles de damnificados y un daño material y ambiental que tardará años en dimensionarse por completo. Frente a una emergencia de esta magnitud, las palabras sobran y los gestos simbólicos resultan insuficientes si no van acompañados de una coordinación efectiva, sostenida y transversal entre todas las autoridades del Estado. El Biobio conoce de incendios.
Los siniestros de 2017 marcaron un antes y un después en la forma en que Chile comprendía este tipo de catástrofes: extensiones históricas quemadas, comunidades enteras afectadas y una institucionalidad que reaccionó, pero muchas veces de manera fragmentada.
Más recientemente, en 2023, la región volvió a vivir jornadas de gran conmoción cuando afectó a comunas como Santa Juana y Nacimiento, confirmando que no se trataba de episodios excepcionales, sino de una amenaza recurrente, amplificada por el cambio climático, la expansión urbana desordenada y la fragilidad de los territorios rurales. Hoy, con una nueva emergencia en curso, la principal lección es evidente, que es que ningún nivel de gobierno puede enfrentar solo una tragedia de esta envergadura. Se requiere un trabajo conjunto y sin fisuras entre el Gobierno central, el Gobierno Regional, las municipalidades y los distintos ministerios involucrados.
La coordinación no puede ser una consigna vacía ni una foto para la contingencia, ya que debe traducirse en decisiones rápidas, información compartida, apoyo técnico y recursos que lleguen a tiempo a quienes más lo necesitan. En este escenario, la presencia del Presidente Gabriel Boric en la región adquiere un valor político y humano relevante. No solo como señal de respaldo a las comunidades afectadas, sino también como compromiso del Estado en su conjunto con la reconstrucción y el acompañamiento a las víctimas. Sin embargo, la presencia presidencial debe ser el punto de partida, no el punto de llegada. Lo verdaderamente decisivo será la capacidad del Ejecutivo de alinear a sus ministerios, dialogar con las autoridades regionales y locales, y sostener ese esfuerzo cuando la atención mediática disminuya. Las primeras etapas tras la emergencia serán, probablemente, las más difíciles y será parte de ellas el próximo gobierno de José Antonio Kast, presidente electo que podría arribar a la zona. Para quienes lo perdieron todo, como sus viviendas, sus recuerdos, su fuente de trabajo, comienza un periodo de incertidumbre, trámites, soluciones provisorias y dolor acumulado. Es ahí donde el Estado suele mostrar sus mayores debilidades en la lentitud burocrática, superposición de competencias y, en ocasiones, disputas políticas que nada aportan al sufrimiento de los damnificados. Por eso, hoy más que nunca, se impone la necesidad de trabajar más allá del color político. Las emergencias no distinguen entre oficialismo y oposición, entre alcaldes de uno u otro sector, ni entre autoridades electas o designadas. El fuego arrasa por igual, y la respuesta debe ser igualmente transversal. El Biobío necesita autoridades comprometidas, capaces de coordinarse, de escuchar a los territorios y de actuar con sentido de urgencia y humanidad. La reconstrucción material será larga, pero la reconstrucción de confianzas comienza ahora.
Que esta tragedia no sea recordada solo por su saldo fatal, sino también por haber demostrado que, frente al dolor, el Estado de Chile fue capaz de actuar unido, con responsabilidad y con el objetivo de estar, de verdad, al servicio de las personas afectadas. Hoy, con una nueva emergencia en curso, la principal lección es evidente, que es que ningún nivel de gobierno puede enfrentar solo una tragedia de esta envergadura. Se requiere un trabajo conjunto y sin fisuras. Editorial Hoy, con una nueva emergencia en curso, la principal lección es evidente, que es que ningún nivel de gobierno puede enfrentar solo una tragedia de esta envergadura. Se requiere un trabajo conjunto y sin fisuras