Autor: Gonzalo Cowley
Columnas de Opinión: Extremistas del diálogo
Columnas de Opinión: Extremistas del diálogo H abitamos una era de fragilidad marcada por un cambio tecnológico nada de artificial, cuya velocidad no solo altera mercados, cadenas productivas y formas de aprender; también está fracturando la seguridad personal ante la incertidumbre. Y ese escenario tiene un correlato de postpandemia, dónde la salud mental resultó intensamente exigida para retomar normalidades en un entorno global donde la palabra, herramienta fundamental de cohesión, parece estar en retirada. Como advierte Mark Thompson en Sin palabras, la degradación del lenguaje político ha vaciado de sentido la esfera pública, dejando el camino libre a la agresión.
Es el caso de la violencia que se ha ejercido contra una ministra de Estado en una sede universitaria, cuyo hecho constituye un síntoma más de una patología mayor: el abandono del rigor en la palabra y un compromiso feble con el diálogo. Hoy la opinión pública se gesta en plataformas digitales que premian la licencia verbal y la descalificación inmediata. Es preocupante observar cómo niños y jóvenes forman su criterio en este ecosistema de hostilidad, pero es aún más grave el rol de los adultos. Cuando líderes y figuras de autoridad abandonan la argumentación para actuar con el capricho y la virulencia de un niño, generan un «efecto espejo» que maltrata el tejido social. Infantilización del liderazgo podría decirse, aquel que moldea conductas de referencia al menos reprochables. Defender posiciones o puntos de vista no tiene por qué ser sinónimo de comportamientos pendencieros en redes sociales.
Al fin, el mensaje que se transmite a las nuevas generaciones, es que el poder se ejerce a través del ruido y no de la razón y le restamos al diálogo su virtuosismo, en tanto arma de disuasión masiva.
Ante el fanatismo del insulto, urge recuperar la convicción de Jaime Castillo Velasco abogado, filósofo y exministro y recuperar su frase en que se declara «extremista del diálogo». No se trata de una postura ingenua, sino de una resistencia humanista. En un mundo que nos empuja a vaciar el pensamiento crítico y al grito vacío, el diálogo es el único puente capaz de sostenernos. Recuperar la palabra es, en última instancia, recuperar nuestra propia capacidad de convivir. Autor: Gonzalo Cowley.