Y NO ERAN LOS TORNIQUETES
Y NO ERAN LOS TORNIQUETES de O'Higgins A raíz de las paralizaciones que se desarrollaron entre septiembre y noviembre en la Universidad de O'Higgins, se conformó una comisión de seguridad destinada a analizar los datos relativos a la incidencia de delitos cometidos dentro de la Institución y a recomendar medidas que permitieran mejorar la percepción de inseguridad en sus distintos campus.
La comisión se conformó por represemanas de discusión y escucha, la principal conclusión sentantes del estamento estudiantil y de funcionarios, a la que llegó la comisión fue, paradójicamente, que funcionarias de la seremi de Seguridad de la Region y las dentro de los campus de la Universidad prácticamente autoras de esta columna, en su calidad de investigadoras no hay denuncias de delitos y que las escasas denunen materia de seguridad. cias que hay dan cuenta de delitos contra la propiedad A sus sesiones fueron invitadas distintas unidades de la no violentos (hurtos). De ahí que el aumento del control Universidad y la Federación de Estudiantes.
Como suele y el vigilantismo no parezcan mecanismos que vayan a ocurrir en contextos de crisis, el debate inicial estuvo garantizar una mejora sustantiva y sostenible en el tiempo marcado por soluciones rápidas y visibles: más control en la percepción de seguridad. Lo que emergió del trabajo de accesos, mayor vigilancia, protocolos más duros. Torde la comisión fue algo mucho más complejo y, a la vez, niquetes, cámaras, credenciales.
Sin embargo, tras varias continúa EN E NTRADAS María Paz Trebilcock Loreto Quiroz Académicas Instituto de Ciencias Sociales, Universidad de O'Higgins Instituto Milenio para la Investigación en Violencia y Democracia (VIODEMOS) E n medio de una época marcada por discursos de control, vigilancia y soluciones inmediatas frente a la inseguridad, esta columna propone detenerse y mirar en otra dirección.
A partir de una experiencia concreta vivida en la Universidad de O'Higgins, sostenemos que el problema no siempre está donde parece estar y que, por ende, las soluciones tampoco.. Y NO ERAN LOS TORNIQUETES más frágil: la necesidad de forjar lazos, relaciones de vez que dejamos la protección del hogar, pareciera que autogobierno a cambio de protección.
El Estado adquiere convivencia sana y un sentido de pertenencia compartido. el mundo exterior está poblado de riesgos: el que vive en el monopolio del uso legítimo de la fuerza con la promesa Este hallazgo puede parecer ingenuo en un país que suele la calle, el que "me mira feo", el que viene de otro país, el de garantizar seguridad y socializar el bienestar. Ese es presentarse cómo atravesado por una profunda crisis de que parece pobre, el que parece cuico, el que siento que el pacto fundacional. Y ese pacto hoy muestra grietas seguridad, pero precisamente por eso resulta tan incóme mira en menos. La lista de "otros" amenazantes es evidentes. modo.
En un contexto donde la discusión publica se ha interminable y se cuela en la vida cotidiana con una natuLa falta de protección frente a catástrofes -y vaya que reducido a cuántos guardias más poner, cuántas rejas ralidad inquietante.
A ratos, da la impresión de que ya no hemos tenido catástrofes en un contexto de cambio clilevantar o cuántas facultades extraordinarias otorgar al estamos frente a un problema estrictamente de seguridad, mático-, las múltiples puertas que se cierran cuando una Estado, hablar de convivencia suena casi fuera de lugar. sino frente a una pérdida mucho más profunda: la erosión familia enfrenta una enfermedad grave, la pérdida masiva Sin embargo, es un elemento que ha sido poco tematizado de nuestra capacidad de convivir.
El sentimiento de insede empleos e ingresos que aseguren condiciones mínimas y que resulta absolutamente central para comprender la guridad emerge como un problema autonomo y dislocado de bienestar, la erosión de la movilidad social que durante crisis que vivimos. respecto de las cifras de victimización. Pareciera que son décadas se prometió a través de la educación: todos estos La amenaza del "otro" se ha vuelto omnipresente. Cada otras las inseguridades que se canalizan a través del miedo al delito y las reacciones que este miedo provoca. Vivir en sociedad implica, por definición, convivir con otros distintos. Supone aceptar el conflicto, la diferencia, la incomodidad. Sin embargo, el capitalismo extremo en el que estamos inmersos ha exacerbado de tal forma los valores individuales que hemos ido poniendo entre paréntesis las relaciones cotidianas. Competimos más de lo que cooperamos, desconfiamos más de lo que dialogamos. Al final del día, pareciera que hemos olvidado como relacionarnos fenómenos no son episodios aislados. Son la punta de un iceberg que revela un debilitamiento estructural de las garantías que hacen posible la vida en común. Aprender a convivir con otros no es solo una cuestión de buena voluntad individual; requiere condiciones materiales que lo hagan posible. Es difícil pedir confianza cuando la vida cotidiana está marcada por la precariedad, la incertidumbre y la sensación permanente de abandono.
Es difícil construir comunidad cuando el miedo se instala como experiencia estructural y no como excepción; cuándo se desconoce el carácter con otros: como transar, como resolver conflictos, como estructural de esa experiencia, a través de la fijación del buscar puntos en común, cómo identificarnos con expedelito cómo único factor explicativo. riencias y valores ajenos. Ciertamente, no todo es responsabilidad del Estado.
Las En este sentido, lo que se ha identificado en la discusión sociedades también se construyen desde abajo, en los pública como una crisis de seguridad es también -y vínculos cotidianos, en las prácticas culturales, en las quizás, sobre todouna crisis de convivencia. Por suformas de relación. Pero es importante recordar que los puesto que existen bandas, delitos violentos y presencia valores y la cultura no flotan en el aire: son expresión dide crimen organizado, y negarlo sería irresponsable. Pero recta de las condiciones materiales en las que se vive. Si reducir toda la explicación a ese fenómeno es igualmente seguimos precarizando la vida cotidiana, si normalizamos la inseguridad económica, laboral y vital, los vínculos que miope.
La inseguridad no solo se alimenta de delitos concretos, sino también de la incapacidad de vivir juntos, de sostienen lo social seguirán debilitándose, y con ellos, reconocernos como parte de un colectivo más amplio que nuestra capacidad de sentirnos seguros. el círculo íntimo. Estamos perdiendo la esencia misma de Quizás, entonces, no eran los torniquetes.
Quizás el prolo social: la vida con otros. blema no se resuelve cerrando más puertas, sino pregunEsta incapacidad no es únicamente un problema valórico tándonos qué tan capaces somos -como sociedadde o cultural; se arraiga en lo más profundo del vínculo entre volver a abrir espacios de encuentro, reconocimiento y la ciudadanía y el Estado. Cuando se constituye el Estado convivencia. Porque sin eso, ninguna cámara ni ningún moderno, los individuos ceden parte de su capacidad de guardia será suficiente.. -