EDITORIAL: Kast y su primera Cuenta Pública
EDITORIAL: Kast y su primera Cuenta Pública E l Presidente José Antonio Kast hizo de su primera Cuenta Pública un ejercicio por reconectar con aquellos ciudadanos que hace casi seis meses depositaron sus esperanzas en la promesa de un gobierno de emergencia.
Entre las turbulencias que acompañaron el período de instalación, los errores propios, el impacto del alza de los combustibles y el debilitamiento de las expectativas, la idea de una administración que priorizaría la solución de los principales problemas que acongojan a los chilenos --seguridad pública, recuperación de la economía y el empleo, y urgencias sociales-había ido diluyéndose junto con la caída del gobierno en las encuestas.
Más aún, si por una parte la controvertida gestión de la ministra Steinert generó profundas dudas respecto de que siquiera hubiera una estrategia sólida para enfrentar la criminalidad, en lo económico --donde sí es evidente la existencia de un plan robusto-la discusión ha tendido a alejarse de la realidad cotidiana de las personas, mientras una oposición sin propuestas propias ha sido, sin embargo, relativamente eficaz en instalar visiones maniqueas del tipo "ricos versus pobres". El cambio de gabinete, hace dos semanas, marcó una corrección importante en este sentido y de alguna forma despejó el camino para que ayer, en su discurso ante el Congreso Pleno, el mandatario retomara el mensaje que lo llevó a La Moneda. El propio Kast ha reconocido no ser un gran orador. Bien podría agregarse que tampoco es uno demasiado disciplinado: frecuentemente se sale del texto escrito, alargando innecesariamente sus intervenciones, como de hecho ocurrió ayer. Como contrapartida, sin embargo, debe reconocerse de su Cuenta Pública el tono republicano y ajeno a odiosidades, aun en aquellos párrafos destinados a cuestionar políticas de los gobiernos que lo antecedieron. Sus explícitas palabras de valoración de las distintas instituciones del país --llegando incluso a pedir un inédito aplauso para quienes las encabezan-encuentran así un correlato en su propia actitud. Por cierto, esa sobriedad deviene a menudo en un estilo plano, que no pareciera pudiera despertar grandes entusiasmos. Con todo, el aura tal vez grisácea de Kast ofrece un respiro luego de años de la encendida grandilocuencia oratoria que caracterizaba a la administración Boric.
Más allá de lo formal, en los contenidos del discurso de ayer, resalta sin duda el esfuerzo por delinear una agenda clara en seguridad pública, rectificando el vacío que en este ámbito se había generado en los dos primeros meses de gobierno.
El mandatario entregó antecedentes que sugieren alguna mejoría en materias como las cifras de homicidios y el control fronterizo, pero ciertamente ellas no han sido suficientes para que la población advierta un real cambio de mano como el que se prometió en campaña.
Por eso es importante el paquete de nuevas medidas que se anunciaron, en tanto apuntan a una estrategia integrada que, mediante la creación de "fuerzas de tarea", incorpore y coordine a las principales instituciones involucradas, para enfrentar siete áreas críticas donde la penetración de la criminalidad representa una amenaza grave, desde la seguridad de fronteras y puertos hasta los mercados ilícitos o la situación de la macrozona sur. La idea de establecer metas mensuales y una rendición de cuentas transparente parece bien encaminada. Lo mismo cabe decir de las intervenciones barriales que se pretende llevar a cabo, de la voluntad de desarrollar una real política carcelaria o de los anuncios para mejorar las condiciones económicas de Carabineros.
En cuanto a la batería legislativa que se quiere impulsar, cabe siempre el escepticismo frente a aquellos proyectos que insisten en apostar al aumento de penas, sin que ese camino se haya mostrado hasta ahora eficaz. El éxito de la idea de crear un Registro de Vándalos e Incivilidades, sin duda controvertida, dependerá de la formulación precisa que se le dé. Debe admitirse, con todo, que se hace cargo de un problema real que desde hace ya largo tiempo ha venido corroyendo la convivencia.
Antecedido por la mala noticia del Imacec de abril --que sumó un nuevo mes de decrecimiento-y, antes, por las lamentables cifras de empleo y la paupérrima situación de las cuentas públicas, el Presidente Kast no debió empeñarse demasiado para hacer notar las complejas condiciones económicas en que recibió el país.
Como se esperaba, abogó por su Ley de Reconstrucción Nacional, pero tal vez lo más destacable haya sido su esfuerzo por vincular esa iniciativa --y también la política de control del gasto público-con la situación concreta de las personas. "El crecimiento no es un fin en sí mismo, es un medio para que haya más trabajo, más emprendimiento, mejor salud y mejor educación", insistió: un mensaje que hasta ahora el Ejecutivo no ha logrado instalar con suficiente fuerza y frente al cual se debilitan los argumentos de la oposición para rechazar incluso la idea de legislar respecto del referido proyecto.
En tanto, bienvenido --aunque quizá algo tardío-es que el mandatario haya, por una parte, empatizado con el costo que significó para las personas el alza de los combustibles, y por otra, agradecido la responsabilidad con que la ciudadanía ha enfrentado esta situación.
Tal reconocimiento contrasta positivamente con el discurso que la administración inicialmente asumiera en esta materia, demasiado centrado en exaltar el coraje político de las mismas autoridades y hasta anticipando que a la larga los chilenos se lo agradecerían.
Pero, además, en un panorama económico tan nublado como el de estos días, el mandatario sí pudo resaltar un muy positivo avance, cual ha sido destrabar la tramitación ambiental de proyectos por miles de millones de dólares. En esta área sí se puede hablar genuinamente de un cambio de mano que promete mejores perspectivas para la inversión y, por ende, para el crecimiento futuro.
En fin, en el área social, el discurso --a diferencia de cuentas públicas de gobiernos pasados-evitó la consabida fórmula de anunciar un listado de nuevos beneficios sin financiamiento claro, que a estas alturas no hubiera sido sino un despropósito y una gran irresponsabilidad.
En cambio, insistió en aquella frase del Presidente Piñera respecto de que "no hay mejor política social que el pleno empleo". Sí abordó con mayor extensión la situación de las listas de espera por cáncer, área en la que el Ministerio de Salud está desplegando un trabajo significativo.
También destacó los planes del ministro de Vivienda --lejos, el más aplaudido de los secretarios de Estado-y anunció algunas iniciativas interesantes en Educación, como el plan de lectura, escritura y matemáticas, y el consejo de directores de colegios para desburocratizar el funcionamiento del sector.
Las 27 páginas del discurso ante el Congreso incluyeron otras medidas en diversas áreas, desde reformas al régimen de tierras en La Araucanía --un tema en que ya ha habido intentos previos, boicoteados por grupos radicales-hasta cambios en la legislación eléctrica. Tanto en esos ámbitos como en los otros reseñados, el Gobierno pretende llevar a cabo transformaciones importantes, pero situándose muy lejos de cualquier ambición refundacional.
A diferencia, desde luego, de la primera cuenta del Presidente Boric, las reformas del Presidente Kast no apuntan a generar todo un nuevo pacto social, sino simplemente a introducir correcciones que permitan destrabar la economía y mejorar el funcionamiento de las instituciones, sin pretender, ni con mucho, el reemplazo de estas.
Con ello, echa por tierra todo un discurso que ha venido levantando la izquierda sobre el carácter "ultra" que tendría esta administración y su supuesto "neoliberalismo extremo". Ha de ser decepcionante para esos sectores constatar que, en lugar de arengas ideológicas o de grandes planes para minimizar el Estado, Kast simplemente ha abogado por dar un mejor uso a los recursos públicos, terminando con su dispendio y advirtiendo que esa es precisamente la mejor forma de defender los programas sociales. Podrá calificarse aquello como "conservador" por parte de algunos, pero probablemente para la mayoría de los ciudadanos no es más que un razonable pragmatismo. Debe reconocerse el tono republicano y ajeno a odiosidades, aun al criticar políticas de los gobiernos que lo antecedieron. Kast y su primera Cuenta Pública Es notorio el esfuerzo por revertir, con una agenda clara, el vacío de los dos primeros meses en materia de seguridad. En lugar de arengas ideológicas o planes para minimizar el Estado, Kast simplemente aboga por dar un mejor uso a los recursos públicos..