Autor: FELIPE LARRAÍN BASCUÑÁN Director Clapes UC, profesor titular Economía UC, exministro de Hacienda
Columnas de Opinión: Nuestra emergencia laboral
Columnas de Opinión: Nuestra emergencia laboral FELIPE LARRAÍN BASCUÑÁN Director Clapes UC, profesor titular Economía UC, exministro de Hacienda Los recientes datos de empleo confirman una tendencia que viene desde 2022: el mercado laboral chileno presenta señales claras de deterioro. Esto preocupa porque el empleo es el principal canal a través del cual el crecimiento económico se traduce en bienestar para las personas.
En el último trimestre móvil, la tasa de desocupación fue 8,3%, y en mujeres, 9%. Este nivel es elevado históricamente (entre 2010 y 2019 el promedio fue 6,9%) y refleja una persistencia preocupante: llevamos ya más de tres años con desempleo sobre el 8%. Chile tiene hoy la segunda mayor tasa de desempleo de Latinoamérica y la quinta más alta de la OCDE. Además, la creación de empleo es débil. En doce meses se generaron 95 mil puestos de trabajo, una clara desaceleración, apenas suficientes para absorber el crecimiento de la fuerza laboral. De hecho, las cifras desestacionalizadas muestran una destrucción reciente de empleo, especialmente entre las pymes. Y la calidad de los empleos creados sufre: el 91% corresponde a trabajadores por cuenta propia y asalariados informales. El mercado laboral está creando empleos más precarios, con menor protección social, mayor volatilidad de ingresos y menor productividad. En contraste, el empleo formal privado principal motor de creación de empleo de calidad se contrae. En el último año, los asalariados privados formales disminuyeron en más de 50 mil. Y 2025 registró el mayor número de despidos por necesidades de la empresa desde 2020, en plena pandemia. Otros indicadores refuerzan este diagnóstico. El desempleo de larga duración desempleados que llevan más de un año buscando trabajo alcanza casi un 18% del total, el más alto desde 2022. Así, no solo enfrentamos dificultades en crear empleo, sino también en reinserción laboral. Y la tasa de subutilización laboral es cercana al 22%, la más alta en varios años. Así, el problema del mercado laboral no se limita al desempleo, sino también al empleo insuficiente. Esto da cuenta de dificultades más profundas, de carácter estructural. El presente es débil, pero tampoco hay señales claras de una recuperación robusta en el corto plazo. En este contexto, debe considerarse el impacto de las políticas públicas recientes. La reducción de la jornada laboral a 40 horas y el fuerte aumento del salario mínimo tienen beneficios en la calidad de vida de los trabajadores. Pero la evidencia incluyendo el análisis del Banco Central indica que han tenido efectos negativos en la contratación. Los mayores costos laborales han afectado más a las pymes, y a sectores intensivos en mano de obra. Ello limita la creación de empleo formal y favorece la informalidad. Chile enfrenta un problema estructural de baja productividad, que limita la capacidad de las empresas para absorber mayores costos laborales sin afectar el empleo.
Avanzar en políticas de capacitación efectiva, reconversión laboral y fortalecimiento de habilidades es clave no solo para mejorar la empleabilidad, sino también para elevar la productividad y, con ello, sostener mejores salarios junto con más empleo formal. Finalmente, el escenario internacional se ha vuelto más incierto, con conflictos geopolíticos que han aumentado bruscamente el precio del petróleo. Esto afecta los costos de producción, el consumo y la inversión. El Banco Central ha reducido en medio punto sus proyecciones de crecimiento 2026, así como las de consumo e inversión. En este entorno, las expectativas empresariales se resienten y afectan la contratación. En síntesis, el mercado laboral lleva varios años estancado, con baja creación de empleo, deterioro en calidad y señales crecientes de fragilidad estructural. Frente a esto, el desafío es avanzar hacia una agenda proempleo que promueva la creación de puestos de trabajo, con foco en la formalidad, la productividad y la calidad del empleo. Para ello se deben reducir barreras a la contratación formal, disminuir la incertidumbre regulatoria y fortalecer la capacitación laboral. En este sentido, los anuncios del ministro Tomás Rau en un reciente seminario de Clapes UC sobre un subsidio a la contratación, con foco en las pymes, van en la dirección correcta. Pero no nos engañemos. Sin mayor inversión y crecimiento no habrá recuperación sostenida del empleo. Y sin un mercado laboral dinámico, no es posible sostener el desarrollo económico y la movilidad social. Autor: FELIPE LARRAÍN BASCUÑÁN Director Clapes UC, profesor titular Economía UC, exministro de Hacienda. “... El desempleo de larga duración —desempleados que llevan más de un año buscando trabajo— alcanza casi un 18% del total, el más alto desde 2022. Así, no solo enfrentamos dificultades en crear empleo, sino también en reinserción laboral... ”.