Mario Góngora, humanista
El filósofo y abogado Hugo Herrera no le pierde el paso a Mario Góngora, considerado por él una de las mayores figuras intelectuales chilenas del siglo XX. A los ensayos publicados sobre el historiador en 2014 y 2021se suma ahora su primer libro dedicado en forma exclusiva a analizar los aspectos decisivos de su pensamiento mostrando el entramado interno de las partes. Así nació "El último Romántico" (Crítica), ya en librerías. Lo mueve en este proyecto una pasión que comenzó desde sus lecturas universitarias de Góngora. "Desde que empecé a leerlo, me llamó la atención. Algo inusitado había en su prosa parca, sus observaciones y argumentos rigurosos, en la combinación de análisis de detalle y visión panorámica. Manejaba fuentes poco conocidas en el Chile de su tiempo: Kant, Hölderlin, Schelling, Dilthey, Spengler, Jaspers. Había un autor nacional que, remitiendo a pensadores principales de Europa, elucidaba la situación chilena, ¡la mía propia! Elevaba la experiencia a una dimensión nueva. Amplió mi mundo. El impulso para escribir el actual libro fue explicitar los alcances de esa experiencia. Es la experiencia de un autor que va de situaciones muy concretas --el bandidaje, la vida en el valle del Puangue, el derrotero del Estado chileno-hasta la filosofía. Pasa, en medio de eso, por el derecho y la política, también la literatura. Vuelve a sumirse en la realidad, premunido de ese instrumental interpretativo. Y, en un movimiento oscilante entre lo más etéreo y lo más terreno, lleva a la existencia humana, individual y colectiva, a una reflexión fundamental", dice Herrera.
El legado principal de Góngora fue su labor como historiador, en el sentido de que modernizó la metodología de la investigación historiográfica, principalmente, entregándole una base científica a la creación de conocimiento histórico, en el trabajo directo con las fuentes; y planteaba una renovación hermenéutica que lo distanciaba del positivismo del siglo XIX.
Pero ese no es el objeto de este libro, sino que su figura como pensador más allá de su labor historiográfica. "Góngora fue un historiador reconocido en Chile y el extranjero, y formador de historiadores principales. Sin embargo, y esto lo dicen de un modo u otro Gabriel Salazar, Joaquín Fermandois y Alfredo Jocelyn-Holt, Góngora no solo es historiador de escuela. Junto a eso y antes que eso: es un humanista. Un jurista, filósofo, teórico político, amante de la literatura y el arte, reflexivo sobre las capacidades de articulación del espíritu humano en los diversos campos. No es raro que nuestros grandes historiadores hayan estudiado Derecho. Más escasa es la combinación de historiografía, derecho y ensayo. Menos común aún, el trato, a la vez, con la historiografía, el derecho, el ensayo y la filosofía.
Lo realmente raro, sin embargo, y eso es lo que me parece que destaca a Góngora de los demás, es la combinación de cavilación jurídica y política, indagación histórica, ensayo y reflexión filosófica, estética y religiosa; pero todo eso llevado además a un pensamiento que es plenamente consciente --especialmente con Schleiermacher y Dilthey-de las condiciones y alcances de la comprensión humanística como tal", dice Herrera. El título de este libro es sugerente, "El último romántico". En sus páginas se define la adhesión de Góngora al pensamiento romántico y sus lecturas principales de autores europeos de principios del siglo XIX.
Hay una negación de Góngora a la época histórica contemporánea, que queda luego muy evidente en ensayos de su libro "Civilización de masas y esperanza". "En el carácter de Góngora --afirma Herrera-se combinan temprano la exaltación, la contemplación extática lindante en mística, con una melancolía de fondo. Aquí también su actitud es romántica: a la búsqueda del absoluto en medio de un mundo de cosas finitas. Además de un carácter que va y viene del éxtasis a la caída, consta la distinción entre la perspectiva universal y la nacional. En la primera tiende a ser más pesimista que en la segunda. Lo prueba su libro `Ensayo histórico... ', un texto político que es también propositivo. Asimismo, y esto me parece lo más importante: su proceso personal es dinámico. Pasa por etapas y en ellas Góngora da explícitamente un paso que deja una puerta abierta". --Pero su mirada es nostálgica, pesimista. Murió en 1985, antes de la caída del comunismo soviético. ¿Cree que su pesimismo era constitutivo de su pensamiento? ¿ O condicionado por la Guerra Fría? "Era más general.
La experiencia de vitalidad y belleza natural, de lo sublime y que culmina en lo religioso, una religiosidad de tono romántico y tinte panteísta, choca con la vivencia de la técnica y la sociedad de masas. Estas encierran en un mundo predeterminado: por artefactos, procedimientos y funciones definidos de antemano por programadores y controladores. La técnica es la experiencia de lo estricto y sin hondura ni sentido. Góngora se desanima. Luce incluso más cercano a Spengler que a Heidegger. Y eso que no vivió la época actual. Pero hay más. Un tercer momento. `Desesperación superada', lo llama Góngora con Bernanos. Es `el riesgo de los riesgos'. De la desesperación por lo banal se sale intensificando la experiencia de la desesperación. Puede caerse entonces en el total sinsentido. Pero puede también volverse patente, en contraste con la trivialidad lacerante, el misterio de la existencia, insondable e inmenso, pero también abierto.
La vida tecnológica es una ocularidad de superficies sin densidad, que se va disolviendo, entonces, en un sentir más intenso y más completo". Se plantea en el libro a Góngora como una figura de pensamiento holístico, que abarca lo político, lo filosófico, lo existencial y lo jurídico.
Puede aplicarse esa modalidad a otras figuras de su generación de pensadores de la primera mitad del siglo XX, con los cuales él compartió. "La Generación del 38, de Góngora, es muy diversa", continúa Herrera. "Dentro de la plétora hay plumas superiores a la suya, como Anguita, Rojas, Serrano; filósofos que en algunos ámbitos alcanzaron erudición y profundidad formidables, como Finlayson, Oyarzún, Gómez Millas; políticos capaces de oler la época, Frei, Leighton, el agrario-laborista Larraín, Jorge Prat; religiosos --Salas, Gandolfo--, arquitectos, el pintor Matta, Roa, el psiquiatra y ensayista. Todos combinan las disciplinas. Sin embargo, en la multiplicación de amplitud de registro por profundidad, Góngora sobresale, incluso en ese conjunto luminoso. El sentimiento de muchos de esos coetáneos es similar: creían estar abriendo un rumbo original desde un Chile y una América Hispana aún, en cierto sentido, irredentos.
Pero si se quiere hallar mentes del tipo de Góngora --que reúnan sus capacidades de historia palpada, ensayo, comprensión jurídica, política, estética y filosófica-hay que ir algo más atrás, a la Generación del Centenario, de Encina y Alberto Edwards". ---Cabe preguntarse, ¿qué le dice Góngora al Chile de hoy? ¿ Su nacionalismo conservador, su crítica al neoliberalismo y su defensa del Estado formador de la nación, de la identidad chilena? "Su idea del significado del Estado en la conformación de la nación y su advertencia de las consecuencias funestas de pérdida de conciencia cívica en el pueblo y de legitimidad en las instituciones, admiten ser leídas como diagnóstico adelantado --¡ en tres décadas! -de la Crisis del Bicentenario, que remata en octubre de 2019. En sus observaciones hay también elementos para la superación de la crisis: recomposición del equilibro roto entre el pueblo, de un lado, y las instituciones y los discursos, del otro. El pensamiento sobre la nación, más que `nacionalista' en sentido usual, es fuertemente institucional: no hay fetichismo de lo nacional.
Góngora busca ante todo perfeccionar el elemento nacional, en el entendido de que es una entidad cultural antes que biológica, que admite y debe ser elevada a su mejor versión gracias a la acción institucional". --¿ Quiénes pueden reivindicarlo en nuestro sistema político actual? "Debiesen hacerlo quienes deseen rehabilitar las capacidades institucionales de un Estado a maltraer, obligado por incompetencia, por ejemplo, a cerrar Ventanas; cuya empresa ícono, Codelco, decae; donde la Escuela experimenta un deterioro inveterado; en el que la economía se estanca y no logra transformar la materia. También, quienes sientan el debilitamiento de la dimensión comunitaria, de los barrios y la institucionalidad territorial. Los que anhelen corregir los abusos y colusiones que alteran en su base el buen funcionamiento de una economía libre.
Los que busquen, en definitiva, una esfera estatal y una civil fuertes, vigorosas y en equilibrio, lo que en otra parte he llamado `republicanismo popular'". Mario Góngora, humanista DANIEL SWINBURN NUEVO LIBRO DE HUGO HERRERA EL ÚLTIMO ROMÁNTICO: EL PENSAMIENTO DE MARIO GÓNGORA, Hugo E. Herrera, Crítica, 2023,225 pp. $19.900 Mario Góngora, humanista.