CARTAS: Formación
CARTAS: Formación ·Los recientes hechos de violencia en colegios no son hechos aislados. Son la expresión visible de una crisis más profunda: jóvenes sin propósito, con escasa contención y con una creciente sensación de abandono por parte del mundo adulto. Hoy, miles de padres y madres en Chile trabajan largas jornadas, no por elección, sino por necesidad. Llegan a sus hogares con poco tiempo y energía para cumplir una de las funciones más importantes de toda sociedad: formar personas. La consecuencia esevidente: niños y adolescentes con menos acompañamiento, mayor exposición a riesgos y menor desarrollo emocional. Al mismo tiempo, el mundo está experimentando una transformación tecnológica sin precedentes. La automatización, la inteligencia artificial y los robots están comenzando a reemplazar tareas repetitivas, burocráticas y físicamente exigentes.
Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿ estamos utilizando ese avance para mejorar realmente la vida de las personas? Proponer una remuneración para quienes se dedican al cuidado de hijos y adultos mayores no es asistencialismo, sino una inversión social de alto retorno. Diversa evidencia muestra que una adecuada formación temprana reduce la delincuencia, mejora los resultados educativos y fortalece la cohesión social.
Por cierto, esta medida debe estar bien diseñada: con exigencias claras, como asistencia escolar, controles de salud y participación en programas de formación parental, con apoyo tecnológico que entregue orientación a las familias y con sistemas de evaluación simples pero efectivos.
Jorge Porter Taschkewitz Emergencia en convivencia ·Los hechos de violencia que hemos visto en los últimos días, como los ocurridos en Calama, Curicó y Providencia, nos remueven y nos invitan a tener una mirada más reflexiva respecto a lo que viven en su cotidianidad nuestros niños, niñas y adolescentes.
Frente a estas situaciones, es natural que surjan propuestas más duras o medidas inmediatas: sin embargo, es imperativo abordar el problema con mayor profundidad para poder trabajar a través de un mecanismo que logre mermar las conductas de violencia temprana desde su origen.
El progresivo deterioro de la salud mental de nuestros estudiantes es innegable: según UNICEF, las consultas de salud mental infanto-juvenil aumentaron un 88% en los últimos años, cifra que se evidencia en los conflictos de convivencia escolar e impacta de manera directa en nuestras aulas.
Detrás de cada estudiante existe una historia, un contexto y un ambiente sociofamiliar que otorga un escenario, el cual debemos considerar no sólo para serabordado en su particularidad, sino que también para poder actuar de manera coherente y efectiva en un trabajo mancomunado entre familia y colegio. El desafio es compartido, tanto el nú.