Editorial: Prevención de incendios forestales
Editorial: Prevención de incendios forestales D esde hace al menos una década, Chile enfrenta temporadas estivales marcadas por la recurrencia de incendios forestales de gran magnitud.
Las imágenes de fuego avanzando sin control, el elevado número de víctimas fatales y la destrucción masiva de viviendas y hectáreas productivas se han convertido en una postal dolorosa que golpea al país de manera cíclica.
Lo que ocurre hoy en las regiones de Ñuble y Biobío -con un saldo trágico y miles de damnificadoses la confirmación de una vulnerabilidad territorial que el Estado no ha logrado resolver del todo, pese a la experiencia acumulada tras cada catástrofe. Es evidente que el país tiene aún un largo camino por recorrer. El desafío no radica sólo en adquirir más aeronaves o mejorar las herramientas de combate, sino fundamentalmente en evitar la configuración de escenarios que faciliten estos siniestros. Con el cambio climático consolidando veranos cada vez más secos, vientos extremos y baja humedad relativa, las condiciones ambientales son propicias para la propagación del fuego.
Por ello, la gestión del riesgo debe centrarse en la planificación territorial y en la mantención de infraestructura crítica, como el tendido eléctrico, cuya falla o falta de despeje suele ser una hipótesis recurrente en el origen de las llamas. En la Región de Los Lagos, la realidad debe ser observada con atención. Aunque la zona ha tenido la fortuna de no sufrir recientemente incendios de las características destructivas vistas en Penco, Viña del Mar o Constitución, el peligro está latente. La geografia local, con abundante vegetación y especies combustibles como el chacay, sumada al emplazamiento de viviendas en zonas de interfaz urbano-rural, obliga a extremar las medidas de prevención. La distancia geográfica con la zona de la catástrofe actual no inmuniza a la región frente a un evento similar si se dan las condiciones climáticas adversas. Es positivo que estrategias operativas como la construcción masiva de cortafuegos y la vigilancia tecnológica se estén internalizando en la gestión local. Sin embargo, ninguna maquinaria pesada ni patrullaje con drones puede suplir el factor humano. Dado que la casi totalidad de los incendios tiene origen antrópico, la medida más eficiente siempre será la toma de conciencia sobre el peligro de manipular fuego en zonas de pastizales o bosques. La responsabilidad individual sigue siendo la primera línea de defensa.. Los Lagos no está inmune a los desastres que periódicamente se ven en la zona central. Las medidas de precaución tienen que aumentar. E Editorial