Columnas de Opinión: Ximena Lincolao Pilquián
Columnas de Opinión: Ximena Lincolao Pilquián Esta semana una profesora de castellano, mapuche, hija de la educación pública, oriunda de la comuna de Maipú y nacida en el seno de una familia de clase trabajadora, hoy Ministra de Estado, fue brutalmente agredida física y verbalmente en una universidad.
Es probable que varios de los culpables tengan su mismo origen o comparten mucho de su historia personal, pero también, estoy seguro, critican la postergación histórica del rol de la mujer, abogan por el respeto por las etnias y reprochan la ausencia de meritocracia en la sociedad chilena. ¿Quiénes esta mujer que fue atacada esta semana en la Universidad Austral de Valdivia? Ximena tiene 57 años. Su papá fue vendedor de una ferretería y su mamá, dueña de casa. Se educó en el Liceo Maipú "Alcalde Gonzalo Pérez Llona" y estudió en la Universidad de La Serena. Ella misma contó que se fue hace más de 30 años a Estados Unidos con 500 dólaresen el bolsillo. Allá logró una beca que le permitió doctorarse en Administración y Políticas Públicas en la Universidad George Washington. En Washington D.C. estuvo a cargo de un programa para escuelas públicas del distrito de Columbia, para luego ascender como vicesuperintendenta de Educación de esa jurisdicción. Tras su paso por el sector público cofundó Phone2Action, una plataforma digital diseñada para conectar a ciudadanos con representantes legislativos y fomentar la participación cívica. La empresa tuvo un éxito notable: recaudó más de 80 millones de dólares en financiamiento y cerró contratos con el 25% de las empresas del Fortune 100. Además, Lincolao registró dos patentes en EE.UU. y cofundó, recientemente, una empresa tecnológica de inteligencia artificial enfocada en formación de talento y habilidades digitales para la economía del futuro. Desde el 1 1 de marzo de 2026 es la ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.
Su nombramiento se transformó en un hito histórico: es la primera mujer mapuche en ejercer como ministra en la historia de Chile, y la tercera persona de ascendencia mapuche en ocupar un ministerio después de Venancio Coñuepán (Economía, 1952) y Francisco Huenchumilla (SEGPRES 2003). Por todo lo que expongo, creo que su caso tiene un componente simbólico especialmente doloroso.
Primero, por su historia personal que es la de una mujer mapuche de clase trabajadora que emigró con "tres chauchas" y construyó una carrera de alto nivel en el sector público y tecnológico de EE.UU., y volvió a Chile casi 30 años después para ocupar un cargo sin precedentes. Y segundo, porque el ataque fue en una universidad. Usted me dirá qué importa aquello y mi respuesta es que muchísimo. Las universidadesson, en su origen y en su ideal, uno de los espacios más singulares que ha producido la civilización occidental. No es simplemente un lugar donde se imparten clases; es una institución fundada sobre un compromiso radical con la razón, el diálogo y la búsqueda colectiva de la verdad. La "universitas" medieval nació como una corporación de maestros y estudiantes que se asociaban libremente para pensar juntos. Lo revolucionario era que se constituía como un espacio de inmunidad: protegido del poder eclesiástico, del poder monárquico y de la violencia de la calle. La universidad existe, desde su fundación, como un recinto donde la fuerza del argumento reemplaza al argumento de la fuerza. Esa es su condición fundante.
Lo que ocurrió en la Universidad Austral condensa varias capas de contradicción: se agredió a una autoridad que fue invitada a dialogar; se la agredió con violencia física en el templo de la razón argumentativa; y se agredió a una mujer mapuche de origen popular exactamente el tipo de trayectoria que la universidad, en su promesa democrática, dice defender y promover. Los estudiantes que protestaban por la gratuidad universitaria destruyeron, en el acto mismo de agredir, el valor más profundo que la universidad les ofrece: la posibilidad de disentir con dignidad. La universidad no es un espacio neutral; es un espacio comprometido pero comprometido con un método, no con una facción. Cuando ese método se abandona, lo que queda ya no es universidad. Es turba. HUGO CAMPOS MIRANDA Periodista. Opinión