Autor: Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez
Columnas de Opinión: La fábrica de idiotas
Columnas de Opinión: La fábrica de idiotas Daniel Loewe L a IA aumentará la eficiencia y eficacia en la obtención de resultados. En ello hay coincidencia.
Lo que logra es asombroso (aunque no, al menos hasta ahora, revolucionario, en el sentido de conducirnos a posibilidades insospechadas). Permite, por ejemplo, analizar imágenes y detectar algunos tipos de cáncer antes y con mayor precisión que médicos especialistas.
Y algunos, como el CEO de OpenAI, Sam Altman, profetizan maravillas, como la colonización del espacio. ¿Significa ello, como pregonan muchos ansiosos por no quedarse fuera del tren, que se la debe integrar al proceso educativo como uno de sus fundamentos? Mi respuesta es un no rotundo.
Cierto, a riesgo de obsolescencia hay que aprender a utilizarla y por tanto enseñar a hacerlo (y ojalá llegue a ser, a diferencia de hasta ahora, algo más que una máquina de plagiar). Pero eso no es lo mismo que integrarla al proceso educativo como una de sus columnas estructurantes. En la base de estos llamados yace una idea fatalmente equivocada: que el fin y calidad de la educación es lo mismo que los resultados que alcanzamos. Son asuntos diferentes.
El núcleo de la educación, que debería ser propio de colegios y universidades (que no son instituciones puramente técnicas) no es el resultado en cuanto tal, sino que se expresa y despliega en el proceso mediante el cual se desarrollan las capacidades y se adquieren los conocimien tos que nos permitirán alcanzar un resultado. El dictum “aprender es descubrir un mundo" es literalmente correcto. En este proceso se crean nuevas conexiones cerebrales, sinapsis que nos forman y así transforman, llegando a ser seres con una visión más compleja, matizada y creativa del mundo y de nosotros mismos en él.
Lo que este proceso potencia es la capacidad de pensar, que va a la par, por cierto, del desarrollo de capacidades críticas y otras que gustan señalar los pedagogos como si fueran los fines de la educación (y no lo que inevitablemente acompaña a una buena educación como su sombra luminosa: quien ha leído a Platón entiende porque Mill vio en Sócrates un héroe liberal). Cuando este proceso no se lleva a cabo o se desarrolla de un modo deficiente, y sin embargo se alcanzan resultados, quizás incluso con mayor eficiencia, como promete y permite la IA, la educación pierde su sentido y los colegios y universidades se transforma en fábricas de idiotas. Idiotas eficientes y productivos, sí. Pero idiotas al fin. Se puede vivir dializándose, pero es mejor tener riñones funcionales. También se puede vivir con IA, pero es mejor pensar por uno mismo. Porque al exteriorizarlo en la IA obtenemos una legión de idiotas desorientados deseosos de que les digan qué hacer.
Tierra fértil para el surgimiento del autoritarismo anhelado por quienes creen y sienten (sienten, y quizás por eso lo creen) que son incapaces de lidiar con el mundo y sus complejidades. "Se puede vivir dializándose, pero es mejor tener riñones funcionales. También se puede vivir con IA, pero es mejor pensar por uno mismo". Autor: Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez. "Se puede vivir dializándose, pero es mejor tener riñones funcionales. También se puede vivir con IA, pero es mejor pensar por uno mismo".