Autor: GIOVANNA AMAYA PEÑA Directora de la Escuela de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ECA3) Universidad de O'Higgins
Columnas de Opinión: Sin naturaleza no hay futuro
Columnas de Opinión: Sin naturaleza no hay futuro Sin una naturaleza sana, el desarrollo no es posible. Aun así, seguimos actuando como si los ecosistemas no tuvieran límites.
Cada 3 de marzo recordamos el Día Mundial de la Naturaleza, pero reflexionemos con honestidad: ¿ Estamos realmente cuidando lo que sostiene nuestra economía, nuestra salud y nuestra seguridad alimentaria? Hablar de biodiversidad no es solo hablar de paisajes bonitos; es hablar del agua que tomamos, del suelo que nos da alimentos, del aire que respiramos y del equilibrio climático que cada vez está más amenazado. Chile ha dado pasos importantes, entre ellos la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Después de años de espera, comprendimos que la naturaleza no puede seguir fragmentada entre oficinas y decretos. Contar con una institucionalidad especializada es una condición mínima para garantizar el acceso al agua, los suelos fértiles y la estabilidad climática para las nuevas generaciones. Hoy, el país protege cerca del 40% de su superficie marina y alrededor del 20% de su territorio terrestre. Son cifras importantes. Sin embargo, los números por si solos no salvan los ecosistemas.
El verdadero reto está en gestionar bien, conectar areas separadas y proteger los ecosistemas que aún no reciben atención, sobre todo en la zona central, donde vive la mayoría de la población y la presión productiva es mayor. La Región de O'Higgins no puede ver la naturaleza como algo lejano. Dependemos de ella. Nuestros valles agrícolas, ríos y humedales nos brindan empleo, producción y calidad de vida. Pero esa riqueza siempre está bajo presión y, muchas veces, la defensa del territorio llega tarde, cuando el daño ya ocurrió. En nuestra región hay más de 20.377 hectáreas de humedales, pero solo el 2% de ellas cuenta con protección formal. Este dato es claro y también una advertencia. Es cierto que hemos avanzado.
La Ley 21.202 permitió declarar humedales urbanos como Vega de Pupuya en Navidad, Laguna Petrel en Pichilemu, Bucalemu en Paredones, Llalauquen en Las Cabras y Purén-Idahue en Coltauco, entre otros, y hay nuevos procesos en marcha. Pero declarar no es suficiente si no hay gestión, financiamiento y compromiso de la ciudadanía. Todavía queda mucho por hacer. Los humedales no son "terrenos baldios"; almacenan entre el 20% y el 30% del carbono del suelo del planeta, aunque solo cubren entre el 5% y el 8% de la superficie terrestre. Funcionan como esponjas ante las inundaciones, moderan la temperatura y mantienen una biodiversidad única. En tiempos de cambio climático, protegerlos es tanto una adaptación como una mitigación. Proteger la naturaleza no es solo publicar una ley o marcar un área en un mapa. La verdadera protección ocurre cuando hay conocimiento, una buena planificación territorial y comunidades comprometidas con su entorno. Hoy, la crisis climática ya no es una amenaza lejana, sino incendios más intensos, sequías prolongadas e inundaciones repentinas. En O'Higgins sabemos lo que está en juego. Hemos visto incendios forestales más frecuentes, cuencas sobreexigidas y la pérdida del bosque esclerofilo, uno de los ecosistemas más únicos y amenazados de la zona central. La experiencia nos muestra que no basta con declarar áreas protegidas si no hay gobernanza efectiva, financiamiento, coordinación y, sobre todo, educación ambiental constante. Ante este escenario, la academia tiene un papel claro. Cuando hablamos de biodiversidad en O'Higgins, no nos referimos a teorías lejanas, sino a nuestro propio entorno. Por eso, en el Campus Colchagua de la Universidad de O'Higgins, la investigación y la formación profesional se realizan en contacto directo con los humedales, suelos agrícolas, fauna silvestre y cuencas que conforman nuestra región. En Medicina Veterinaria se estudia la salud de la fauna silvestre. En Ingeniería Agronómica se trabaja en recuperar suelos degradados, en hacer la agricultura más resiliente y en compatibilizar la producción con la biodiversidad. En Ingeniería Ambiental se monitorean humedales, se analiza la calidad del agua y se modelan escenarios climáticos que ya son una realidad.
En este Día Mundial de la Naturaleza, la pregunta no es cuánto admiramos nuestros paisajes, sino cuánto estamos dispuestos a cuidarlos de verdad. ¿Estamos preparados para planificar con responsabilidad, para poner límites cuando sea necesario y para entender que el desarrollo sin equilibrio termina por volverse en contra de las propias comunidades? Chile ha avanzado. O'Higgins también. Pero el desafío apenas empieza. Proteger de verdad nuestra biodiversidad requiere coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, entre crecer y conservar, entre las normas y el territorio. La naturaleza no se recupera tan rápido como la usamos. Protegerla no es una postura ideológica; es una decisión estratégica. Sin ecosistemas sanos, no hay economía ni salud pública sostenible. En simple, sin naturaleza no hay futuro. Autor: GIOVANNA AMAYA PEÑA Directora de la Escuela de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ECA3) Universidad de O'Higgins.