Violencia en escuelas
Violencia en escuelas OoColumnaDra. Carmen Gloria GarridoF., directora Escuela de Educación U. Andrés Bello1 aumento de la violencia en las escuelas es una reaE lidad preocupante. Según cifras de la Superintendencia de Educación, en 2024 se registraron 91 denuncias de agresiones de alumnos contra docentes, elnúmero más alto desde 2018, cuando hubo 100 casos. Estorepresenta unincremento del 37,8% en comparación con 2023, cuando se reportaron 66 denuncias. Uno de los problemas estructurales que agrava esta situación es la soledad pedagógica de los profesores, que enfrentan cursos numerosos.
Esta sole-mismas, sin permitira las escuelas abordar sus idad propias necesidades en la función de su contexto dad también se may conlos recursos adecuados. nifiesta en la falta de una comunidad de aprendizaje dentro delas escuelas.
Las horas de trabajo de los docentes se centran casi exclusiva-mente en la ejecución de clases, y es un logro excepcionalLas instituciones educativas están saturadas de capacitaciones y programas que se implementan bajo la, premisa de que son suficientes por sí des ;cuando un establecimiento resguarda tiempos importantes para la reflexión, el diálogo y la construcción de estrategias pedagógicas adaptadas a la diversidad delos estudiantes.
Por otro lado, las instituciones educativas están saturadas de capacitaciones y programas que se implementan bajo la premisa de que son suficientes por símismas, sin permitir a las escuelas abordar sus propias necesidades en función de su contexto y con los recursos adecuados. Se omite, además, que el profesor es un profesional que requiere condiciones apropiadas para ejercer su labor con calidad. Las políticas públicas, aunque desarrollan iniciativas relevantes, muchas veces fracasan en su implementación.
La sociedad, en tanto, suele reducir la discusión sobre la violencia escolar a responsabilidades individuales, omitiendo el papel de un sistema educativo que no proporciona una estructura sólida ni condiciones mínimas para una práctica pedagógica efectiva. La educación no puede ser reducida a una moda ni aun discurso simplista. Debe responder a un itinerario éti-co que respetelas diferencias y garantice condiciones básicas que los estudiantes puedan dedicarse a su principal tarea: aprender del mundo y para el mundo.
La crítica superficial en los medios de comunicación no hace más quedesviar la atención de los problemas fundamentales, con-tribuyendo a lo contrario de lo que se necesita: un sistema educativo justo, equitativo, profundo en escenarios de diferencias y posibilidades..