Autor: CARLOS WILLIAMSON Profesor titular UC
Cartas: Iliberal
Cartas: Iliberal Señor Director: Carlos Peña en su última columna construye su crítica a José Antonio Kast a la “luz de su conducta”. En particular, por sus recientes visitas a presidentes “autoritarios”, lo que revela en él una peligrosa deriva iliberal. Sobra decir que Kast aún no gobierna y, en lo sustantivo, no ha objetado explícitamente los pilares básicos de una democracia liberal: elecciones competitivas, vigencia del Estado de Derecho y contrapesos institucionales. Convertir el contacto político en prueba de iliberalismo implica rebajar el estándar liberal y sustituir el juicio institucional por una lógica de sospecha. La crítica válida no es con quién se conversa, sino cómo se propone gobernar y bajo qué reglas.
El liberalismo clásico lejos de ser moralmente vacío reconoce y valora la diversidad de concepciones de una vida buena, pero sostiene que el diseño institucional debe orientarse sin abdicar de la dignidad humana como principio rector, con derechos protegidos, reglas comunes y límites al poder. Esa es precisamente la función de las instituciones: cautelar la convivencia en el desacuerdo.
Cuando Carlos Peña advierte contra los riesgos de abandonar la democracia liberal, su crítica parece extremarse cuando él mismo reconoce que la democracia liberal moderna no ha logrado resolver la crisis sociológica de la anomia moral, el individualismo y el subjetivismo.
Señalar el peligro del iliberalismo es necesario; asumir las insuficiencias del liberalismo realmente existente para generar cohesión social también lo es. ¿Qué pasa cuando la sociedad ya no produce espontáneamente los hábitos que el liberalismo necesita? Fortalecer la democracia liberal exige no solo defender sus reglas, sino mejorar su capacidad de sostener vínculos, responsabilidad y dignidad compartida, sin renunciar a sus principios. En eso nuestra democracia liberal está al debe. Autor: CARLOS WILLIAMSON Profesor titular UC.