Valparaíso: la fiesta, el mar, las universidades y el patrimonio
Valparaíso: la fiesta, el mar, las universidades y el patrimonio I patrimonio de ValparaíE sono se comprende únicamente desde sus edificios, sus ascensores, sus cerros o su condición portuaria. Quienes hemos nacido en esta ciudad sabemos que hay un par de fechas en particular donde Valparaíso se vuelve el centro del país. Una de ellas es el 21 de mayo, en la que Chile rinde honoresa Prat y a las Glorias Navales; la otra es el Año Nuevo.
Ambas desplazan el centro de gravedad del país hacia la ciudad y se han instalado en la memoria colectiva, construyendo aquello que nos es propio y que, sin duda, forma parte de su patrimonio más profundo. Estos dos hechos tienen orígenes diversos.
En 1915, el Estado de Chile oficializó el 21 de mayo como feriado mediante ley, estableciendo el Día de las Glorias Navales, generando con ello un proceso de patrimonialización desde el Estado y la memoria histórica. E 1952, por medio de una iniciativa nacida en la Sede Valparaíso de la Universidad de Chile, hoy Universidad de Valparaíso, se desata un proceso de patrimonialización desde la experiencia colectiva. La fiesta de Año Nuevo en el Mar está asociada a la figura del doctor Ernesto Dighero Lajaña. No es un dato menor que el creador de esta tradición haya sido un académico universitario. Dighero fue fundador y primer director de la Escuela de Odontología de la Universidad de Chile sede Valparaíso, antecesora de la Facultad de Odontología de la Universidad de Valparaíso. En 1952 propuso a la Liga Marítima de Chile organizar un espectáculo de fuegos artificiales desde el borde costero para celebrar el nuevo año. Ese mismo año se realizó la primera versión, breve pero significativa, basada en una intuición fundamental: convertir la bahía en escenario y los cerros en gradería, aprovechando la geografía única de la ciudad. Durante más de una década la Liga Marítima asumió la organización, hasta que en 1964 esta pasó a la Municipalidad de Valparaíso. Con ello, una iniciativa universitaria se transformó en una tradición urbana institucionalizada.
Desde entonces, cada fin de año la ciudad se reúne frente al mar, convirtiéndose en una experiencia colectiva que revela una lectura profunda de Valparaíso: la ciudad ya contenía, en su forma, las condiciones para constituirse en un gran espacio escénico. Esta celebración se ha transformado en un símbolo de identidad colectiva.
No es sólo un espectáculo pirotécni co o turístico, sino una forma de activar la ciudad como escenario abierto, donde la bahía, los cerros y la comunidad participan simultáneamente, generando una memoria urbana que trasciende lo festivo. El Año Nuevo en el mar es parte del patrimonio vivo de Valparaíso, integrado en su identidad sin necesidad de declaratoria formal, articulando paisaje, comunidad y memoria. El sentido de esta fiesta recorre un arco amplio: desde la construcción de identidad hasta la generación de impactos económicos concretos vinculados a hostelería, gastronomía, comercio y cultura. Y he ahí la importancia de aquella idea gestada al interior de la universidad, que hoy reconocemos como propio y llamamos patrimonio, y es su capacidad de impactar a un gran espectro de la sociedad. Este proceso de patrimonialización ha penetrado con fuerza en la ciudad, incluso desplazando otras vocaciones, como la portuaria o la universitaria.
Es tal su alcance que se ha creado una corporación específica para su gestión, apoyada desde sus inicios por las universidades, que hoy opera como plataforma de gobernanza multisectorial, integrando al Estado, el municipio, la comunidad, la academia y el sector privado. Pero ¿ de dónde surge la idea de Valparaíso como patrimonio mundial? La literatura señala que esta nace tras un largo proceso previo a su inscripción en la UNESCO en 2003. En 1997, el Consejo de Monumentos Nacionales inició contactos con la Ilustre Municipalidad de Valparaíso para la postulación del sitio. Este proceso se apoyaba en una trayectoria previa de valoración del patrimonio local. Durante el siglo XX, académicos como Myriam Waisberg, profesora de las universidades de Chiley de Valparaíso, desarrollaron estudios sistemáticos sobre la arquitectura y la historia urbana, aportando bases documentales fundamentales. Waisberg entendía el patrimonio como un sistema urbano complejo, integrando arquitectura, topografía y espacios públicos, visión clave para la candidatura. El Cabildo para el Desarrollo de Valparaíso de 1991 y sus jornadas de 1993 identificaron problemas como el deterioro patrimonial y la baja conciencia ciudadana. Como respuesta, el municipio impulsó una Comisión del Patrimonio, incorporó educación patrimonial, revisó planes territoriales y creó una Unidad Técnica del Patrimonio. En 1997, el Seccional de Patrimonio incorporó el casco histórico al Plan Regulador, transformando la preocupación en una herramienta efectiva de planificación. En 1998 se fortaleció la institucionalidad con la creación de la Unidad Técnica de Patrimonio y un consejo asesor regional del Consejo de Monumentos Nacionales. Ese mismo año se inicia formalmente la postulacióna la UNESCO, aunque la primera evaluación de Icomos en 2000 fue negativa. El proceso fue reformulado, fortaleciendo su respaldo técnico e institucional. En 2001 se declaró el área histórica como Zona Típica mediante el Decreto Nº 605. Finalmente, en 2003, Valparaíso fue inscrito como Sitio del Patrimonio Mundial, destacándose su valor cultural, su configuración en anfiteatro y su adaptación a los cerros. Sin embargo, antes de 1997 ya existía un antecedente clave en la academia.
Entre el 9 y el 11 de octubre de 1995, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Valparaíso se realizaron las V Jornadas Chilenas de Preservación Arquitectónica y Urbana, junto al Tercer Encuentro de Especialistas Americanos. Estas jornadas, presididas por el arquitecto Pablo Mondragón, reunieron a especialistas nacionales e internacionales.
En su sesión de clausura se formuló el "Acuerdo sobre Valparaíso", que señalaba: "Los especialistas reunidos durante una semana en el Puerto, en conocimiento directo de esta realidad que por una parte entrega peculiares situaciones urbanas que nutren su identidad pero que a la vez presentan la indefensión de la carencia de herramientas legales para su preservación, fueron artífices de la proposición, acogida por aclamación, que plantea solicitar a UNESCO que otorgue a un sector de Valparaíso el reconocimiento de Patrimonio Cultural de la Humanidad". Este hecho vuelve a situar a la universidad como origen de un proceso fundamental. Fue la academia -mediante investigaciones, docencia y articulación institucionalla que contribuyó a instalar una conciencia patrimonial que, posteriormente, se tradujo en instrumentos de planificación y en el expediente presentado a la UNESCO.
El Año Nuevo en el Mar y la inclusión de un sector de la ciudad en la Lista del Patrimonio Mundial representan dos formas distintas pero complementarias de patrimonialización, ambas generadas al alero de la universidad. Comparten un mismo fundamento: la relación entre Valparaíso, su bahía y sus cerros. Esta condición geográfica no es sólo física, sino también cultural, y constituye la base tanto de las celebraciones como de las declaratorias. Hoy, los desafíos de la ciudad -turismo, transformaciones urbanas y tensiones socialesexigen un equilibrio entre conservación, identidad, desarrollo económico y calidad de vida.
En este contexto, las universidades continúan siendo clave, aportando conocimiento y articulando relaciones entre territorio y comunidad; son catalizadoras de ideas que impactan positivamente en la ciudad, en ámbitos tan distintos como la construcción de identidad o en el desarrollo económico y que se materializan en corporaciones y museos de esta temática. Valparaíso no sólo es patrimonio por sus edificios, ascensores y zonas protegidas. Lo es principalmente por la manera en que sus habitantes -y sus comunidades académicashan sabido pensarla, vivirla y proyectarla. Ese vínculo profundo entre quienes componen la ciudad, sus cerros y su bahía se actualiza cada fin de año, cuando la ciudad se reúne frente al mar y construye colectivamente una escena que la define. El Año Nuevo en el Mar es uno de esos momentos. Como bien intuía Fernando Pessoa a través de Bernardo Soares: "No hay paisajes sino el paisaje que nosotros somos". 03. POR CARLOS LARA ASPÉE, ARQUITECTO, ACADÉMICO UNIVERSIDAD DE VALPARAÍSO EMV