Columnas de Opinión: MAXIMO GORKI (1868- 1936)
Columnas de Opinión: MAXIMO GORKI (18681936) Máximo Gorki nació en la capital de la provincia o estado del Volga, que se llamaba Nijni Novgorod y que ahora se llama Gorki, por decisión feliz de su gente.
El nombre de "amargo" o "desgraciado" (se dan las dos traducciones de la palabra gorki), tal vez se lo haya dictado su infancia infeliz, la edad que más cuenta en el hombre emocional y quizá en cualquier hombre, ya que vagabundo acedo no lo conocimos sino por el nombre escogido en malos tiempos.
La crítica dice bien que Gorki, el de los pies descalzos, escribió siempre como un hombre sin quiebro interior, limpio de humores, feliz, con tal de que el sol no faltara en el cielo, aunque fuera detrás de la nube nórdica, ni se le acabara tampoco el camino delante. La madre de Gorki no lo quería o lo quiso mal, que es otra manera de no amar. Gorki dirá "que no hubo ninguna influencia de ella en su vida", palabras que queman los ojos y que rara vez ha estampado un puño de hombre en escritura autobiográfica.
Era una esposa despechada por el abandono del marido andariego que la dejaba cada vez que podía, siendo más tarde la viuda que se vuelve a casar, y que se muere sin saber que ha mamado de su pecho Máximo Gorki. El abuelo, a quien pasa el niño cedido como un trasto, es un batelero del Volga que subió después a jefe de armadores y luego a industrial de tintorería próspera. Este viejo brutal y tierno, que se asemeja a ciertos hacendados nuestros, solía recitarle los Salmos de David, y dan ganas de darle las gracias por la ocurrencia. Él dará a Gorki escuela primaria a los ocho años; pero la escolaridad durará cinco meses.
El angel del folclor, que tal vez sea antialfabético, libró a Gorki de la "formación burguesa del escritor", dejándole en el narrador liso y llano, amigo de la expresión directa, repugnador de morosidad verbal y dotado de cierta embriaguez poética.
No es un azar en la obra de Gorki el trozo de poesía pura que se llama "El albatros": Gorki pertenece al orden del narrador primitivo, al de Las mil y una noches, o de las leyendas germanas, saturadas de poesía sin desmedro de la virtud fabuladora.
Cinco meses de sala de clase, banco tieso y maestro escurridor de la cadaverina pedagógica, y luego unos treinta y cinco años de aprendizaje del mundo, sin mapa, ni banco, en escuela de ruta, de puerto, de playa.
Como resultado de esta formación libre saldrá un Shakespeare eslavo, labrado por los tactos del mundo que zarandearon su cuerpo desnudo y su alma igual a su cuerpo: un Shakespeare que en vez de los Enrique IV y de los Rey Duncan, contará lo que vio y "nada más que lo visto" en su experiencia: plebeyeces puras o inmundas, patronos bellacos o idiotas: viejos, niños y mujeres, de ese repertorio que constituye el limo renegrido del mundo. Fallida la escuela para él como para tantos que de este desmedro sacan su salvación, Gorki comienza el "toma y deja" de todos los oficios habidos y por haber.
El trabaja con un pariente como dibujante de arquitectura; salta de allí a las cocinas de un barco; deja las marmitas y el agua salobre para hacerse vendedor de imágenes, y gana el rublo con la idolatría en yeso y leño de sus ortodoxos; abandona la industria santa para volverse guardia en una estación ferroviaria; tira la función comodona y se va a una panadería de Kasan, de la cual saldrá el relato de "El patrono", y del manejar en bloques la harina se pasa a la jugarreta mujeril de la pastelería.
Por fin se cansa de "lugares cubiertos" y se da cuenta de que más gozo le da, aunque se le escape el salario regular, caminar en patria de llanura, donde las sendas se parecen a la tentación infinita y al hallazgo sin número. El vagabundaje, que es un contraoficio, se le vuelve la vida de varios años.
Si no se echa por las rutas, el hombre falto de boleto de trenes se queda sin conocer su tremenda Rusia, y como esta, al igual que España, es un tablero de cuadros opuestos, Gorki se hubiera malogrado en el mero contador regional. El hombre sin madre parece un hijo de la atmósfera. Si queremos buscar una greca simbólica que le convenga, le daremos la telaraña de sus mismos senderos andados.
Gorki cuenta, en el precioso apunte autobiográfico que acaban de divulgar, cómo él cortó su vagabundaje para enredarse un tiempo en círculos literarios que le dieron "la repugnancia de la escritura impresa". El de sentidos limpios olió asqueado la liebre literaria pútrida de la mesa de los profesionales "exquisitos". Solo mucho más tarde, la ciudad, la casa, la sociedad y el Estado atraparán al libertario y sobarán su cuero arisco, dejándolo en la badana del hombre entregado. Gorki ha contado en su manera de veracidad crudo-tierna, cómo le dio a palos el amor de la lectura el cocinero jefe de su barco. El garrote era la institución más eslava del tiempo, y el ruso más ruso lo recibiría de la madre, del abuelo y hasta del buen patrón. De tal industria pudo salir un matón completo; pero la pasta en que lo hicieron era óptima. Gorki se salva entero de esa especie de orgía de brutalidad que significa su infancia. Más lejos fue y su amor de los hombres rebosa hasta una ternura constante. Tolstói solía decirle: -Es curioso como has perdurado en la bondad. Tendrías el derecho de ser malvado. Revistas, diarios y editoriales iban publicando los relatos del nuevo, del advenedizo violento que caía como piedra hondeada al llano de la literatura rusa. Era una aventura tremenda estrenarse en una hora de grandes figuras, como quien dice, de escenario lleno.
León Tolstói estaba en su meridiano; Dostoievski acababa de irse, dejando removido el ámbito por su ancha gesticulación; Turgueniev y Chéjov habían dado a la clientela rusa el gusto de la "prosa literaria a la francesa". O seguir uno de esos ejemplos o desentenderse de ellos y forzar el paladar público con un alimento nuevo y violento. Esto último fue lo que hizo Gorki no por malicia, sino por naturaleza. En Rusia, estaba por decirse nada menos que el pueblo raso. Dichas y redichas estaban ya la burguesía grande y la menuda. La plebe, tres cuartos del imperio, no aparecía en otra parte que en el folclor. Iban publicándose "Los vagabundos", "En la estepa", "En la carcel", narraciones cortas donde se ensayo por mucho tiempo el novelista de La madre. Varios críticos prefieren hasta hoy las resinas enjutas de los cuentos a las novelas ríos de la última época del maestro. Tienen los cuentos de Gorki la rapidez de la marcha que fue el ritmo de su primera vida, y llevan esa abreviatura de los temas que corresponde a lo folclórico. Son tan ricos que cada uno parece mazorca enana de una novela mayor y son por excelencia el tipo del relato que ama el pueblo, por no tener tiempo para lo moroso y lo abundante. Yo recuerdo el éxito que con ellos lograba en lecturas hechas a los campesinos de México. Aquella literatura exenta de todo sermón, carente de todo alegato directo, iba resultando, sin embargo, revolucionaria en la vieja Rusia. No era porque el hombre Gorki contara a lo fraudulento, para allegar fuego a las multitudes, montón de material inerte. Él narraba sencillamente el cómo vivían los más de los hombres rusos.
Otra vez la linterna sorda del arte se metía por los escondrijos, entraba en sótanos de casas, en las calas de los barcos, en los talleres inmundos, y echaba aquí y allá su resplandor para ver bien y entregar de regreso de la excursión nocturna la cinta coloreada de la verdad tremenda. Selección por Rodrigo Marcone Corporación LatiSUR30 REGIÓN ATISUR GABRIELA MIS 20 TRAL. OBRAS COMPLETAS DE GABRIELA MISTRAL III CUADERNO: ARTE Y POESÍA. · Columnista - Espacio de Opinión OBRAS COMPLETAS DE GABRIELA MISTRAL III CUADERNO: ARTE Y POESÍA