"Por cada dólar que se invierte en vigilancia, necesitamos otros 10 para salud mental"
"Por cada dólar que se invierte en vigilancia, necesitamos otros 10 para salud mental" E n los últimos días, una seguidilla de hechos de violencia escolar ha tensionado el debate público en Chile. El punto de inflexión fue el ataque ocurrido a fines de marzo en Calama, donde un estudiante de 18 años hirió con un arma blanca a una inspectora, lo que provocó su muerte. Otras cuatro personas resultaron heridas.
A mediados de semana y en esa misma ciudad, u n n i ñ o d e 13 años fue acuchil l a d o p o r u n c o m p a ñ e r o, m i e n t r a s q u e poco antes, en S a n t i a g o, u n grupo de encapuchados --que serían presuntos e s t u d i a n t e s -protagonizó un ataque incendiario al interior del Liceo José Victorino Lastarria, lanzando bombas molotov que dejaron lesionados. En Curicó, un joven de 15 años fue detenido por ingresar a su establecimiento con una pistola cargada.
Los casos han causado conmoción y reabrieron la discusión sobre la seguridad en los colegios, con el Gobierno anunciando que espera avanzar en la instalación de detectores de metales y la revisión de mochilas, entre otras medidas. En ese contexto, el debate se ha polarizado entre quienes impulsan un mayor control y quienes advierten que este tipo de respuestas puede resultar muy poco eficiente.
Como directora del Community Safety Evaluation Lab (CSE-Lab) de la Universidad de Harvard, Elena Savoia ha hecho de esta discusión su principal foco de investigación: con más de una década de trayectoria, el centro que encabeza --parte de la Escuela de Salud Pública T.H.
Chan de la prestigiosa universidad estadounidense-está dedicado a estudiar las causas de la violencia y medir la efectividad de distintas estrategias de prevención en el mundo. --¿ Qué dice la evidencia sobre la efectividad de las medidas centradas en seguridad, como mayor vigilancia, revisión de mochilas o detectores de metales, para prevenir la violencia escolar? "Cuando hablamos de prevenir la violencia escolar, nos referimos a un fenómeno que está en constante evolución (... ). Por su complejidad y múltiples dimensiones, incluyendo las conductas violentas en línea, la violencia escolar requiere múltiples estrategias de prevención, más que una única solución. Hasta ahora, existe evidencia limitada de que solo un tipo de intervención sea completamente efectivo: las cámaras de vigilancia y los detectores de metales que se utilizan en los colegios son mecanismos de disuasión. Confiar únicamente en estos mecanismos sería como afirmar que las cámaras de velocidad son suficientes para prevenir todos los accidentes de tránsito, cuando lo que realmente necesita cambiar es el comportamiento de los conductores.
De la misma manera, los niños son los `conductores' en nuestras escuelas, y deben aprender a manejar los riesgos, acelerar y frenar de manera segura y responsable, con adultos accesibles y capacitados que los acompañen en ese proceso. En algunos casos, las medidas de seguridad pueden ser necesarias, pero es importante reconocer que deben ir acompañadas de inversiones para abordar las causas profundas de la violencia. Las medidas más estrictas pueden dar una sensación de seguridad en el entorno escolar, pero tan pronto los niños salen de la escuela, la violencia puede manifestarse en otros lugares.
Si el objetivo es asegurar que los niños no participen en actividades violentas en absoluto y no solo en el colegio, por cada dólar que se invierte en vigilancia, necesitamos otros 10 para salud mental y servicios de apoyo, que permitan abordar las causas profundas de las conductas violentas.
De lo contrario, solo estaremos trasladando el problema del entorno escolar a otros lugares". --Bajo esa mirada, ¿qué tipos de estrategias de prevención muestran mayor potencial desde una perspectiva de salud pública? "Podemos distinguir al menos tres tipos de estrategias de prevención. El primer tipo es la prevención primaria, que se dirige a toda la población estudiantil. En este nivel, el objetivo es educar a una clase o a toda una escuela sobre los riesgos de involucrarse en conductas violentas, fomentar comportamientos no violentos y fortalecer las relaciones positivas. El segundo tipo es la prevención secundaria, que se enfoca en individuos específicos que tienen un mayor riesgo de involucrarse en conductas violentas en comparación con otros. Por ejemplo, algunos estudiantes pueden expresar odio o intenciones violentas en redes sociales, tener dificultades para controlar la ira, consumir drogas o alcohol de manera inapropiada, o presentar dificultades para enfrentar los desafíos cotidianos. Un equipo profesional capacitado puede identificar estas señales de alerta e implementar una respuesta adecuada. El tercer tipo es la prevención terciaria, que se aplica después de que un estudiante ya ha participado en conductas violentas. En esta etapa, se implementan intervenciones para apoyar al estudiante y a su familia, con el fin de prevenir una mayor implicación en la violencia. En la mayoría de los casos, tanto la prevención secundaria como la terciaria se centran en brindar apoyo en salud mental a los estudiantes y sus familias.
Lamentablemente, existe una falta de profesionales de salud mental especialmente capacitados para trabajar con jóvenes". --¿ Qué tan transferibles son las estrategias exitosas entre distintos países? Por ejemplo, ¿pueden aplicarse en Chile modelos desarrollados en EE.UU. o en países nórdicos con menores niveles de violencia escolar? "Debido al uso generalizado de la tecnología, la expansión de múltiples medios de comunicación y la adopción global del inglés, los niños en Chile no son tan distintos a los de Estados Unidos o cualquier otro país.
Las diferencias culturales son cada vez menores; la música, la televisión y el contenido en línea han contribuido a una cultura juvenil más uniforme, por lo que los riesgos que enfrentan son similares, mientras que las soluciones efectivas aún son escasas en todo el mundo.
Existe una falta de datos sobre qué constituye una intervención exitosa, especialmente en el entorno escolar, y se necesita más investigación para identificar no solo los factores de riesgo, sino también los factores protectores que pueden ayudar a que la próxima generación crezca en entornos más seguros". Elena Savoia, directora del laboratorio que estudia la prevención de violencia desde la U. de Harvard: "Por cada dólar que se invierte en vigilancia, necesitamos otros 10 para salud mental" MARGHERITA CORDANO n Así como las cámaras de velocidad no evitan por sí solas accidentes automovilísticos, medidas como detectores de metales o revisión de mochilas no son útiles si no cambia la conducta de los estudiantes, plantea. "Desde una perspectiva de salud pública, el foco está en las causas profundas de la violencia más que en el tipo de violencia", responde Savoia cuando se le pregunta si incidentes con artefactos incendiarios, como los ocurridos en el Liceo Lastarria, en la foto, son parte del mismo círculo de violencia escolar extrema como los ataques con armas.
Educar a los padres Los niños que participan en conductas de riesgo suelen comenzar a edades tempranas, generalmente al terminar la educación básica, señala Savoia, quien hace un llamado de alerta a los apoderados. "La tecnología ha llevado los riesgos directamente a la privacidad del hogar, donde los padres a menudo subestiman el peligro de dejar a un niño solo con un computador o un teléfono.
Las intervenciones tempranas deberían centrarse principalmente en educar a los padres, para que comprendan que sus hijos están constantemente expuestos a peligros, incluyendo contenido sexual, personas desconocidas que intentan contactarlos y, en algunos casos, visiones ideológicas extremistas que presentan la violencia como una solución a problemas sociales". Notar conductas violentas en sus hijos suele provocar miedo, lo que supone un obstáculo. "Este miedo puede provocar una ruptura en la comunicación, aislando aún más al niño y haciendo imposible prevenir que la situación escale hacia un posible desastre con consecuencias graves.
En estos casos, la intervención más efectiva consiste en restablecer un canal de comunicación saludable entre el niño y su familia". Elena Savoia lidera un equipo multidisciplinario de científicos sociales, criminólogos y analistas de datos, entre otros, en el CSE-Lab. CEDIDA MACARENA PÉREZ.