El temido regreso a clases
El temido regreso a clases El temido regreso a clases El despertador suena a las 6:00 a. m., pero la reacción es casi nula. Un leve movimiento, movimiento, una queja ahogada y un intento fallido por ignorar la alarma. Han pasado semanas de descanso, de días sin prisas y noches sin preocupaciones. Pero hoy es distinto. Hoy es el temido regreso a clases. Con los ojos entrecerrados entrecerrados y el alma aún pegada a la almohada, los estudiantes comienzan comienzan su ritual matutino. matutino. La lucha con la ropa, el desayuno apresurado apresurado y la mochila que parece más pesada que nunca.
Para algunos, algunos, es un reencuentro con amigos; para otros, la continuación de una rutina que no extrañaFalta poco y ya se siente en el ambiente las preocupaciones por retomar este ritmo de vida sin piedad. Así, entre suspiros y resignaciones, el primer primer día llega a su fin.
Y aunque muchos lamentan lamentan el fin de las vacaciones, vacaciones, hay algo reconfortante en el caos del aula, en el bullicio de los pasillos y en la certeza de que, al menos, menos, no están solos en esta travesía. ban. La ciudad se llena de mochilas, de padres ansiosos y de conductores conductores que maldicen el tráfico aumentado. En la puerta del colegio, colegio, la escena es variada. variada.
Están los niños que llegan con emoción emoción desbordante, ansiosos ansiosos por contar sus anécdotas de vacaciones, vacaciones, y los que se aferran aferran a la mano de sus padres como si fueran a ser exiliados a tierras tierras desconocidas. Los adolescentes, con sus auriculares y miradas de resignación, avanzan avanzan con pasos lentos, convencidos de que el verano fue apenas un suspiro. El primer día es una mezcla de caos y expectativa. Los profesores, profesores, algunos tan somnolientos como sus alumnos, hacen esfuerzos por parecer entusiastas. La lista de útiles escolares, la entrega de horarios y la clásica presentación del “cuéntanos sobre tus vacaciones” se repiten en cada aula. Hay quienes narran viajes emocionantes, y quienes quienes se limitan a cneogerse cneogerse de hombros con un “no hice nada”. Las horas avanzan con lentitud. El sonido del timbre para el recreo recreo es la primera bocanada bocanada de aire fresco.
En el patio, los grupos se reforman, los chismes chismes de verano circulan y las primeras promesas promesas de “este año sí estudiaré estudiaré desde el inicio” flotan en el aire, tan frágiles como la voluntad voluntad de cumplirlas. Pero el verdadero impacto llega al final del día.
Mochilas cargadas cargadas de tareas, listas de libros por comprar y la certeza de que, a partir de ahora, el ciclo se repite: despertadores despertadores implacables, lecciones lecciones interminables y la eterna lucha contra la pereza. El regreso a clases no es solo un cambio de rutina; es un choque contra la realidad, realidad, un recordatorio de que el tiempo avanza. - - - - - - -