China: ejército en purga
China: ejército en purga La noticia fue de esas que en Beijing se leen en voz baja.
El general Zhang Youxia, vicepresidente de la Comisión Militar Central (CMC) el “Estado Mayor político” del Ejército, estaba siendo investigado por “graves violaciones de disciplina y de la ley”, la fórmula estándar del Partido Comunista para decir corrupción o algo peor. En este caso, lo peor es explícito: medios y filtraciones describen cargos que van desde “menoscabar” la autoridad de Xi Jinping hasta haber filtrado a Estados Unidos datos técnicos del programa nuclear chino.
Con Zhang y, además, el general Liu Zhenli (jefe del Departamento de Estado Mayor Conjunto) bajo investigación, la CMC queda reducida, en la práctica, a Xi y a Z h a n g S h e n gmin (figura vinculada a temas de disciplina/ anticorrupción). Dicho de otra manera, Xi asume el control operativo directo en un momento en que el régimen predica “preparación para el combate” y disciplina total.
El caso se inserta en una secuencia que ya parece guion, porque, desde 2012, Xi ha usado campañas anticorrupción y purgas como herramienta de poder, y el Ejército Popular de Liberación (EPL) no ha sido la excepción.
En los últimos años cayeron en desgracia dos ministros de Defensa (Li Shangfu y Wei Fenghe) y, antes, la limpieza golpeó al corazón más sensible: la Fuerza de Cohetes (custodia del vector misilístico y componente nuclear), con la salida/investigación de jefaturas como Li Yuchao. Así, ya son decenas los cuadros militares y de la industria de defensa investigados o removidos. Y a Xi, ¿esto lo beneficia o lo perjudica? Ambas cosas. Lo beneficia porque reafirma un principio clave: el EPL no es “nacional”, es el ejército del Partido, y su jefe último no es un general, sino Xi. La caída de un “intocable” envía una señal quirúrgica: nadie está por encima de la lealtad política. Pero lo perjudica por el “lado B”, ya que la purga también es un diagnóstico de falla. Si el vicepresidente de la CMC cae, la pregunta inevitable dentro de los cuarteles es quién asciende por mérito y quién por fidelidad.
Y eso, en una fuerza armada, puede degradar cohesión, iniciativa y profesionalismo justo cuando el reloj estratégico está corriendo. ¿La razón? El 1 de agosto de 1927 es el hito fundacional del EPL, y el Partido fijó una “meta 2027” de construcción militar para el centenario, incorporada en la planificación nacional.
En Occidente, esa fecha se ha leído como ventana política o de capacidad para presionar (o, al menos, intentar) un cambio de hecho respecto de Taiwán, aunque no exista determinismo, ya que la decisión dependería de cálculos de riesgo, preparación real, economía y entorno internacional. Entonces, ¿afecta esto los planes sobre Taiwán? En el corto plazo, sí puede ralentizarlos, pues una cúpula en reconfiguración tiende a “cubrirse” y a evitar errores. Sin embargo, en el mediano plazo, Xi podría intentar lo contrario. Es decir, rearmar la cadena de mando con perfiles más dóciles y, con eso, reducir fricciones internas para ejecutar órdenes. Pero hay un costo inevitable, porque cuanto más política sea la selección, más incierto es el rendimiento en combate real.
Si algo deja este episodio es una paradoja, porque si bien Xi busca un EPL “moderno, limpio y listo”, lo está construyendo con un mensaje que inquieta incluso a los leales: en la China de hoy, la estabilidad del mando depende menos de uniformes y estrellas que de la voluntad del número uno. El principio es claro: el jefe último no es un general, sino Xi.. El principio es claro: el jefe último no es un general, sino Xi.