Antes de hablar de 6G, hagamos que 5G cumpla su promesa
Antes de hablar de 6G, hagamos que 5G cumpla su promesa ablar de 6G hoy puede sonar inevitable, considerando H que la industria tecnológica siempre está mirando lo que viene. Así ha ocurrido, en marzo luego de pruebas experimentales en el Mobile World Congress en Barcelona. Pero en Chile (y en buena parte del mundo) la conversación más urgente no está en la próxima generación, sino en la actual. A tres años del despliegue de 5G, ya tenemos más de 108 millones de usuarios. La cobertura avanza, la tecnología está disponible y las redes han requerido niveles de inversión históricos. Solo en los últimos años, el sector ha comprometido más de US$2300 millones para modernizar su infraestructura y habilitar esta nueva generación móvil. La pregunta entonces es otra: ¿ estamos realmente aprovechando ese esfuerzo? Hoy, el desafío no es tecnológico, es estratégico. Si bien 5G cumplió con desplegarse, todavía está lejos de capturar todo el valor que prometía. Y eso no es menor en una industria que enfrenta márgenes estrechos, alta presión competitiva y exigencias regulatorias crecientes. El escenario cambió. La discusión ya no es solo cobertura o velocidad. Es cómo logramos que estas redes sean sostenibles en el tiempo, cómo habilitan productividad y cómo se transforman en un motor real de desarrollo económico. Ahí es donde está la oportunidad. El verdadero potencial del 5G está en su aplicación industrial. En la minería, logística y automatización de procesos, en ciudades inteligentes. En su integración con inteligencia artificial para generar operaciones más eficientes, seguras y conectadas en tiempo real. Para eso, el siguiente paso es claro: avanzar hacia redes 5G Stand Alone, capaces de soportar estos nuevos casos de uso con mayor capacidad, menor latencia y mejor gestión de datos. Esa es la base sobre la cual se construye el verdadero salto productivo. Las telecomunicaciones dejaron de ser solo un servicio. Son infraestructura habilitante. Sin conectividad robusta, no hay digitalización, modernización del Estado ni crecimiento sostenible. Por eso, antes de acelerar la conversación hacia una nueva red, es clave hacernos cargo de lo que ya tenemos. El 5G no es una promesa, es una realidad que recién comienza. ¿ El desafío? Pasar del despliegue al impacto. De la inversión al valor. A la capacidad real de transformar la vida de las personas y el desarrollo del país. Al final, la pregunta no es cuándo llegará el 6G, sino si estamos siendo capaces de aprovechar lo que 5G ya nos ofrece.. Por Francisco Guzmán, vicepresidente de Claro empresas