Autor: Daniel Grimaldi Director ejecutivo de Fundación Chile21 - Aldo Casinelli Director Escuela de Gobierno Universidad Autónoma de Chile
¿Cuales son los desafíos que deberá enfrentar el nuevo gobierno?
¿ Cuales son los desafíos que deberá enfrentar el nuevo gobierno? Gobernar sin cheque en blanco obernar Chile hoy es más difícil que hace una década. El poder político está más fragmentado, la sociedad más desconfiada y las decisiones crecientemente condicionadas por tensiones internacionales. El buen gobierno parece estar menos centrado en cumplir a cabalidad su programa que en demostrar capacidad de conG ducción frente a dinámicas complejas e incertidumbre. El primer desafío de Kast será la seguridad, cuya principal debilidad es la enorme expectativa generada. En los últimos años el Congreso aprobó cerca de setenta leyes destinadas a fortalecer las herramientas del Estado frente al crimen. Ese nuevo marco legal amplía las capacidades, pero la eficacia dependerá de su implementación y de cómo policías y tribunales interpreten estas facultades. Las leyes tardan en mostrar resultados y en seguridad ese desfase suele ser mayor. Probablemente algo de pirotecnia inicial ayude a instalar una imagen de éxito, pero si los resultados no afloran con la rapidez prometida, la frustración y el juicio ciudadano pueden ser lapidarios. En materia económica, Kast asumirá con condiciones relativamente favorables: precio del cobre alto, inversión al alza e inflación estabilizada. Sin embargo, la obsesión por reducir el gasto fiscal más allá de lo razonable puede ahogar una buena gestión. La modernización del Estado no pasa necesariamente por recortes, sino por mejorar procesos y reasignar recursos. El desafío mayor está en el empleo, donde factores estructurales como la calificación de los jóvenes, el envejecimiento de la población y las dinámicas migratorias dificultan una recuperación rápida. Estos problemas no se resuelven únicamente con estímulos de corto plazo. Se requiere avanzar hacia una estrategia de desarrollo capaz de proyectarse más allá de un solo mandato. Asimismo, gobernar sin mayoría parlamentaria es hoy un problema estructural. En un Congreso fragmentado, la capacidad de diálogo y negociación se vuelve un recurso central de gobernabilidad. Kast no se ha caracterizado por promover acuerdos amplios y ahora deberá moverse en una cancha que le resulta ajena. Los gobiernos que logran sostener reformas en contextos institucionales complejos suelen construir acuerdos graduales más que imponer transformaciones abruptas. Si insiste en la llamada "batalla cultural", podría terminar sacrificando gobernabilidad tanto en el Congreso como ante una ciudadanía que rechaza que los políticos definan lo culturalmente válido. El desafío de la política exterior para un país como Chile es mantener autonomía dentro de márgenes razonables, negociando con inteligencia frente a los intereses de las grandes potencias. Un alineamiento absoluto con Estados Unidos o China implicaría desaprovechar la posibilidad de ser un actor estratégico en un mundo de cambios. Mejorar nuestra posición exige mayor rigurosidad en el análisis de inversiones en ámbitos sensibles para la seguridad y acuerdos transversales sobre el tipo de proyectos que el país está dispuesto a impulsar. Tal vez el desafío más profundo del nuevo gobierno sea comprender el carácter transitorio de la confianza electoral. Cuando la ciudadanía observa la política con escepticismo, los triunfos no representan cheques en blanco.
Boric lo experimentó en carne propia y Kast, en un escenario similar, deberá asumir que las cosas rara vez ocurren como se planifican y estar dispuesto, si la situación lo amerita, a corregir drásticamente el rumbo para evitar un naufragio político. = Aldo Casinelli Director Escuela de Gobierno Universidad Autónoma de Chile Más que un gobierno de emergencia 1 gobierno que inicia su mandato enfrenta un escenario E complejo y exigente.
Durante los últimos años se han acumulado tensiones económicas, sociales e institucionales que hoy se expresan en tres prioridades ineludibles como son recuperar la seguridad, ordenar las finanzas públicas y retomar el crecimiento con más empleo. Estos tres ejes configuran la agenda de emergencia que el nuevo Ejecutivo ha planteado como punto de partida para estabilizar al país. No son objetivos menores. En buena medida, la percepción ciudadana sobre el éxito o fracaso del gobierno dependerá de su capacidad para avanzar con rapidez en estas materias. La seguridad se ha transformado en una de las principales preocupaciones de la población. Más allá de las estadísticas, lo que pesa en la vida cotidiana es la sensación de temor y desorden que se ha instalado en muchos barrios y espacios públicos.
Recuperar la seguridad no solo implica fortalecer la acción policial o mejorar el funcionamiento del sistema judicial, también supone reconstruir la confianza en la capacidad del Estado para ejercer su función más básica que es resguardar el orden público y garantizar condiciones mínimas de convivencia. El segundo desafío es fiscal. Las restricciones presupuestarias obligan a una gestión responsable y rigurosa del gasto público. El aumento de la deuda y el estrechamiento de los márgenes fiscales reducen el espacio para promesas sin respaldo financiero. La disciplina fiscal no es una consigna técnica ni un debate exclusivamente económico, es la condición necesaria para sostener políticas públicas responsables. A ello se suma el desafío del crecimiento económico y la generación de empleo. Sin dinamismo productivo, cualquier agenda social termina chocando con los límites de los recursos disponibles. El país necesita recuperar inversión, productividad y confianza en su economía. Esto exige estabilidad institucional, reglas claras y una estrategia de desarrollo capaz de aprovechar las oportunidades que ofrece el contexto internacional, desde la transición energética hasta la creciente demanda por minerales críticos. En este escenario, otro desafío igualmente relevante será la gestión de las expectativas ciudadanas. La experiencia reciente muestra que cuando las promesas políticas se distancian de la realidad económica y fiscal, el resultado suele ser frustración social y deterioro de la confianza pública. El nuevo gobierno deberá ser capaz de comunicar con realismo las limitaciones del momento, en un contexto internacional incierto y con restricciones presupuestarias evidentes. Administrar bien las expectativas no significa renunciar a las aspiraciones de progreso, sino construir un camino creíble para alcanzarlas. Sin embargo, resolver la emergencia es solo el primer paso. El verdadero desafío político del gobierno estará en ir más allá de la administración de las urgencias. Si logra estabilizar el escenario en seguridad, orden fiscal y crecimiento, deberá entonces plantearse una tarea más ambiciosa como es definir una orientación clara del país que queremos para la próxima década. Ese será probablemente el criterio con el que se evaluará históricamente esta administración. Los gobiernos que se limitan a gestionar crisis suelen quedar atrapados en la contingencia. En cambio, aquellos que logran proyectar un rumbo, establecer prioridades estratégicas y construir acuerdos duraderos dejan una huella más profunda en el desarrollo del país. Autor: Daniel Grimaldi Director ejecutivo de Fundación Chile21 Aldo Casinelli Director Escuela de Gobierno Universidad Autónoma de Chile.
José Antonio Kast asumió la Presidencia de la República tras un contundente resultado en las urnas y con un mensaje de que el país requiere cambios urgentes que demandan un gobierno de "emergencia". Ahora comienza el despliegue de su agenda, y los analistas abordan los desafíos que en ello deberá afrontar la nueva administración.