Editorial: Alerta roja a la conciencia
Editorial: Alerta roja a la conciencia toridades de Conaf aseguran que los vientos protegen -por ahoraal territorio nacional de esas llamas trasandinas, una amenaza mucho más concreta y peligrosa opera dentro de las propias fronteras regionales: la desidia humana. Resulta incomprensible, casi demencial, que con la tragedia ambiental desplegándose a solo 14 kilómetros del límite político, existan individuos capaces de violar las prohibiciones más elementales de seguridad en zonas de alto valor ecológico. La reciente detención de dos hombres adultos, de 39 y 40 años, sorprendidos por Carabineros encendiendo una fogata al interior del Parque Nacional Alerce Andino, es un ejemplo claro de la idiotez humana. No se trata de niños jugando con fósforos, sino de ciudadanos maduros que, con plena consciencia, deciden ignorar la normativa y poner en riesgo un patrimonio milenario. A esto se suma la emergencia en El Tepual, donde una "quema de matorrales" -eufemismo habitual para la negligenciaescaló hasta amenazar viviendas, obligando el despliegue masivo de Bomberos y brigadistas. El patrón es claro y aterrador. Ya sea el "origen intencional" que investiga la fiscalía argentina o la "quema descontrolada" en la periferia de Puerto Montt, el denominador común es la mano del ser humano. La naturaleza no se enciende sola con la facilidad que se cree; requiere de una chispa, un descuido o una intención dolosa. Si bien es justo valorar la eficacia de la Patrulla Forestal y la rápida respuesta en El Tepual, cabe preguntarse si el aparato sancionatorio está a la altura del riesgo. Una multa o una citación parecen castigos irrisorios frente a la posibilidad de reducir a cenizas reservas de la biósfera o poblaciones enteras. La prevención técnica que despliega Conaf, con sus monitoreos satelitales y alertas preventivas verdes, se vuelve estéril si la ciudadanía no asume su rol. El viento puede cambiar y traer el humo de Argentina, pero contra la estupidez local no hay barrera natural que valga. Y eso es tremendamente preocupante. L a columna de humo que asoma sobre la cordillera, proveniente del incendio que consume miles de hectáreas en Chubut, es una postal intimidante visible desde Puerto Montt. Mientras las au-. Mientras Argentina combate un desastre, en Puerto Montt persisten conductas absurdas en zonas protegidas. E Editorial