Editorial: Alcohol: el mapa desigual
Editorial: Alcohol: el mapa desigual l último informe de Senda entrega un titular que, en la frialdad del papel, resulta alentador: el consumo de alcohol en la región ha descendido al 21,6%, ubicándose bajo la media nacional. Es E un dato valioso, sin duda. Sin embargo, si se intenta explicar ese porcentaje a una familia que vive en la calle Volcán Apagado, en el sector de Mirasol, es probable que la cifra carezca de sentido. Existe un divorcio entre la estadística y la realidad micro de los barrios, donde la "externalidad negativa" del alcohol no es un número en un gráfico, sino un asedio constante a la calidad de vida. Es valorable que 12 municipios hayan actualizado sus ordenanzas de alcoholes, una gestión acelerada por la acertada decisión del Gobierno Regional de condicionar los fondos de seguridad a la existencia de esta normativa. Ordenar la casa administrativa es el primer paso. Pero la letra de la ley, por muy moderna que sea, no patrulla las calles ni silencia los ruidos molestos. De poco sirve tener una ordenanza impecable archivada en la municipalidad si en la práctica la fiscalización es esporádica o inexistente. El contraste entre comunas es decidor.
Mientras en Calbuco la autoridad local, respaldada por denuncias vecinales y carabineros, procede a la clausura y no renovación de patentes que amparan focos de delincuencia e incluso prostitución clandestina, en Puerto Montt la inercia parece ser mayor. Resulta incomprensible, desde cualquier lógica de planificación urbana y protección social, que operen dos botillerías frente a frente y a escasos 50 metros de un jardín infantil que ya ha sufrido vandalismo. Aquí la norma choca con el sentido común. Permitir que el entorno de la primera infancia se convierta en una zona de carrete y consumo es una derrota para la ciudad. A esto se suma un dato del estudio que no debe pasar desapercibido: la percepción de riesgo ha bajado. Se le ha perdido el miedo al consumo excesivo. Esta normalización alimenta fenómenos como las carreras clandestinas y la ingesta de alcohol en vehículos, situaciones que tienen a los residentes viviendo con miedo, obligados a denunciar desde el anonimato para evitar represalias.
Las autoridades deben comprender que la meta no es bajar un punto en la encuesta, sino devolver la paz a los vecinos.. Mientras Senda destaca el 21,6%, residentes de Mirasol denuncian botillerías que operan sin control frente a un jardín infantil. E Editorial