Autor: DR. CAMILO SOUTO VICEDECANO FACULTAD INGENIERÍA AGRÍCOLA UDEC INGENIERO CIVIL AGRÍCOLA
Columnas de Opinión: El agua como un desafío ético y técnico
Columnas de Opinión: El agua como un desafío ético y técnico H ablar de agua en Ñuble ya no es referirse únicamente a lluvias, canales o embalses Es hablar de cómo queremos habitar nuestro territorio, producir alimentos, proteger los ecosistemas y dar seguridad a las comunidades rurales y urbanas. Por eso, el agua se ha convertido en un desafío ético y técnico de primera magnitud. Es un desafío ético porque las decisiones sobre el agua nunca son neutras. Definen prioridades, distribuyen oportunidades y también riesgos. Cuando falta agua, no solo se resiente la producción agrícola; también se tensiona la vida cotidiana de las familias, la viabilidad de los territorios y la salud de los ecosistemas. Administrar bien este recurso exige, por tanto, responsabilidad, visión de largo plazo y sentido de justicia. Pero el agua también es un desafío técnico. La evidencia reciente en Ñuble así lo confirma.
Según el balance hídrico regional informado en mayo por la Dirección General de Aguas (DGA), la región aún presenta un déficit promedio de precipitaciones de 14%; Punilla llega a 23% de déficit; los caudales de los principales ríos muestran un déficit promedio de 4,5% en el período enero-abril de 2026; y los embalses siguen bajo presión, con Coihueco en 38,9% de llenado y La Punilla ni hablar aún en proceso de viabilidad económica. Aunque hay señales de recuperación respecto de años anteriores, la vulnerabilidad hídrica sigue presente y exige inteligencia, monitoreo y capacidad de adaptación. A ello se suma la contingencia agrícola.
La decisión de la empresa Iansa de no procesar remolacha para la temporada 2026-2027, luego de haber operado en 2025 con más de 7.000 hectáreas cosechadas, es una señal elocuente de la fragilidad que enfrenta hoy el mundo agroalimentario.
Detrás de esa decisión hay mercados, costos y rentabilidad, pero también una pregunta más profunda: ¿ estamos preparando al país para gestionar con conocimiento escenarios cada vez más inciertos? Ahí aparece una tarea fundamental de las universidades. Formar profesionales en el área de la ingeniería civil agrícola e ingeniería ambiental es entregar herramientas para medir caudales, diseñar obras o mejorar la eficiencia del riego. Más aún, consiste en formar criterio, ética pública y compromiso con el bien común. Chile, y particularmente regiones agrícolas como Ñuble, necesita especialistas capaces de integrar ciencia, tecnología, territorio y responsabilidad social. Necesitamos ingenieras e ingenieros que comprendan que una solución hídrica eficaz debe ser, al mismo tiempo, técnicamente sólida, ambientalmente sustentable y socialmente pertinente. Esa es la formación que hoy debemos fortalecer, la de profesionales preparados para anticipar conflictos, proponer soluciones y conducir decisiones complejas con rigor y sentido de responsabilidad. El futuro del agua no dependerá solo de más infraestructura. Dependerá, sobre todo, de la calidad humana y profesional de quienes hoy estamos formando para cuidarla, gestionarla y proyectarla como un bien esencial para el desarrollo de Ñuble y del país.
En contraste, estaciones como Chillán y Las Trancas mostraron en este periodo precipitaciones acumuladas superiores a un año normal, una señal alentadora que, sin embargo, no autoriza complacencia: recuperar lluvia no equivale automáticamente a resolver la seguridad hídrica regional plena.
La decisión de la empresa Iansa de no procesar remolacha para la temporada 2026-2027, luego de haber operado en 2025 con más de 7.000 hectáreas cosechadas, es una señal elocuente de la fragilidad que enfrenta hoy el mundo agroalimentario. Detrás de esa decisión hay mercados, costos y rentabilidad, pero también una pregunta más profunda: ¿ estamos preparando al país para gestionar con conocimiento escenarios cada vez más inciertos? Autor: DR. CAMILO SOUTO VICEDECANO FACULTAD INGENIERÍA AGRÍCOLA UDEC INGENIERO CIVIL AGRÍCOLA.
La decisión de la empresa Iansa de no procesar remolacha para la temporada 2026-2027, luego de haber operado en 2025 con más de 7.000 hectáreas cosechadas, es una señal elocuente de la fragilidad que enfrenta hoy el mundo agroalimentario. Detrás de esa decisión hay mercados, costos y rentabilidad, pero también una pregunta más profunda: ¿ estamos preparando al país para gestionar con conocimiento escenarios cada vez más inciertos?