Autor: JOSÉ ANTONIO GUZMÁN M.
Cartas: Esperanza
Cartas: Esperanza Esperanza Señor Director: Luego de leer en estos días su diario y otros medios de comunicación, de ver las opiniones de variados comentaristas y de mirar las noticias de TV, me pregunto si el mundo, incluido Chile, está desbordado y fuera de control, si tiene remedio o si Dios piensa que con estas criaturas, su plan de paz y amor no va a llegar a ninguna parte.
Si uno observa las guerras, la pobreza, la pérdida de valor de la familia, la baja natalidad, la inseguridad y aumento del crimen organizado, el egoísmo de las personas y de los países, los líderes irresponsables, la polarización política y social, el avance del islamismo que recluye a las mujeres, los extremos de la inteligencia artificial que borra empleos y tantas otras señales que exhibe hoy la humanidad y también nuestro país, es fácil caer en el pesimismo y la desesperanza. Y mi respuesta es definitiva: no pierdo la esperanza. No hablo solo de la esperanza de una vida eterna, que la tengo, sino de un mundo y un país mejor.
Junto a las noticias y opiniones negativas que abundan en Chile, muchas veces con razón, están los innumerables y desconocidos ejemplos de trabajo bien hecho de autoridades, funcionarios públicos y privados, de profesionales, empresarios y emprendedores, de jóvenes y adultos, nacionales e inmigrantes, religiosos y laicos y de muchas instituciones del Estado y universidades.
Están las silenciosas acciones de apoyo del sector privado y de los gremios a los más necesitados, a los adultos mayores y ancianos, el sacrificado trabajo en educación para abrirles oportunidades a jóvenes y niños y el inmenso aporte financiero para que las instituciones de bien funcionen. Esto es lo que debemos resaltar sin sesgos negativos, los medios, la TV y las redes sociales y los dirigentes políticos y privados. Bajar la crispación política y la crítica sin sentido. Lo hemos hecho antes y tengo esperanza de que podemos hacerlo de nuevo. Autor: JOSÉ ANTONIO GUZMÁN M..