El inglés como privilegio y no como derecho
El inglés como privilegio y no como derecho E n Chile nos encanta decir que el pero el sistema no acompaña. Las horas inglés es la llave del futuro. Que de inglés son pocas, los cursos son grandes y no siempre hay docentes con formación especializada en el idioma. A veces un solo profesor tiene que correr entre varios cursos, varios niveles, y aun así se espera que los estudiantes salgan hablando inglés con seguridad. Es una exigencia injusta. sin inglés no hay pega, que el mundo es global, que las oportunidades están afuera. Lo repetimos en discursos, en planes de estudio y en comerciales del sistema educativo.
Pero cuando uno mira la realidad, especialmente en regiones como Atacama, la pregunta es inevitable: ¿ de verdad estamos enseñando inglés o solo estamos cumVarios bañarcillo pliendo con ponerlo en el horario? Porque seamos claros: en Chile el inglés casi no se habla. No está en la feria, no está en la micro, no está en la conversación diaria. Para la mayoría de los niños y niñas, el inglés es un idioma extraño, lejano, que solo existe dentro de una sala de clases y en una prueba. Y aprender un idioma así es difícil, frustrante y, muchas veces, aburrido. En Atacama esta dificultad se multiplica. No por falta de ganas, sino por falta de condiciones. Hay colegios que hacen esfuerzos enormes, profesores comprometidos que trabajan con lo que tienen, Además, el inglés suele enseñarse de forma rígida, casi como una materia matemática: reglas, tiempos verbales, listas de vocabulario. Poco espacio para hablar, para equivocarse, para reírse del error y seguir intentando. Y eso es clave, porque el miedo a equivocarse es uno de los grandes enemigos del aprendizaje del inglés. En regiones como Atacama, donde el contacto con el idioma es mínimo, ese miedo se vuelve todavía más fuerte. A esto se suma una verdad incómoda: muchas de las personas que realmente logran aprender inglés en Chile no lo hacen solo gracias al colegio. Lo hacen porque tienen la posibilidad de estudiar inglés fuera del país, de viajar, de hacer intercambios o de vivir un tiempo en lugares donde el idioma se usa todos los días. Es ahí donde el inglés deja de ser un contenido y pasa a ser una herramienta real de comunicación. Pero no todos pueden acceder a eso, y esa diferencia vuelve a marcar una brecha enorme. La desigualdad se nota con fuerza. No es lo mismo aprender inglés en un colegio con intercambios, talleres extra, viajes o profesores nativos, que aprenderlo en un establecimiento que apenas alcanza a cubrir el programa. En Santiago y en sectores con más recursos, el inglés aparece en academias, en clases particulares, en viajes al extranjero. En Atacama, muchas veces el inglés termina siendo solo una asignatura más, desconectada de la vida real. Y después nos sorprendemos cuando los resultados son bajos. Cuando los estudiantes llegan a la educación superior sin poder mantener una conversación básica. Cuando sienten vergüenza al hablar. Cuando creen que el inglés "no es para ellos". Ahí el problema ya no es solo académico, es social. Se instala la idea de que aprender inglés es un privilegio, no un derecho. Lo más contradictorio es que el inglés sí importa. Es una herramienta clave en el mundo laboral. Abre puertas a mejores trabajos, mejores sueldos y más oportunidades, especialmente en áreas como la minería, el turismo, la ciencia, la tecnología y los servicios. En regiones como Atacama, donde muchas empresas trabajan con el extranjero, no manejar inglés puede significar quedar fuera, aunque tengas las capacidades técnicas. Por eso, si de verdad queremos que el inglés deje de ser una barrera, tenemos que cambiar el enfoque. Menos obsesión con la nota y más con la comunicación. Menos pruebas y más experiencias reales. Más apoyo a los profesores, más formación, más horas bien aprovechadas y adaptadas a la realidad regional. También es clave entender que Atacama no es Santiago. No se puede copiar y pegar un modelo educativo y esperar que funcione igual en todo Chile. Enseñar inglés sin contexto, sin uso real y sin considerar las desigualdades solo reproduce el problema. El inglés no debería depender de si puedes viajar o estudiar fuera del país. Debería ser una herramienta al alcance de todos. Pero mientras sigamos enseñándolo como algo lejano, difícil y desconectado de la vida real, seguiremos fallando.. POR: PAULA CARMONA CABRERA, ADMINISTRADORA TURÍSTICA INTERNACIONAL CON MASTER EN PERIODISMO DE VIAJES.