Columnas de Opinión: El espejismo del crecimiento infinito
Columnas de Opinión: El espejismo del crecimiento infinito Vivimos en una época donde la consigna incuestionable es crecer más. Crecer en producción, en consumo, en indicadores económicos. El éxito de las naciones y de las personas se mide, casi sin excepción, por cuánto se acumula. Sin embargo, esta aspiración es también una de las raíces más profundas de nuestras frustraciones colectivas: tensiones geopolíticas, desigualdad estructural y una crisis ambiental que ya no admite negación. Este foco obsesivo vuelve invisible lo esencial.
Hemos dejado de preguntarnos por el equilibrio, por el orden natural de las cosas. ¿ Qué lugar ocupa hoy la Tierra en nuestras decisiones? ¿ Qué significa realmente habitar la Casa Común, como advertía el Papa Francisco? Si las señales del presente son claras: degradación de ecosistemas, pérdida de biodiversidad y eventos climáticos extremos. En este contexto, emerge la idea del decrecimiento. No como un retroceso, sino como una revisión profunda de nuestras prioridades. Consumir menos o producir de manera distinta, redefiniendo lo que entendemos por bienestar.
Pero aquí surge la pregunta que incomoda tanto a individuos como a sociedades enteras: ¿ estamos dispuestos a renunciar a privilegios y niveles de consumo, en nombre de la sostenibilidad? En este sentido, el filósofo japonés Kohei Saito en su libro El Manifiesto del Decrecimiento, advierte sobre la crisis sistémica del problema keynesiano ambiental, donde se estimula el crecimiento desaclopando estos indicadores del impacto negativo en el medio ambiente. Este desacople paliativo se vende bajo la promesa de energías limpias, pero se cae en la trampa: la explotación en las periferias -del sur globaly el apetito insaciable del extractivismo. Una política gubernamental que se originó con Roosevelt en los años 30, el «Green New Deal» o trato verde ante la crisis.
La pregunta es inevitable: ¿ puede un sistema basado en la expansión infinita adaptarse a un planeta con límites finitos? La transición energética exige grandes cantidades de litio, cobalto, tierras raras y agua, concentradas en el sur global, incluido nuestro Chile, reproduciendo nuevas formas de explotación bajo un diluido sello ecológico. El desafío no es solo tecnológico o económico, sino cultural: revisar hábitos y nuestra idea de progreso. Porque, en el fondo, no se trata solo de crecer, sino de qué tipo de vida queremos sostener en un planeta que también debe sobrevivir. Diego Eduardo Olivares Díaz Periodista, Magíster en Gestión y Liderazgo Educacional. Columna de opinión: Diego Eduardo Olivares Díaz Periodista, Magíster en Gestión y Liderazgo Educacional