Columnas de Opinión: Recordando a Habermas: una reflexión sobre el proyecto de Reconstrucción Nacional
Columnas de Opinión: Recordando a Habermas: una reflexión sobre el proyecto de Reconstrucción Nacional Opinión La democracia no es solo contar votos. También es escuchar razones.
En ese sentido, volver a Jürgen Habermas no es un ejercicio teórico, sino una advertencia práctica: una sociedad progresa no cuando una mayoría se impone, sino cuando es capaz de deliberar y construir acuerdos que perduren más allá del ciclo político, algo que carece nuestro país en el ultimo tiempo. En ese sentido, el proyecto de Reconstrucción Nacional del gobierno del presidente José Antonio Kast se instala precisamente en ese terreno. Surge como respuesta a un diagnóstico ampliamente compartido: Chile lleva años creciendo poco, con inversión contenida, empleo débil y finanzas públicas exigidas. La necesidad de dinamizar la economía y fortalecer un ecosistema de inversión es evidente. El desacuerdo, más que en el problema, está en cómo abordarlo. El núcleo del proyecto apunta en esa dirección. No solo es el corazón económico de este gobierno, sino que en la práctica constituye una verdadera reforma tributaria. La rebaja del impuesto corporativo de 27% a 23%, junto a otras medidas pro crecimien to, busca mejorar los incentivos a la inversión. Esto es una apuesta reconocible en la teoría económica, donde menores cargas al capital pueden estimular la inversión. Sin embargo, la evidencia sugiere algo más matizado: estos efectos no son automáticos ni suficientes, por sí solos, para asegurar un crecimiento sostenido o compensar completamente la menor recaudación. Y es precisamente en ese punto donde el diseño importa. Cuando una agenda amplia se articula en un solo proyecto, especialmente bajo una narrativa de "reconstrucción", existe el riesgo de simplificar discusiones complejas y tensionar los tiempos del debate. No necesariamente porque se quiera evitar deliberar, sino porque la dinámica institucional empuja a resolver en bloque lo que requiere matices. Pero en materias como crecimiento, inversión y empleo, votar no basta. No basta con mayorías circunstanciales. Se requieren acuerdos que otorguen estabilidad en el tiempo. La economía no responde bien a péndulos bruscos ni a cambios permanentes de dirección. Necesita confianza, cooperación y coherencia de políticas sostenidas que permitan construir un entorno favorable para la inversión y el empleo. Ese es el desafío de fondo. No solo qué medidas adoptar, sino cómo construirlas para que sean sostenibles. Porque sin acuerdos amplios, incluso las buenas ideas pueden volverse transitorias. Y ahí está la oportunidad que abre esta reforma: no caer en la mezquindad de imponer ideologías, sino impulsar un debate nacional amplio sobre cómo queremos construir la economía del país. Sin embargo, a la luz de la experiencia reciente, persiste una dificultad evidente de nuestro sistema político para sostener conversaciones de este tipo. Recordar a Habermas es recordar que la legitimidad democrática no se agota en la decisión, sino que se construye en el proceso. Que deliberar no es retrasar, sino mejorar. Y que, en un país que busca retomar el crecimiento, la conversación bien hecha no es un obstáculo: es parte fundamental de la solución.. Lucas Serrano Cientista Político Director de la carrera de Administración Pública