Autor: Por David Tralma y Gloria Faúndez / Foto Gustavo Pineda
"Hemos tenido tensiones y diferencias, pero entendemos que es importante la unidad"
"Hemos tenido tensiones y diferencias, pero entendemos que es importante la unidad" amila Vallejo (PC) es, al C término del gobierno, la única sobreviviente del otrora poderoso triunvirato de ministros que recalaron en La Moneda junto al Presidente Gabriel Boric en 2022.
La exministra del Interior Izkia Siches fue la primera baja del trío y luego el Segpres Giorgio Jackson corrió la misma suerte, pese a que en su última etapa en el poder se le debió reubicar en el Ministerio de Desarrollo Social. Vallejo sólo abandonó a fines de 2024 La Moneda para ser madre y retomó su rol en julio de 2025.
Hoy es la encargada de hacer el balance a menos de dos meses del término del gobierno y anuncia que el fin de la administración de Gabriel Boric también significará su propia salida de la primera línea de la política. ¿Tiene acaso el gobierno que hacer algún mea culpa tras el desenlace del homicidio de Julia Chuñil? Como autoridades se hicieron eco de la tesis de que su desaparición había sido por su calidad de activista medioambiental. ... Me impresiona la capacidad de algunos de hacer que todo tema termine siendo una responsabilidad del gobierno. El gobierno ha constatado que hay una persona que estaba desaparecida, que era mapuche, y la relación a su condición social o de posible activismo jamás fue atribuida a una supuesta hipótesis. En otros casos donde hay víctimas, siempre hemos hecho alusión a la condición social, política, étnica, incluso profesional de las víctimas. Cuando asesinan a carabineros, mencionamos que son carabineros. No por eso decimos que los asesinan o matan en su condición de carabineros.
Hoy día ya tenemos algunas luces o conocimiento de lo que estuvo detrás de la desaparición y el asesinato de Julia Chuñil, pero es algo que todavía está en manos de la justicia y serán los tribunales los que finalmente eligen las responsabilidades y las condenas asociadas. En Chile desaparecen varios chilenos.
Y el gobierno no se pronuncia respecto de todos, ni hace una vocería respecto de dónde está su paradero. .. El caso de Julia Chuñil empezó a generar conmoción en su comunidad, en ciertas organizaciones, en el mundo político y también en la prensa. El gobierno se pronuncia sobre la realidad y las preocupaciones que asisten a la sociedad.
Poner foco solo en este, parece que arroja una cierta intencionalidad, insisto, porque no se juzgan con la misma vara los pronunciamientos sobre otros casos judiciales que ha tenido que hacer el gobierno cuando se trata, por ejemplo, insisto, o de carabineros o que sea de víctimas de femicidio o de otros casos judiciales.
Insisto que hacer alusión a la condición social, política, étnica, institucional o profesional de una víctima no dice relación con atribuir una hipótesis de la causal o motivación de su condición de víctima. ¿No es esta situación un buen ejemplo del desafío de habitar el cargo, como señaló el Presidente Gabriel Boric? No advertir el peso de los pronunciamientos cuando son autoridades. .. Cuando hay un tema que genera conmoción es un poco inevitable que las autoridades no recojan esa preocupación. Siempre, obviamente, tomando posición política y, al mismo tiempo, respetando los otros poderes que están detrás de las investigaciones o las diligencias correspondientes. Habitar el cargo no se trata de ser una estatua, también se trata de asumir políticamente las tareas que tú tienes frente a un país que tiene ciertas preocupaciones contingentes y permanentes.
Estamos a dos meses del término del gobierno, ¿cuánto pesó la falta de experiencia en el ejercicio del poder? Dicen que otra cosa es con guitarra, y yo siempre he dicho, ojalá fuera como tocar la guitarra, ya que es manejar una orquesta, es mucho más que aprender a tocar guitarra. Es una tarea compleja. Nadie de los que entramos, ni el presidente, ni yo, ni Giorgio, ni nadie, al menos por lo que hemos conversado, creímos que esto iba a ser fácil. Pero ser gobierno tiene siempre dificultades adicionales no previstas. Una de ellas, por ejemplo, es que nos dimos cuenta de que la tarea de estabilización de ciertas crisis que había era mayor de la que esperábamos. Nunca hablamos de todas las crisis que tuvimos que enfrentar. Una de las tareas que tuvimos que hacer es estabilizar cuatro crisis que al menos logramos identificar muy profundamente. La crisis sanitaria, la crisis educativa, fruto sobre todo de los efectos de la pandemia, y además la crisis económica y la crisis de seguridad inmigratoria. No esperábamos que las fronteras estuvieran tan abandonadas; si bien teníamos una agenda de seguridad, no contemplaba un énfasis específico sobre el crimen organizado que ya estaba asentado en Chile. Tuvimos que hacer esos ajustes. Vuelvo al punto.
Jamás pensamos que sería fácil, pero la tarea por estabilizar y normalizar fue mucho mayor de la que esperábamos. ¿Y por qué no lo plantearon en su minuto? Temimos que se entendiera como que le estábamos echando la culpa al gobierno anterior. Y me da la impresión de que faltó ser mucho más enfático en mostrarle a la gente cómo estaba el país cuando llegamos. Hoy día, por ejemplo, a propósito de la discusión sobre el déficit fiscal, la PGU tenía un déficit de financiamiento de 2.000 millones de dólares y tuvimos que reasignar. Todos los ministerios probablemente pagaron cos Camila Vallejo Autor: Por David Tralma y Gloria Faúndez / Foto Gustavo Pineda.
A la hora del balance y en medio de una crisis oficialista de futuro incierto, la vocera sostiene que perseverar en la unidad es lo que ha permitido avances para los chilenos, mantiene sus dudas sobre el desembarco de Kast en La Moneda y anuncia su retiro de la primera línea política. Camila Vallejo "Hemos tenido tensiones y diferencias, pero entendemos que es importante la unidad" V tos de esa reasignación.
La deuda pública a propósito del IFE laboral y otras situaciones generó una situación inflacionaria muy grande, más lo que afectó la pandemia, más la guerra de Rusia contra Ucrania, la inflación, la economía estaba sobrecalentada, la inflación se proyectaba llegar a los dos dígitos, llegó al 14%, pero también porque se sobregastó, con o sin razón, yo creo que obviamente había que atender a la gente y sus necesidades, y eso tuvimos que enfrentarlo nosotros. O sea, si me preguntan, yo puedo decir que a nosotros sí nos tocó ser el gobierno de emergencia.
Sí a nosotros nos tocó enfrentar la inflación de un 14%, a Kast le va a tocar solo un 3%. Sí a nosotros nos tocó enfrentar fronteras totalmente abandonadas, ahora al gobierno de Kast le va a tocar una frontera con presencia militar, con tecnología, con drones. Si cuando nosotros llegamos el Tren de Aragua estaba libre en las calles, hoy día tenemos a más de 300,400 líderes del Tren de Aragua y sus células privados de libertad. Cerrando la idea, claro, nos faltó decirle a la gente más directamente con claridad todas las crisis que tuvimos que enfrentar.
Algunas las controlamos, otras las hemos hecho retroceder, pero gracias a la gestión, gracias a una tarea bien ardua, eso se enfrentó y vamos a entregar un país mucho más estable de lo que nosotros recibimos. Algo se habrá hecho mal, ministra, le recordamos. .. Bueno, para eso están los medios.
Crisis como Temucuicui, Convenios, Monsalve, Casa Allende. .. Las (crisis) propias. ¿Cuál es la que recuerda como la más complicada? En términos políticos, el resultado del plebiscito constitucional, que generó la necesidad de hacer ciertos ajustes en la agenda de gobierno, pero de las más complicadas yo creo que fue el asesinato de los tres carabineros en Cañete y la crisis asociada al caso del exsubsecretario del Interior.
Son bastante conocidas las crisis, son fáciles de enumerar, pero a pesar de esas dificultades que tuvimos como gobierno, lo importante es que si bien el balance final va a ser el 12 de marzo, con todas las cosas que nos quedan por sacar, la tarea del gobierno de estabilizar la situación en materia sanitaria, educacional, migratoria, de seguridad y económica, logró ir muy de la mano con la tarea de transformar y mejorar las condiciones materiales, de existencia, de millones de compatriotas si consideramos, por ejemplo, la reforma de pensiones. Entonces sí, tuvimos crisis.
El presidente ha hablado en varias oportunidades de que se pudo haber enfrentado de mejor manera varias situaciones, que fueron errores, varias situaciones. ¿Y a qué atribuye, en general, esos errores? A ver, es que yo creo que en el caso Monsalve ha sido en varias oportunidades que manifestamos lo que se pudo haber hecho mejor, pero cuestionar el compromiso y la agenda de género del gobierno a propósito de eso es querer tapar el sol con un dedo. ¿Por qué? Porque la agenda de gobierno en materia de género ha sido sumamente positiva. Imaginense que la reforma de pensiones tuvo un componente de género importante. En materia de cuidados, sacamos el Sistema Nacional de Cuidados, que beneficia principalmente a las mujeres, que son las que cuidan. En materia de la ley Papito Corazón, tres billones de pesos se han ordenado pagar a propósito de que deudores, mayoría hombres, no estaban pagando este costo producto de los cuidados de menores, hijos, etc. Los centros de violencia para atender a víctimas de violencia, las 40 horas que también tuvieron un componente de género. Sin embargo, se produce lo inimaginable: una autoridad en La Moneda acusada de violación y abuso sexual. Se pudo haber hecho mejor, podría haber sido más rápido, pero la decisión que se tomó fue correcta, de pedirle su renuncia. Entonces, unas horas más, unas horas menos, eso ha sido juicio político y evidentemente hubiese sido mejor hacerlo antes.
Esta semana no ha sido fácil para el oficialismo, ¿cómo califica el estado actual del oficialismo? No sé si entrar como ministra de Estado a calificar el estado actual del oficialismo, pero sí sumarme a las palabras del presidente que hace un llamado, que es muy claro, a la unidad del progresismo y del oficialismo, que es lo que nos ha permitido, entre otras cosas, tener hoy día, por ejemplo, una reforma de pensiones.
Al final, lo que uno les puede decir al oficialismo, a los partidos, es que no es que no puedan tener diferencias, porque eso es incluso hasta deseable en el propio sector, sino que esas diferencias ojalá se puedan discutir y resolver en los espacios correspondientes, porque lo que tenemos hoy día y para adelante es una tarea muy grande. ¿No le parece que lo que se ha producido en el oficialismo esta semana tras la absolución de Claudio Crespo en el caso Gatica es un tema más de fondo? No, yo creo que son temas que se pueden resolver, no es primera vez que se han manifestado incluso las votaciones o las discusiones en los debates legislativos, diferencias al interior de los mismos partidos o entre partidos, entre bancadas. Y al final, a pesar de esa diferencia, hemos logrado con unidad sacar cosas que son muy importantes. Tengo la impresión de que debates como en torno a las posiciones morales o la forma de plantear las diferencias son siempre cuestiones que se pueden discutir y resolver. Y SIGUE Autor: Por David Tralma y Gloria Faúndez / Foto Gustavo Pineda. Los presidentes y los partidos na rara simetría se ha estado configurando en la política chilena. Quizás esto no sea tan extraño cuando la política se vuelve bipartidista, con dos U grandes bloques que reúnen a todo el espectro de partidos. Pero en realidad, Chile ha vivido así desde 1990 y no siempre se produjo el mismo fenómeno. La situación actual enfatiza el costado dialéctico de la política.
En el victorioso campo de las derechas, los partidos se han venido quejando de que el diseño del presidente electo, José Antonio Kast, no les asigna un papel orgánico, lo que más o menos quiere decir que no está atendiendo a sus listas de postulantes a ministros y altos funcionarios y, por lo tanto, no está tan preocupado de los equilibrios entre los partidos.
En el caso de las izquierdas, el fallo judicial que exculpó a un excarabinero enardeció a los partidos y los llevó a la cuasi ruptura, con la discusión retrospectiva de una ley dictada para respaldar a la policía. En verdad, el fondo del fallo, como perceptivamente lo describió Marisol Peña, es la revaluación de la revuelta del 2019 en su naturaleza ultraviolenta. Los partidos no se han metido en esto (al menos por ahora), porque saben que ese camino sí conduce a la ruptura. El Presidente Boric, que pierde día por día la función arbitral que se atribuye, sólo llamó a cuidar la unidad de la izquierda. Su discurso suena exactamente igual que si fuera el primer día de gobierno. En los dos casos se perfila un debate acerca del papel de los partidos, cuya única expresión contundente se realiza en el Parlamento.
El rifirrafe actual ha confirmado lo que ya se sabía: que los partidos oficialistas nunca funcionaron como coalición, sino más bien como un grupo de asociados que sólo se reunía una vez por semana al alero de La Moneda y, después de eso, recibir instrucciones para las votaciones en el Congreso. No existió una coalición en sentido estricto. Según parece, la de Kast tampoco funcionará como coalición. En las pasadas elecciones, todas las derechas se unieron en torno a él para derrotar al oficialismo, pero en la primera vuelta libraron una competencia que muy a menudo fue muy áspera. El presidente Kast puede dar por superadas esas trifulcas -como corresponde que lo haga-, pero sus fundamentos laten bajo los preparativos del cambio. Como resultado de esto, Kast no ha podido integrar a su equipo de gobierno a figuras que fueron relevantes en las elecciones, como Johannes Kaiser y Rodolfo Carter. Las razones son muy diferentes, pero ambos tienen en común su condición de precandidatos presidenciales para el 2029, lo que precisamente desaconseja que participen en el Ejecutivo. Aun así, el desorden y las filtraciones en el proceso de conformación del gobierno no parecen buenas señales. Sólo que Kast no es un hombre de señales. No tiene interés en apurar las cosas mediante gestos de alta notoriedad.
Es paciente y reflexivo, algunos dirían que quizás demasiado, y no pretende encabezar una revolución, sino un conjunto de cambios regimentado por la noción de la "emergencia". Es cierto que tras las elecciones se ha dedicado a contener expectativas, pero tal vez sea igual de cierto que también ha tratado de rebajar las ideas épicas que recorren a parte de las derechas.
Todo esto lo pone lejos del Partido Nacional Libertario, pero, aunque parezca un sinsentido, no lo acerca a Chile Vamos. ¿Existe algún lugar como ese en la política chilena? Desde una perspectiva ideológica, diríase que no. Pero Kast no es de ideología, es de valores. Es un conservador, en el sentido de que su mundo se ordena en torno a ciertos principios, una idea de la eficacia y una desconfianza de la grandilocuencia. El Presidente Boric es lo contrario. Su mundo se realiza en la ideología, aunque sea esa imprecisa aproximación a lo que entiende por "izquierda", donde su imaginación se inclina a buscar coincidencias, omitiendo siempre las huellas históricas de lo contrario. Esa diferencia explica el mal resultado de su última reunión con Kast, a quien le pidió apoyo para sus postreros proyectos legislativos.
Un espíritu realista debía advertir que Kast no le daría el sí, fundado en las incertidumbres sobre el estado real de la economía, donde la información se ha mostrado cambiante, sin que el triunfalismo del ministro Grau contribuya mucho a la credibilidad.
Boric ha tratado de manejar la crisis actual de su coalición apelando a la buena voluntad de los partidos y, especialmente, del Partido Socialista, como si este fuese a olvidar que el Frente Amplio nació con el propósito de sustituirlo.
Que el PS se haya dado cuenta de esta operación con inexcusable tardanza no es óbice para que ahora se engrife con el intento de "derechizarlo" por sus esfuerzos en seguridad y control del orden público en favor del mismo gobierno que ahora se hace el plano. Las diferentes aproximaciones al problema de los partidos no garantizan el éxito de uno ni el fracaso del otro.
No hay modelo: Aylwin los trataba con guante blanco; a Frei parecían no importarle, pero les prestaba atención; Lagos los atendía y los ordenaba con un cierto toque autoritario; a Bachelet se le notaban las simpatías muy selectivas, y a Piñera los partidos lo irritaban, aunque al final reconocía su necesidad. Los partidos están desacreditados, sí, pero hay que cuidarse de banalizar su importancia en la distribución del poder.
A Kast le tocará manejar una coalición no menos compleja que la que ha tenido Boric; su principal ventaja inicial es que su adversario, las izquierdas de última generación, han dejado un rastro ruinoso en el vecindario, desde Argentina hasta Venezuela, desde Bolivia hasta Cuba. ¿ Será eso útil para gobernar, como pudo serlo para ganar las elecciones? Autor: Por Ascanio Cavallo.