Huellas jesuitas en la Patagonia
Huellas jesuitas en la Patagonia En el siglo xviii, el jesuita español José García Alsué lideró una misión de reconocimiento y evangelización en la actual Patagonia insular de Aysén, dejando plasmada en un diario su observación de su naturaleza y sus pueblos canoeros.
Casi 260 años después, en el crítico contexto ambiental que atraviesa el planeta, realizamos parte de ese recorrido con elfin de documentar lo que permanece y lo que ha cambiado en el paisaje socioambiental del territorio. Cristóbal Enilfork S.J. Antropólogo socioaribiental Cristián Donoso Navegante y explorador.
Investigador independiente «Al entrar en la laguna, vi varios islotes que iban errantes por la laguna; y uno vide cerca que tendría cuadra de largo y pocos menos de ancho, y porpartes ocho a nueve varas de alto; hermosa era la vista con la variedad que formaban al paso que se deshacían». io de noviembre de 1766, diario misional, JOSÉ GARCÍA Sj. Al asomarse desde el mirador «Laguna San Rafael», la vista del glaciar del mismo nombre es sublime.
Una gran lengua de hielo se precipita hacia las aguas heladas de una laguna que esta mañana de verano luce inmóvil y sobre la que flota todo tipo de formas blancas, celestes o de un hermoso azul profundo. Esta laguna, sin embargo, no está quieta. Año a año, aumenta su volumen. El glaciar, por el contrario, retrocede y, a un paso cada vez más apresurado, alimenta este cuerpo de agua. Se trata de uno de los efectos más evidentes del calentamiento global.
Junto a la banca de madera que CONAF construyó para observar tan magnífico paisaje, un letrero marca claramente la disminución del glaciar: allí están las mediciones de 1935 de Bruggen, de 1920 de Reichert, de 9o de Huidobro, de 1871 de Simpson, y de 1766, del «padre José García». El jesuita jamás podría haber pensado que su nombre figuraría en una ilustre lista de marinos, geólogos, geólogos, químicosycientíficos que exploraron estos aislados parajes patagónicos. Sin embargo, su capacidad para lograr detalladas anotaciones le ha hecho figurar hoy ahí, permitiendo determinar el lugar en el que el glaciar se encontraba hace dos siglos y medio. Uno de los rasgos de la Compañía de Jesús desde sus orígenes fue la disciplina de sus miembros en elaborar una acuciosa documentación sobre sus distintas labores.
Fiel a esta tradición, José García Alsué legó un valioso escrito, gracias al cual se puede conocer no solo sobre glaciares, sino también sobre características socioecológicas de la región de Aysén, siglos antes de que los chilenos se asentaran definitivamente en esos territorios.
Siguiendo la huella de la ruta descrita por García en su diario misional, nos propusimos revisitar estos sitios para documentar las marcas del tiempo en estos paisajes indómitos, sobre todo en un contexto en el que el cambio climático amenaza con alterar rápida y quizás irremediablemente, sus características socioecológicas.
Las misiones circulares de Chiloé El archipiélago de Chiloé fue uno de los pocos sitios en el mundo en que los jesuitas desarrollaron una práctica de evangelización llamada «misiones circulares». Debido a la dispersión de la población en las decenas de islas del archipiélago, resultaba muy complejo asentarse permanentemente permanentemente en un solo lugar. Así, para alcanzar un modo más efectivo de llevar la palabra de Dios, la itinerancia se convirtió en la praxis más idónea.
Los jesuitas zarpaban por meses en pequeñas embarcaciones, embarcaciones, visitando las comunidades por unos tres días,. Huellas jesuitas en la Patagonia Mapa incluido en el diario de Jasé García (libro Misión por las canales australes). Misiones al sur de la Isla Grande En ese entonces, el sur de la isla grande de Chiloé era prácticamente una terra incogníta. Incluso el mito de la Ciudad de los Césares seguía escuchándosey motivando a algunos avezados exploradores. Los jesuitas sabían que había muchos pueblos aún por contactar y evangelizar: fieles a sumisión, no podían permanecer en la comodidad de terrenos ya explorados.
De acuerdo con las investigaciones de Rodrigo Moreno2, la primera misión jesuita en esa zonay dirigida al pueblo chono se desarrolló entre noviembre de 1612 y febrero de 1613, y solo una década después habría un segundo contacto. El alcance de cada misión dependía de la cantidad de religiosos que hubiese en Castro, en la residencia de la Compañía. Ese factor aquejó crónicamente allí la labor apostólicay, en consecuencia, durante al menos todo el siglo xvii, tales misiones fueron solo esporádicas. Además, estas se hacían difíciles debido a la vida nómade de los chonos, dependientes de la pescayla marisquería, en un territorio no propicio para la agricultura. Desde inicios del siglo xviii, los chonos fueron optando por el sedentarismo, como resultado de sus contactos violentos con españoles y huilliches (o veliches) de Chiloé. Los chonos hacían incursiones malocas a esa isla y sustraían hierro y ropa. Luego, españoles y huilliches retribuían con violencia.
Ante esta situación, las comunidades chonas habrían decidido ponerse bajo La presencia jesuita en chilod se inicia a fines de seoi; el sistema de misiones circulares se consolida en I6I7cnn la fundación encasten de una residencia para jesuitas. cíe., Moreno, Rodrigo (znne); il modelo pastoral jesuítico en chilod colonial», en Ventas, revista de Filasaf(ay Tealagia 1(14), pp. 183-203.2 Moreno, Rodrigo (2007): Misisnes enchile austral: Lssjesuitas en chilsé seoa-s7ea. Universidad de sevilla, sevilla, 2007. aproximadamente. Debía procurarse el mantenimiento de las comunidades católicas sobre todo, con la celebración celebración de sacramentosy también la evangelización de nuevos pueblos. Esta era una de las tareas que animaban sus largos periplos por el mar.. Huellas jesuitas en la Patagonia la protección del rey, cristianizarse y vivir cerca de la protección militar hispana. Serían llevados a la isla de Guar, frente a Calbuco, cedida, para estos efectos, por el sacerdote Juan de Uribe. El primer contingente fue de 166 chonos y llegarían a concentrarse cerca de 3oo.
Otra versión apunta a que todo ese proceso se inscribió dentro del conjunto de migraciones forzadas de los grupos canoeros de la Patagonia occidental, quienes migraron «en la medida en que los españoles de Chiloé los desnaturalizaron mediante compulsión, o porque los propios indígenas lo aceptaron al no tener opción de decidir». La historiografía da cuenta vastamente de la captura y venta como esclavos de indígenas canoeros para ser trasladados como fuerza laboral lejos de sus tierras de origen.
No hay certeza de todas las razones, pero lo cierto es que la misión jesuita de los chonos en la isla Guar fracasó y estos, en gran mayoría, partieron a otras tierras, como la isla de Quinchao.
Los jesuitas los siguieron, destinando sacerdotes para su atención pastoral, e insistieron en la modalidad de la reducción, esta vez en la isla de Caylin, al sur de la isla grande y más cerca del tradicional hábitat de los chonos.
Ya en los primeros años de la década de 1740, esa misión no se asociaba en exclusiva con este pueblo, sino con diversas comunidades indígenas australes: hay registros de trabajo misional con comunidades caucahues tanto en Caylin como en la zona de Queilen, cerca de Chonchi. Estas habrían sido trasladadas allí desde el archipiélago de Guayaneco, al sur del golfo de Penas. En 1764, el gobernador Chile, Antonio Guill y Gonzaga, decretó la creación formal de la villa de Chonchi. Chonchi. Creó dos misiones, una en ese lugary otra en Caylin.
Esto sería el impulso necesario para el fortalecimiento de las misiones hacia los pueblos «cercanos» al estrecho de Magallanes (entonces se pensaba que el estrecho estaba mucho más próximo) y la consecuente llegada de nuevos misioneros a fortalecer el trabajo en la zona.
El padre José García Alsué, fue uno de los cuatro jesuitas que recaló, particularmente a Caylin, en 1764.. 0. ,1A, Un jesuita recién ordenado sacerdote Oriundo de España, García llegó a Chile ya como estudiante jesuita, cuando solo contaba con 22 0 23 años de edad.
Se ordenó sacerdote en Santiago en 1759 y fue enviado a Chiloé junto con el padre Segismundo Güell cinco años después, para trabajar con las etnias ubicadas hacia el estrecho de Magallanes, desde la base misional de Caylin. Eran misiones con un fuerte componente de reconocimiento del territorio ypor eso los misioneros se encargaban de anotar acuciosamente acuciosamente las rutas que seguían, pues serían esenciales para las próximas incursiones. Así, el diario misional de García es detallado en sus observaciones geográficasy etnográficas, además de confeccionar un valioso mapa de la zona que recorrió.
Sin embargo, no sería mucho el tiempo que podría acometer esta empresa, pues solo tres años después, el 9 de diciembre de 1767, fue detenido en Curaco de Vélez junto con el padre Miguel Mayer, en el contexto de la expulsión de la orden jesuita de los territorios de la corona española6. ¿Qu e ha cambiado de este territorio salpicado de diversos grupos indígenas, y generoso en frutos del mar yfauna marina? Las descripciones socio-ecosistémicas de García García se embarcó el 23 de octubre de 1766 en un contingente contingente que totalizaba cinco piraguas y cuarenta personas (seis españolesy34 indígenas caucahues). El diario señala claramente su objetivo: «No sólo [... ] lograr la conversión de los gentiles que se pudiesen, sino también para explorar elpaísy certificarse de lo que prometía la tierra para poder continuar con mayor certidumbre estas empresas». Una de las características más prevalentes del diario es el protagonismo que adquieren las condiciones climáticas, en particular las descripciones de la severidad. Huellas jesuitas en la Patagonia ___ 4??Ç tl rijri Playa de la laguna San Rafael: hoy, anenazada por la presencia de basura. del clima: lluvias incesantes, ráfagas de viento huracanado, huracanado, granizo y nieve. La meteorología posee el timón en la exploración, determinando no solo cuándo se navega, sino también dónde se fondea. Estas hacen de este viaje una experiencia penosa: García no ahorra palabras en relatar relatar la dureza del clima y cómo afecta las condiciones de navegación, el ánimo de los navegantes e incluso su salud.
De hecho, García, enfermo, teme en un momento morir en la misión, por lo que da instrucciones a sus compañeros indígenas: ((Allí dije a los indios que, después de muerto, buscasen con mayor empeño a los gentiles y los llevasen a la misión, que no se volviesen sin gentiles; pero Dios quiso que al anochecer aliviase?. El diario es pródigo en señalar la florayfauna de la región.
Abundan las descripciones de las aves: colmanes o coimanes de cuyos huevos se alimentaban y que eran más grandes que una gallina, cormoranes liles o lilis, gaviotas y sus huevos, papagayos, optemes epájaros, como tórtolas, muy gordos y sabrosos», cuervos y canquenes.
Así también, lobos marinos (otra fuente de alimentos), mariscos (choros, erizos, picos, picorocos, chorúas, quilmahues, chapes lapas, eolios, piures), insectos (pequeñas moscas que los hacen abandonar un sitio de recalada)y algunos animales introducidos, como cabras (en posesión de un indígena caucahue). ¿A qué flora se hace alusión? Mañíu, colibrí (sxc)y pangue, con el que hacen ranchos para proteger la carga o alfombrillas para sentarse en el suelo; también quila, feñiuy coligües, para la confección de piraguas, así como un fruto llamado poye, de gran tamaño y dulce sabor. García igualmente se refiere al cochayuyo y señala que los nativos afirmaban que no se podía tirar al fuego, ya que provocaría un alboroto en el mar. García elogia las habilidades de navegación y caza de los caucahues, pero critica las ((idolatrías» que aún mantienen. mantienen.
Resulta interesante la queja del jesuita sobre cómo los indígenas se pintan la cara para llamar al buen tiempo, o se la tiñen de carbón ((para saludar a la nieve, porque el que así no lo hacía, se moría». Sin embargo, al mismo tiempo, el sacerdote realiza actos que al menos, desde el punto de vista antropológico se pueden inscribir dentro del mismo registro: a la hora de sortear una fuerte tempestad que por poco hace naufragar una de las piraguas de la expedición, García ofrece el siguiente relato: «[Yjo quise socorrerla; pero por hallarme un poco adelante, no se podía; poco después llevó al piloto de dicha piragua la caña del timón un golpe de mar; recé las letanías lauretanas, clamé lleno de confianza a San Javier, y nos favoreció, pues de allí a poco levantó la piragua media vela, y con dos remos en lugar de timón se puso en camino... ». En otra ocasión, con el mar embravecido, señala García: «[Yjo encomendé el buen éxito a Nuestra Señora de los Desamparados y a San Javier, cuya medalla arrojé al agua pendiente de un cordel; y en verdad que sentimos su patrocinio, pues cerca de la noche calmó el viento, y calando remos, ganamos, ya bien entrada la noche, el puerto de Machuil, cerca de la isla del mismo nombre». En términos etnográficos, además de caucahues, a la altura de la isla de Guayaneco se hace referencia a los calenches o a la nación «Calén o Calen», que habitaba el canal Messier, entre los 48 y 490.
Estos se comunicaban con los «lecheyeles» (aonikenk?), a quien García califica como un pueblo dócily que, además, tienen en su vocabulario vocabulario nombres para ((el caballo, la medalla y otras cosas de españoles», razón por la cual se supone que habrían ya mantenido contacto con europeos náufragos o antiguos exploradores hispanos. De los taijatafes, por otra parte, el diario señala que habitaban en las islas de Wellington y el canal Fallos. Ellos colindaban con los requinagüeres, ubicados al suroeste de las islas Wellington”. Tales pueblos, de acuerdo a la opinión de García, no estarían en total desconocimiento del hombre blanco.
Lo manifiesta, por ejemplo, dando cuenta de los restos del navío Wager, al relatar cómo la expedición halla los restos de la bomba de un navío inglés que ((se perdió el año de 40 cerca de allí»”, o refiriendo a sus náufragos cuando recala en el puerto de Feumaterigua, señalando los muchos ingleses que allí murieron.
Revisitando el territorio ¿ Qué ha cambiado de este territorio salpicado de diversos diversos grupos indígenas, y generoso en frutos del mar y fauna marina? García nos dejó un valioso mapa, que, sin embargo, no permite seguir exactamente la ruta que él navegó a fines del siglo XVIII.
Luego de una cuidada interpretación del dibujoyde un trabajo comparativo con cartas náuticas y cartografías actuales, estimamos que el itinerario que él siguió, saliendo de Chiloé, lo llevó a la isla Caylin, el golfo del Corcovado, las islas Guaitecas, el archipiélago de los Chonos, los canales Costa y Elefantes, el río Témpanos, la laguna San Rafael, los ríos Lucas y San Tadeo, el golfo de Penas, las islas San Pedro, Wager y Byron, continuando hasta la entrada del canal Fallos, desde donde regresó a Chiloé. 3 Moreno, Rodrigo (loo?) «La misión de los chonos», enMisiones en clsílraostral: ob. cit., pp. 585-loo. 4 Urbina c., Ximeno (2007): «Traslados de indígenas de los archipiélagos patagdnieno patagdnieno occidentales achiloé enlos siglos xvi, xvtoy xviii». enAméricaendídsporas, Jaime valenzuela M. (cd. ), Santiago, eto. editores. 1.
Historía ouc, pp. 3e0-401.5 Por ejemplo, existe el testimonio deljesuita eernardo cubero, quien acusd a otro religioso de haber trasladado a chonos a trabajar obligados a una estancia de la compañía, aumentando la desercidn de los indígenas de Guar. 5 Moreno, Rodrigo (2050): «Prdlogo», en García, P. José (seos), Misiónpor los canales australes. La travesía de unjessita desde chilaé hacia la laguna de San Rafael. Ofqui Editores, Temuco. 7 García, P. José (2005)15809): Misién por los coxales australes. La travesía de unjesuisa desde chilséhocio la laguna de San Rafael. Ofqui Editores, Temuco, p. 4.8 García, P. José, ob. cit., p. 20.9 García, P. José, ob. cit., p. en. so García, P. José, ob. cit., p. so. so Existen solo antecedentes fragmentados respecto de las diversas identidades de los grupos canoeros de la Patagonia insular occidental.
En ocasiones, se lns agrupa bajo el término «chono»y, en otras, se establecen diferenciaciones entre estos. cfr., Álvarez, Ricardo (2002): Reflexiones en torno a las identidades de las poblaciones canoeros situadas entre los 44 y 48 de latitud sur, denominadas “chonos”. Anales del instituto de la Patagonia 30, pp. 79-85.52 García, P. José, ob. cit., p. 4.. Huellas jesuitas en la Patagonia Lo que más evidentemente constatamos fueron los cambios percibidos en la vinculación de los seres humanos humanos con el entorno. Los pueblos canoeros habitaban el territorio de una manera mucho más «extensiva» que el ser humano contemporáneo, pero su impacto en la zona era muchísimo menor. Circulaban por mar y tierra, a través de senderos que conectaban lagos, ríos y fiordos. Su desplazamiento era anfibio, para lo cual se valían de técnicas y recursos materiales apropiados. Por ejemplo, construían canoas que se podían desarmar para transportarlas transportarlas por partes cuando estuviesen entierra. Por otro lado, su dependencia con respecto al ecosistema era total. De ese entorno obtenían todos los recursos materiales para vivir, ylos desafíos de ese mismo paisaje determinaban las habilidades físicas y cognitivas que desarrollaban. Asimismo, su cosmovisión integraba los fenómenos del ecosistema y la fuerza omnipresente de la naturaleza dictaba sus creencias. El habitar humano actual es distinto. La presencia del ser humano está basada en actividades vinculadas a la economía global (salmonicultura, pesca, turismo), con una fuerte dependencia de recursos materiales procedentes de fuera de la región.
La visión actual del territorio de parte de sus residentesyvisitantes está fuertemente influenciada influenciada por el contexto global (crisis climática, conservación de los ecosistemas globales, economía global). En ese sentido, José García aborda el territorio con resonancias similares: desde una cosmovisión europea. El jesuita está buscando insertar este territorio (y a sus habitantes) dentro de un contexto globalizante (la Cristiandad) que tiene su epicentro en el Viejo Continente. Respecto a lo que ha permanecido inalterable, lo primero que emerge es la fuerza de la naturaleza y sus características indómitas. García describe la densidad de los bosques, la presencia de témpanos, los extensos pantanosyla crudeza del clima, que permanecen vigentes hasta hoy. Esta naturaleza «indomable» también reclama rápidamente su territorio. García realizó su expedición valiéndose de las rutas terrestres, marítimas, lacustresy fluviales que le enseñaron los pueblos originarios.
Como los desplazamientos en la actualidad son eminentemente marítimos, las rutas terrestres (pasos de indios) hoy son prácticamente irrelevantes, y la naturaleza ha borrado dichas huellas volviendo a «ocupar» estos espacios». Con ello, se ha perdido la memoria de estas verdaderas «carreteras» de antaño. Una naturaleza que interpela La majestuosidad de la naturaleza continúa despertando fuertes reacciones. La tensión provocada en los pueblos originarios ante la monumentalidad de los glaciares se manifestaba en un temor reverencial expresado en ritos, como el pintado de sus caras. Hoy esa interpelación que provoca el paisaje subsiste en quienes visitan el lugar y buscan, sobre todo, capturar con sus cámaras fotográficas la magnificencia y belleza de los hielos y bosques.
Es interesante interesante notar que García no expresa sus sentimientos ni emociones ante el avistamiento de un glaciar, aun cuando es posible que el San Rafael hubiera sido el primero que haya contemplado en su vida. Su relato tampoco da cuenta de una visión romántica del paisaje; no destaca su belleza ni sublimidad.
Una visión romántica de la naturaleza aparece aparece recién en los relatos de viaje de la Patagonia de fines del siglo XVIII y, sobretodo, durante el siglo xix, cuando viajeros, naturalistas y marinos europeos comenzaron a describir el extremo sur de América no solo con ojos científicos, sino también estéticos y emocionales, como un territorio sublime, salvaje y mítico. Por último, algunos comentarios lingüísticos: hasta hoy se conservan algunos topónimos nativos gracias al diarioy mapa de García, los que fueron observados por la Armada de Chile en la elaboración de su cartografía. Sin embargo, lamentablemente desconocemos el significado de estos en la lengua propia del pueblo Chono.
Por otro lado, en el relato de García no existen las expresiones «glaciar», «ventisquero», o «témpano». Ello evidencia que se trata de componentes del paisaje ajenos a su propio acervo cultural, de raigambre española. «Nieve» es el único sustantivo que utiliza para construir las descripciones del entorno glaciar (islotes de nieve, nieve que baja entre las montañas, gran sierra nevada en el mapa, etc.). Por medio de esta «pequeña» notación, se manifiesta la intrincada relación socio-natural que determina nuestro lenguaje, al punto de determinar incluso las palabras que conforman nuestros vocabularios. Nuevas preguntas Tras nuestra primera expedición por la ruta que habría seguido García quedamos admirados del nivel de conocimiento conocimiento espacial de los canoeros de antaño. De hecho, a pesar de nuestra ((mejor tecnología)), tuvimos que abortar parte del recorrido al no poder encontrar un pasaje de acceso a través de la selva hacia el río Lucac.
Asimismo, surgen nuevas preguntas: ¿ cuál es la «institucionalidad» eclesialy cultural dentro de la cual se comprenden estas expediciones a «lo desconocido»? ¿ Cómo la formación académica de García influiría en el modo en que da cuenta del territorio? Estas y otras inquietudes serán incorporadas incorporadas en nuestros siguientes intentos por revisitar los canalesy costas que eljesuita y sus compañeros canoeros recorrieron hace ya casi z6o años. 1%! 13 Un ejemplo clarísimo es el canal quc quiso hacerse para atravesar por agua el istmo de Ofqtsi, cuyas obras se suspendieron en sgç. 14 Algunos ejemplos dr esto en:Jearnsl of researches, Charles Darwin (1839); Narrative Narrative afthesareeying Vsyaes oh HMS Advestare asd Besgle, Robert Fite Roy (1839), y 1 miei uisggi odIa Terra del Faacs, Alberto Maria de Agostini (s923)..