"Truncaron nuestra vida": testimonios de las víctimas del envenenamiento masivo en Panamá
"Truncaron nuestra vida": testimonios de las víctimas del envenenamiento masivo en Panamá El Maestro de Ciencia", nombre artistico de Narciso Cos me Aguilar, ya no recita las décimas del canto de mejorana, una expresión del folclor de Pa namá. Se le olvidan los versos, tampoco los escribe por la rigidez de los dedos, efectos de la ingesta, hace 21 años, de un jarabe para la tos envenenado que le dio el seguro social.
Aguilar, padre de nueve hijos, tenia 45 años y trabajaba en servicios de mantenimiento de edificios cuando en 2005 se resfrió y acudió a una clinica de la Caja del Seguro Social (CSS) en la capital.
Alli, un médico le recetó el jarabe para la tos elaborado por la institución con dietilenglicol, un refrigerante industrial. "Nadie sabia que era un jarabe envenenado", comenta a Efe este hombre de ojos enrojecidos y una sonrisa que es casi una mueca, de quien está resignado ante la desgracia, mientras relata que al tomarlo tres veces al dia, como le indicó el galeno, sentia que se le quemaba la garganta y el estómago, y se mareaba al punto que debia agarrarse de algo para no caer.
En total, Aguilar se tomó uri frasco y medio del jarabe envenenado, hasta que decidió dejarlo por los sintomas que le producia y que solo serian el principio de un viacrucis que continúa. "Yo jamás habia sufrido de la presión (arterial), no era diabético, no tenia nada de eso. Ahora (aiento) dolores por todo el cuer po", y olvida todo, afirma este hombre que vive solo. Aguilar relata que no puede trabajar desde 2013, cuando su deterioro fisico y mental se aceJeró. Ahora se dedica en su casa a la jardineria y visita a su hermano, que tiene una rosticería, para entretenerse. "Yo tuve que dejar de cantar.
Cuando iba por la cuarta linea se me olvidaba (. .. ) siento depresión, mucha depresión, porque no tengo vida propia", lamenta. "Truncaron nuestras vidas" Aguilar es una de las miles de victimas -entre ellas al menos 800 muertos según activistas del envenenamiento por dietilenglicol registrado en Panamá entre 2004 y 2006, una de las peores tragedias de su tipo en el mundo y que dejó al descubierto una cadena de suministros inter nacional y local plagada de falsificación y negligencia, como dijo la ONU y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe de julio de 2025. El deterioro neurológico y los dolores en el cuerpo que describe E Aguilar también los sufre Omayra Tristán, ahora de 63 años, quien ingirió el jarabe envenenado cuando se resfrió en 2006.
Esta mujer pequeña, que usa anteojos y pudo seguir trabajando en planillas y contabilidad hasta 2017 "gracias a la comprensión" de su empleador, recuerda que apenas comenzó a tomar el jarabe sufrió dos episodios de desvanecimiento, y luego vinieron "el problema neurológico" y una salud frágil en general. "Trucaron nuestra vida, nuestras familias, todo nuestro entorno", afirma la señora Omayra, quien asegura que se sobresalta cada dia, pues teme morir en cualquier momento.
Ofelia González, de 66 años, siente una debilidad general y es alérgica a casi todo como consecuencia de la ingesta del jarabe envenenado, como comenta a Efe La pensión vitalicia de 1.000 dólares que recibe como victima del dietilenglicol "se va en productos especiales" para la piel y cabello, afirma, y agrega que se compró un perrito de mascota para combatir la depresión y el temor que tiene de morir a causa de esta situación.
Alrededor de 950 victimas del jarabe envenenado reciben la pensión vitalicia, entre ellos Aguilar, Tristán y González, y otras 700 están en proceso de certificación para poder cobrarla, dijo a Efe el Comité de Familiares por un derecho a la salud y la vida (Cofadesavi). El ente considera insuficiente las compensaciones de 25.000 dólares determinadas este mes por el Supremo para cada una de tres victimas del jarabe envenenado, en un fallo que atiende uno de los más de 470 casos que estudia la máxima corte de Panamá El Cofadesavi ha presentado 562 demandas por un monto de 302.520.944,60 dólares, que contemplan el lucro cesante y tambien el daño moral, psicológico y otros que las victimas conllevan. Giovanna Ferullo Mena/ Efe "Yo tuve que dejar » de cantar. Cuando iba por la cuarta línea se me olvidaba (. .. ) siento depresión, mucha depresión, porque no tengo vida propia" lamenta Aguilar.. "Yo tuve que dejar » de cantar. Cuando iba por la cuarta línea se me olvidaba (. .. ) siento depresión, mucha depresión, porque no tengo vida propia" lamenta Aguilar.
Omayra Tristan, victima del envenenamiento masivo en Panamá, realiza actividades en su casa durante una entrevista con Efe, en Ciudad de Panamá (Panamá). Efe/ Bienvenido Velasco Narciso Cosme Aguilar, un panameño de 66 años y victima del envenenamiento masivo en Panamá, observa un teléfono durante una entrevista con Efe en Ciudad de Panamá (Panamá). Efe/ Bienvenido Velasco Ofelia González Bonilla (arriba) de 66 años y Omayra Tristan (abajo) de 63 años, victimas del envenenamiento masivo en Panamá, posan durante una entrevista con Efe en Ciudad de Panamá (Panamá). Efe/ Bienvenido Velasco