Autor: JUAN CARLOS EICHHOLZ Profesor Universidad Adolto Ibáñez
CARTAS: ¿Emergencia o normalización?
CARTAS: ¿ Emergencia o normalización? El Presidente electo dice que en Chile estamos en una emergencia. El Presidente saliente afirma que el país está normalizado. ¿Son compatibles estas dos interpretaciones de una misma realidad? Al ser tan opuestas, si se quiere ser objetivo, la respuesta es no.
Pero, claro, ¿quién dijo que los relatos aspiran a la objetividad? Muy por el contrario, no pasan de ser los cuentos que nos contamos de la realidad, sea para sentirnos bien con nosotros mismos, sea para convencer y movilizar a otros. En simple, están cargados de subjetividad. Pero alguna base deben tener en la realidad si es que no se quiere pasar por iluso, negacionista o mentiroso. Corresponde preguntarse, entonces, cuál de estos dos relatos tiene más asidero en la realidad, para lo cual es necesario partir por caracterizar, aunque sea a grandes rasgos, esa realidad.
Si vamos a las cifras macroeconómicas, el actual gobierno termina con un crecimiento promedio de 1,9% --solo superando el 1,8% de Bachelet 2 y lejos del 3,7% anual desde 2000-y con una billetera fiscal severamente deteriorada: en cuatro años, la deuda pública saltó del 36% al 42% del PIB, mientras que el déficit estructural se empinó al 3,6%, incumpliendo por mucho las metas autoimpuestas. En definitiva, la nueva administración recibe una economía con la inflación controlada, pero que está hipotecada en sus cuentas. Los desafíos públicos que van más allá de lo macroeconómico son múltiples, pero tienen un denominador común: exigen una buena gestión del Estado para avanzar.
Algunas cifras de cuánto avance ha habido: la tasa promedio anual de homicidios de este cuatrienio fue de 6,0 por cada 100 mil habitantes, superior a la de 4,9 del gobierno anterior; la reconstrucción en Valparaíso, a dos años de la tragedia, llega al 9,8% de viviendas definitivas; las listas de espera en salud están en 2,4 millones de personas, 430 mil más que hace cuatro años; y los resultados de los liceos emblemáticos en la PAES se han desplomado, estando cada vez más cerca del promedio general.
Algunas cifras del funcionamiento del aparato público: los funcionarios faltan 29 días al año en promedio --versus 12 en el sector privado-y ganan un 15% más que sus pares en empresas por funciones equivalentes; de los 25.078 funcionarios detectados viajando al extranjero con licencia médica, menos del 1% ha sido destituido; los tiempos de tramitación de los estudios de impacto ambiental se han duplicado en la última década; y las irregularidades y la ineficiencia administrativa significaron más de un billón y medio de pesos objetados por Contraloría en un año.
Aunque parciales, por cierto, estos síntomas igualmente entregan suficiente información para responder la pregunta acerca de cuánta conexión tienen los relatos de Boric y de Kast con la realidad o, mejor dicho, con la forma en que los ciudadanos experimentan subjetivamente esa realidad.
En el caso de la normalización, si por ella debemos entender que el país salió de la situación anormal generada por el estallido social y la pandemia, tendríamos que decir que eso en gran medida había ocurrido ya hace cuatro años.
Si por normalización debemos entender que el país está bien encaminado, estamos entonces frente a una brecha importante de expectativas, puesto que la vara que usa el Gobierno es bastante baja en relación con la que tiene esa gran mayoría ciudadana que rechaza su gestión. En simple, para los creadores del relato oficialista sacarse un cuatro estaría bien, pero eso no calza para quienes entienden que una buena nota está más cerca del seis. En el caso de la emergencia, si por ella debemos entender que el país se está cayendo a pedazos, los datos lo desmienten. Pero si la emergencia debemos asociarla a la reacción que es necesario tener frente a una tendencia de lenta y sostenida decadencia, entonces son muchos los datos que la avalan, y el relato tiene asidero.
Más allá de las naturales diferencias ideológicas que son propias de la vida política en cualquier democracia, hace ya un tiempo que en Chile viene ganando terreno una suerte de desvalorización del esfuerzo y del trabajo bien hecho.
Es como que si hubiésemos entrado en una fatiga operativa y ética, con un Estado más grande y más caro, pero que llega más tarde y funciona peor, lo que explica varios de los síntomas antes descritos. Por lo tanto, si se quiere hablar de normalización, más que referirla al supuesto buen desempeño de la administración saliente, debe ser aplicada a esta actitud de desidia o displicencia que se ha instalado. Y si se quiere hablar de emergencia, cabe referirla al necesario sentido de urgencia que se requiere para revertir esta fatiga operativa y ética, que está detrás de aquella tendencia de lenta y sostenida decadencia. En resumen, emergencia para revertir la normalización. Estamos hablando de un cambio profundo y difícil, para el que el relato es importante, en especial para lograr que se asiente ese sentido de urgencia, pero que por sí solo no basta. Creer que las palabras hacen cambiar la realidad fue el gran flanco débil de Boric, que en ocasiones lo llevó a parecerse más a un comentarista o a un predicador que a un Presidente.
Los cambios requieren un relato, pero también mucha gestión, y ahí yace el desafío de Kast hoy, porque los países no se transforman con consignas, sino con instituciones que funcionan, responsabilidades claras y resultados sostenidos en el tiempo. JUAN CARLOS EICHHOLZ Profesor Universidad Adolfo Ibáñez ¿ Emergencia o normalización?.