COLUMNAS DE OPINIÓN: La gran promesa falsa
COLUMNAS DE OPINIÓN: La gran promesa falsa JUAN MARCOS HENRIQUEZ, DR. EN CIENCIAS BIOLÓGICAS. La gran promesa falsa De un tiempo a esta parte ha empezado a prevalecer en Chile políticos con gran verborrea y que prometen todo lo que la gente quiere escuchar, aunque sea imposible de cumptir. Kast es quizás el mayor referente de etto. Durante la campaña prometió que iba a ordenar las finanzas del país, pero sin tocar los beneficios sociales.
Sin embargo, a sólo un mes de su gobierno, el Ministerio de Hacienda sacó un oficio (Circular N16, del 21 de abril) que propone eliminar o recortar más del 60% de los programas del Ministerio de Educación. Entre ellos figura el Programa de Alimentación Escolar, que le da el único almuerzo del día que ingieren casi dos millones de niños. También el PACE, que es la puerta de entrada a la universidad para jóvenes de familias sin recursos. Junto a ellos los programas de reinserción escolar, escolar, la salud en los colegios, los talleres de arte, el programa de prevención del suicidio y la beca indígena. Además, un centenar de programas sociales de otros ministerios. Exactamente lo que prometió no tocar. Kast es expresión fiel de su ideología. Recordemos que, en la dictadura de Pinochet, los economistas de Chicago instalaron en Chile la política del chorreo. La idea era que, si los ricos crecen, ese crecimiento chorrea” hacia abajo y beneñcia a todos. De esta forma, no hace falta que el Estado proteja a los más débiles, basta con dejar que el mercado funcione libre y los beneficios beneficios llegarán solos, gota a gota, hasta los más pobres. Eso no funcionó y nos llevó a una profunda crisis económica, donde los pobres pagaron los costos y los ricos se hicieron más rico, y de paso se quedaron con las empresas del Estado. Lo único que realmente chorreó fue la desigualdad.
Kast vende eficiencia fiscal o estrechez presupuestaria, pero tras ello la lógica es reducir el Estado y todo lo que protege a los más necesitados, mientras los sectores más privilegiados son intocables, y muy por el contrario contrario se les reducen los impuestos.
Que sabe Kast de pobreza si el hijo de una familia acomodada no necesita el PAE para almorzar o si la hija de unos de sus amigos no necesita el PACE para entrar a la universidad, El documento documento de Hacienda no propone quitarles beneficios a las empresas ni tocar los privilegios de los sectores de mayores ingresos, pero si propone eliminar el almuerzo de dos millones de niños en edad escolar. Lo que si hace el oficio oficio de Hacienda es indicar con claridad quién pagará el costo del ajuste y los beneficios para los más ricos: serán los que menos tienen.
Con toda claridad hay que decir que la gente que votó por Kast fue engañada engañada creyendo que sus hijos seguirían almorzando en el colegio, que los jóvenes de su barrio seguirían teniendo chances de llegar a la universidad o que el Estado iba a estar para los momentos difíciles. Esa gente fue engañada engañada por una promesa que Kast y sus partidarios sabían que no iban a cumplir desde el momento en que la hicieron. No se trata de un error, una omisión o un malentendido, es una acción ideológica pensada y planificada planificada para favorecer a su clase. Quizás Kast nunca concrete la eliminación de algunos de estos programas, pero si votó por él es bueno que se dé cuenta cómo piensa y cuáles son sus prioridades. En Chile, como en buena parte del mundo, el abuso de los patrones sobre los trabajadores no ha terminado y ha encontrado nuevas formas de expresarse. Los abusadores aprendieron a disfrazarse de demócratas para acceder al poder. Ya no hay un patrón de fundo amenazando con desalojar desalojar al inquilino, pero hay un oficio ministerial que elimina el almuerzo escolar. Ya no hay un capataz impidiendo que el hijo del obrero vaya a la escuela, pero hay un recorte al PACE que cierra la puerta a la universidad. Hoy la violencia no es a golpes y balazos (bueno quizás), pero puede ser un decreto ñrmado en una oficina de gobierno. Lo que Kast intenta hacer es regresar a una expresión de sociedad que ya habíamos comenzado a superar. Una sociedad donde el acceso a la salud, la educación y la alimentación no eran derechos sino privilegios que dependían dependían de quien pudiera pagarlos. Una sociedad donde el Estado existía para proteger a los que ya tenían todo y abandonaba a los que no tenían nada. Eso hoy se vende como eficiencia fiscal, pero es una ideología con política de clases para favorecer a los dueños de Chile. En el fondo, el proyecto de Kast no apunta al futuro sino hacia atrás.
A un Chile que nos recuerda a Subterra de Baldomero Lillo donde un minero baja a la mina sin saber si va a volver, donde el niño trabaja en la oscuridad porque su familia no tiene otra opción, donde el trabajador al final del mes no recibe un salario sino fichas (canjeables únicamente en la pulpería del patrón). Un sistema diseñado diseñado para que nunca puedas salir de donde naciste. Cien años después, con otros nombres y otras formas, la lógica es la misma, patrón y trabajadores, explotadores y explotados..