De Montreal a Los Andes: El viaje de resiliencia de 23 jóvenes canadienses a las montañas nacionales
De Montreal a Los Andes: El viaje de resiliencia de 23 jóvenes canadienses a las montañas nacionales L a Cordillera de Los Andes, con su aridez del verano e imponente altitud, no se parece en nada a los bosques húmedos, praderas verdes y lagos infinitos de Canadá. Para 23 jóvenes atletas canadienses, el aterrizaje en Chile no fue solo un cambio de hemisferio, sino el inicio de una confrontación directa con sus propios límites. Liderados por la montañista y educadora Kali-Anne Monneret, esta expedición inédita buscó transformar el rendimiento deportivo en una lección de vida a más de 5.000 metros de altura.
La canadiense Kali-Anne Monneret lleva 10 años viviendo en nuestro país, realizando salidas a la montaña a través de su iniciativa DivertiProf, que realiza experiencias educativas en la naturaleza, enfocadas en el desarrollo integral de niños y jóvenes.
Hace dos años, presentó un proyecto al Collège Sainte-Anne de Montreal, una institución para deportistas de élite, que buscaba llevar a alumnos de 16 y 17 años a conquistar las cumbres de los cerros El Plomo, y Pintor, en la Región Metropolitana; y el volcán Llaima en la Región de La Araucanía. “Este colegio tiene un programa de deportistas de élite en diferentes disciplinas, y siempre están buscando hacer cosas diferentes.
Entonces les presenté el proyecto, y ellos no lo tomaron solo como un viaje, fue una iniciativa de dos años de entrenamiento, psicológico y físico para poder lograr conquistar un objetivo en un lugar que ellos nunca habían conocido, porque donde ellos viven casi no hay montañas”, comenta Kali-Anne Monneret.
Apenas un día después de su llegada al país, a comienzos de marzo, el grupo se dirigió hasta La Parva, en la Región Metropolitana, para enfrentar su primer desafío: el Cerro Pintor (4.180 msnm). Fue allí donde la realidad de la montaña se impuso sobre el entusiasmo inicial. Acostumbrados a entrenar a nivel del mar, la mayoría de los jóvenes experimentó los rigores de la altura, y el apunamiento, por primera vez. “Llegando casi a la cumbre, dos chicas empezaron a llorar en mis brazos. Sentían vergüenza de pensar que no podrían lograrlo”, recuerda Monneret. Ese momento marcó el tono de la expedición: el objetivo dejó de ser meramente deportivo para convertirse en un trabajo mental profundo sobre la resiliencia y la aceptación de la propia vulnerabilidad.
Tras una fase de aclimatación y talleres de montañismo en La Parva, que incluyeron actividades de escalada en roca, el grupo comenzó a planificar su gran objetivo: el Cerro El Plomo (5.444 msnm). Por lo que dejaron la comodidad del refugio para establecer su campamento base en el sector de Federación, donde se instalaron por cuatro días.
El día de cumbre fue una gran combinación de sentimientos y sensaciones en un entorno que los estudiantes describieron como “otro planeta” o, derechamente, “Marte” por la ausencia de vegetación y el sol implacable de los Andes, la cordada canadiense avanzó paso a paso, en un ascenso que se convirtió en una lucha contra el cansancio acumulado y la falta de oxígeno.
“Nunca había sentido lo que viví al compartir la cumbre con ellos”, confiesa Kali-Anne, quien agrega que “ver a 20 alumnos llorando de felicidad, agradeciendo al equipo y dándose cuenta de que lo habían logrado juntos, valió mucho más que cualquier cumbre que yo haya logrado en mi carrera”. DEL GUARDIÁN DEL VALLE AL FUEGO DE LOS VOLCANES La aventura no terminó en la zona central.
El grupo se trasladó al sur de Chile, donde el paisaje cambió radicalmente hacia el verde intenso que les recordaba a su hogar, pero con una diferencia monumental: los volcanes, algo que nunca habían visto en su vida. La ascensión al Volcán Llaima (3.125 msnm) y la exploración del cráter del Sollipulli cerraron un ciclo de descubrimiento. Para jóvenes que nunca habían visto un volcán, subir por sus laderas y asomarse a su fuerza fue una experiencia que consolidó su respeto por la geografía nacional. Al finalizar la expedición, lo que los estudiantes se llevaron de vuelta a Montreal no fueron solo fotos de paisajes considerados “exóticos” o el registro de haber conquistado tres cumbres emblemáticas. El gran aprendizaje fue la madurez. “Los estudiantes se dieron cuenta de la importancia del proceso, de todo el trabajo que uno tiene que hacer para sobrepasar sus límites, pero más que todo, entregarse a desafíos.
Cuando regresaron a Canadá, no hablaban de las cumbres o del aspecto deportivo, hablaban de la madurez que habían ganado a través de todo este proceso”, afirma Monneret.. Tras dos años de preparación, un grupo de estudiantes desafió la altitud de la Cordillera de Los Andes y la majestuosidad de los volcanes del sur, en una expedición que se convirtió en algo mucho más potente que una simple aventura deportiva.