Autor: Dr. Juan Luis OyarzO GáLvez, ACADéMICO, INGENIErO COMErCIAL
Columnas de Opinión: La paradoja del capital humano
Columnas de Opinión: La paradoja del capital humano Chile tiene hoy más profesionales que nunca. Y, paradójicamente, también tiene cada vez más profesionales trabajando en empleos que no requieren ser profesionales.
El reciente estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP), Educación Superior y subempleo en Chile, vuelve a instalar una discusión incómoda que el país ha evitado enfrentar durante años: Chile avanzó enormemente en acceso a la educación superior, pero no preparó una economía capaz de absorber adecuadamente ese capital humano. Los datos son contundentes. En 2006, apenas un 18% de los trabajadores tenía educación universitaria completa. En 2024, la cifra ya alcanza el 39%. Y eso constituye una buena noticia. Ahora bien, durante décadas se instaló la idea de que estudiar garantizaba movilidad social automática. Miles de familias realizaron enormes esfuerzos económicos bajo esa convicción; basta recordar el Fondo Solidario, el Crédito con Aval del Estado (CAE), entre otros. Sin embargo, el mercado laboral comenzó lentamente a entregar otra señal. El estudio en cuestión muestra que una parte importante de quienes poseen educación superior completa termina desempeñándose en ocupaciones que no requieren ese nivel educativo. Por ejemplo, en técnicos de nivel superior, la probabilidad de experimentar subempleo por calificaciones se mantiene por sobre el 20% durante gran parte de la vida laboral. Y aquí aparece uno de los elementos más delicados: el subempleo no solo afecta expectativas profesionales. También golpea directamente los ingresos. El estudio estima que las personas subempleadas enfrentan penalizaciones salariales cercanas al 20% en educación técnica superior y de hasta 50% entre universitarios. El problema, entonces, ya no consiste únicamente en ampliar cobertura educacional. La verdadera pregunta es otra: ¿ qué tipo de economía estamos construyendo para recibir a esos profesionales? Porque un país no crece solamente entregando títulos. También necesita productividad, inversión, innovación, sofisticación productiva y empleos de alta complejidad. De lo contrario, ocurre exactamente lo que estamos observando hoy: una expansión educacional que avanzó mucho más rápido que el desarrollo del mercado laboral. Lo más inquietante es que Chile comienza a vivir una contradicción estructural. Mientras aumentan los trabajadores sobrecalificados, muchas empresas siguen afirmando que no encuentran las competencias necesarias. La Encuesta Nacional de Demanda Laboral muestra precisamente esa tensión. En 2019, el 48% de las empresas manufactureras atribuía las dificultades para cubrir vacantes a falta de competencias técnicas. Otro 38% hablaba de escasez de candidatos. En 2021, la escasez de postulantes incluso aumentó hasta 52%. Y aunque en 2024 las cifras disminuyen, el problema persiste: 33,8% sigue apuntando a falta de competencias técnicas y 21,7% a escasez de postulantes. Es decir, Chile enfrenta una paradoja: profesionales sobrecalificados buscando empleo, mientras empresas afirman no encontrar trabajadores adecuados. Y todo esto ocurre justo cuando comienza a expandirse aceleradamente la inteligencia artificial. Muchas tareas que antes requerían trabajadores altamente calificados empiezan a automatizarse parcial o totalmente. Chile hizo un enorme esfuerzo por ampliar el acceso a la educación superior. Pero ahora enfrenta un desafío mucho más complejo: construir una economía capaz de darle sentido, utilidad y proyección a ese capital humano. Porque cuando un país educa más rápido de lo que crece, el problema deja de ser únicamente educativo. Se transforma, inevitablemente, en un conflicto económico y social. Autor: Dr. Juan Luis OyarzO GáLvez, ACADéMICO, INGENIErO COMErCIAL.