Editorial: El futuro energético detenido por la burocracia
Editorial: El futuro energético detenido por la burocracia La Región de Magallanes fue anunciada como el corazón de la transición energética chilena. Con sus vientos inagotables y su posición estratégica, se convirtió en el escenario ideal para proyectos de hidrógeno verde de escala mundial.
No es casualidad que aquí se concentren dos de las iniciativas más ambiciosas del país: H2 (US$16.000 millones) y HNH Energy (US$11.000 millones). Juntas representan más de la cuarta parte de la inversión total en proyectos actualmente en trámite en Chile. Pero la realidad dista de la narrativa oficial. Ambos proyectos se encuentran suspendidos por observaciones del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). En el caso de H2, la paralización se extiende hasta mayo de 2026; HNH Energy, hasta marzo del mismo año. La consecuencia es clara: Magallanes, que debía liderar la revolución energética, hoy está atrapada en la burocracia y la indefinición política. La suspensión no es un detalle técnico, es un golpe estratégico. Mientras otros países avanzan con fuerza en la producción y exportación de hidrógeno verde, Chile corre el riesgo de perder competitividad y credibilidad internacional. Magallanes, que podría convertirse en un polo energético global, ve cómo su oportunidad se diluye en trámites y postergaciones. El contraste es evidente: mientras la minería sigue avanzando con proyectos por más de US$7.700 millones, el hidrógeno verde -que se presenta como el futuropermanece detenido. La región, que debería ser protagonista, se enfrenta a la paradoja de tener el recurso natural más prometedor y, al mismo tiempo, la mayor incertidumbre sobre su desarrollo. A 46 días del cambio de mando, el escenario es preocupante. El Comité de Ministros, máxima instancia del SEIA, ha suspendido sesiones clave y mantiene en espera proyectos de gran envergadura. La falta de definiciones políticas refleja una ausencia de conducción en un momento decisivo. Magallanes no puede darse el lujo de esperar indefinidamente: cada año perdido es un año en que otros países consolidan su liderazgo en el mercado energético global. El hidrógeno verde no es solo una inversión millonaria, es la posibilidad de transformar la matriz productiva de Magallanes, de generar empleo de calidad y de posicionar a la región en el mapa mundial. Pero esa oportunidad requiere más que discursos: necesita voluntad política, claridad regulatoria y un compromiso real con el desarrollo sustentable. Magallanes está en una encrucijada. O se convierte en el motor de la transición energética chilena, o queda relegada a ser la región de las promesas incumplidas. El viento sopla, pero la decisión está en manos de quienes gobiernan.. "Potencial mundial detenido por trámites y falta de decisión". EDITORIAL