Autor: Carlos Benedetti Reiman Seremi de Educación de la región del Biobío
Columnas de Opinión: Seguridad escolar: cuando el cuidado también educa
Columnas de Opinión: Seguridad escolar: cuando el cuidado también educa Hablar de seguridad escolar no es hablar de un asunto secundario ni meramente administrativo. Es, en lo esencial, hablar del derecho a la educación en condiciones de dignidad, cuidado y confianza. Porque allí donde niñas, niños y jóvenes no se sienten seguros, el aprendizaje se vuelve frágil y la escuela pierde su sentido más profundo.
El Plan Integral de Seguridad Escolar (PISE) es un instrumento de gestión obligatoria en los establecimientos educacionales, cuyo propósito es prevenir riesgos, proteger la vida y asegurar una respuesta organizada frente a emergencias que puedan afectar a la comunidad educativa. No se trata solo de un plan de evacuación. El PISE aborda la seguridad escolar desde una mirada integral, considerando tanto los riesgos físicos como los organizacionales y sociales presentes en cada territorio. En nuestro país, esta discusión cobra una urgencia particular. Vivimos en un país expuesto de manera permanente a riesgos naturales, a emergencias climáticas cada vez más frecuentes y a nuevas expresiones de conflictividad social que también ingresan a las comunidades educativas. Pretender que la escuela funcione al margen de esta realidad es desconocer el territorio y las trayectorias de quienes la habitan. En este contexto, el Plan Integral de Seguridad Escolar (PISE) no puede ser entendido como un formulario más que se completa para cumplir con una exigencia normativa. Es, o debería ser, una herramienta estratégica de gestión educativa y un acto concreto de responsabilidad pública, ya que el PISE ordena, previene y prepara; transforma la reacción improvisada en planificación consciente. Su valor principal radica en su enfoque preventivo. Identificar riesgos, definir protocolos, establecer responsabilidades y ensayar respuestas mediante simulacros no solo reduce daños ante una emergencia: también construye una cultura del autocuidado, de la solidaridad y del respeto por la vida. En ese sentido, la seguridad escolar también educa. Pero hay algo más. Una comunidad educativa que se sabe protegida es una comunidad que aprende mejor. La seguridad, entendida de manera integral, mejora el clima escolar, reduce la ansiedad y favorece relaciones más sanas entre estudiantes, docentes y asistentes de la educación. No hay convivencia posible en entornos marcados por el miedo o la incertidumbre. El desafío es claro: el PISE debe dejar de ser un documento archivado para convertirse en una práctica viva. Requiere actualización permanente, pertinencia territorial y, sobre todo, participación real de la comunidad educativa. Directivos, docentes, estudiantes, familias y sostenedores deben sentirse parte de su construcción y ejecución. En tiempos de crisis climática y de profundas transformaciones sociales, fortalecer la seguridad escolar no es solo una medida técnica. Es una decisión política, pedagógica y ética. Es afirmar que el Estado, la escuela y la sociedad están llamados a cuidar, anticipar y proteger. Porque educar también es hacerse cargo de los riesgos, y porque sin seguridad, simplemente, no hay educación posible. Autor: Carlos Benedetti Reiman Seremi de Educación de la región del Biobío.