Autor: Carla Amtmann Fecci Alcaldesa de Valdivia
Columnas de Opinión: El buen ciudadano
Columnas de Opinión: El buen ciudadano H ay personas que pasan por la vida, y hay otras que dejan huella. Pepe Araya fue, sin duda, de los segundos.
Defensor incansable de los derechos humanos, profundamente vinculado con la agricultura familiar campesina, comprometido con la protección del medio ambiente y muy preocupado de la cultura y el arte que refleje la identidad de nuestra ciudad. Pepe no fue solo un dirigente: fue un buen ciudadano. De esos que no miran desde lejos, sino que se involucran, que participan, que empujan, que incomodan cuando es necesario, que levantan la voz ante las injusticias y que construyen siempre. Pepe nos construyó. Su huella no está solo en las causas que defendió, sino en la forma en que entendía la ciudad: como un espacio compartido que se cuida, se defiende y se transforma entre todos y todas. Hoy son muchas y muchos quienes lo lloramos, quienes le rinden homenaje, quienes reconocen su trayectoria. Y no es casualidad. Porque ciudades como Valdivia no se construyen solas, ni por inercia. Se construyen gracias a personas como Pepe. Somos una ciudad humedal no por suerte, sino porque miles de personas, durante años, defendieron este patrimonio natural. En esa historia está Pepe. En esa convicción colectiva de cuidar lo que somos, de proteger nuestro entorno, de proyectar una ciudad más justa y sustentable. Por eso, más que recordar su legado, hoy tenemos la responsabilidad de proyectarlo. Porque si queremos que esta ciudad siga avanzando, necesitamos más buenos ciudadanos en cada barrio. Personas atentas, comprometidas, que se preocupen por su entorno, por sus vecinos, por los adultos mayores, por los espacios públicos. Ciudadanos y ciudadanas que participen en sus juntas de vecinos, en organizaciones sociales, en centros culturales. Que también valoren y defiendan el mundo rural, entendiendo que la ciudad y el campo son parte de un mismo tejido. En tiempos donde muchas veces predomina la indiferencia y el individualismo, el ejemplo de Pepe Araya nos recuerda algo esencial: las ciudades justas no nacen, se hacen. Y se hacen con personas que deciden involucrarse. Pepe fue de esos imprescindibles. De los que no se reemplazan, pero sí se multiplican en su ejemplo. Y quizás ese sea el mejor homenaje que podemos hacerle: no solo recordarlo, sino seguir su camino. Autor: Carla Amtmann Fecci Alcaldesa de Valdivia. C Columna