Editorial: Bachelet a la ONU
Editorial: Bachelet a la ONU C uando faltan menos de diez meses para que finalice el mandato del portugués António Guterres, la candidatura de Michelle Bachelet para la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) parece enfrentar, al menos al día de hoy, dos obstáculos de cierta envergadura. El primero, desde luego, es el convulsionado escenario internacional, marcado desde el sábado recién pasado, por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Es difícil anticipar hoy cuánto tiempo durará la ofensiva, cuánto daño hará a la capacidad militar de Teherán o si conseguirá finalmente su objetivo de derribar el gobierno de los ayatolás y provocar un cambio de régimen. Pero sí es probable que profundice la trinchera que la administración de Donald Trump ha trazado entre los países que considera sus aliados y los que no lo son. Y que, en ese mismo sentido, utilice su capacidad de persuasión, o su poder de veto, para instalar a un candidato más alineado con sus intereses. El segundo es si la postulación de la expresidenta, impulsada por el Gobierno del Presidente Boric, contará en adelante con el respaldo de la nueva administración.
Es cierto que la candidatura de Bachelet fue presentada en forma conjunta con los gobiernos de Brasil y México, y que estos han dicho que mantendrán su respaldo con independencia de lo que decida La Moneda. Pero es evidente que no tener las espaldas de su país de origen es, para cualquier concursante, una señal de debilidad.
La administración Boric ha planteado que la propuesta de Bachelet, en el marco de la política exterior del país, corresponde a una "candidatura de Estado", por lo que debe situarse al margen de la contingencia local. "Esto tiene que ser una candidatura de Estado. Sería un orgullo para todo Chile que la presidenta Bachelet pudiera liderar una institución que está en crisis", insistió ayer mismo el mandatario.
Dicha pretensión, sin embargo, no se condice con la forma en que ha sido conducida la postulación, oficializada sin acuerdo ni diálogo previo con la administración que se hará cargo del gobierno a partir de la próxima semana. Desde luego, que la propia expresidenta no asista al cambio de mando, aun cuando se trata de un gesto protocolar, tampoco contribuye a galvanizar dicha pretendida unidad.
Ciertamente, y más allá incluso de la figura de Michelle Bachelet, y de la sintonía política circunstancial entre los gobiernos, es un éxito de la Cancillería haber levantado una candidatura conjunta con Brasil y México; como ha ocurrido en circunstancias anteriores, la coordinación con las dos potencias regionales es la forma más efectiva en que nuestro país pueda articular políticas y estrategias efectivas en el plano internacional. Pero para transformar dicha acción en una política de Estado no es suficientecon estar convencido de tener la razón. Es necesario también explicar, convencer y hacer prístinos dichos argumentos, involucrando a otros actores del Estado y de la política, en lugar de actuar sobre hechos consumados.
Que el futuro gobierno se haya manifestado sorprendido por el anuncio de la postulación, y la posibilidad de que desistade la respaldar la candidatura, son una señal de que aquella parte de la tarea se hecho mal, o a medias. "Pero para transformar una acción política en una política de Estado no es suficiente con estar convencido de tener la razón".. "Pero para transformar una acción política en una política de Estado no es suficiente con estar convencido de tener la razón".