Autor: POR LUIS DONOSO ESTAY, JEFE DE CARRERA TRABAJO SOCIAL, UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS VIÑA DEL MAR
Columnas de Opinión: Inclusión real para niños autistas
Columnas de Opinión: Inclusión real para niños autistas ada abril no sólo reactiva Cia visibilidad del autismo en la agenda pública, sino que también deja en evidencia una tensión difícil de soslayar: el avance del lenguaje de la inclusión no ha sido acompañado, con la misma intensidad, por transformaciones en las condiciones materiales que la sostienen.
Bajo el marco del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, se instala así una pregunta incómoda pero necesaria: ¿ estamos ampliando efectivamente las posibilidades de participación social, o más bien sofisticando las formas en que nombramos una inclusión que sigue siendo, en muchos casos, precaria? La inclusión no puede reducirse a un acto declarativo ni a una política formal.
En la vida cotidiana de muchas familias de niños y niñas autistas, la inclusión se juega en escenarios mucho más concretos: en la posibilidad de asistir a la escuela sin ser excluidos de manera explícita o sutil; en el acceso oportuno a apoyos adecuados; en la existencia de redes que sostengan el cuidado; y en la capacidad de transitar por espacios públicos sin ser objeto de estigmatización o incomprensión. En este sentido, una de las tensiones centrales radica en la distancia entre el discurso inclusivo y las condiciones reales que permiten sostener trayectorias de participación social. No es lo mismo acceder a un espacio que poder permanecer en él. No es lo mismo estar matriculado en una escuela que experimentar una participación efectiva en la vida escolar. La inclusión, por tanto, no es un punto de llegada, sino un proceso frágil, dinámico y profundamente desigual. Esta desigualdad se expresa con particular fuerza cuando se consideran las condiciones socioeconómicas de las familias. Mientrasalgunas logran articular apoyos privados, redes especializadas y estrategias de adaptación, otras enfrentan la inclusión desde contextos marcados por la precariedad, la sobrecarga de cuidados y la escasez de recursos institucionales. Asimismo, es necesario desplazar la mirada desde el individuo hacia los contextos. Durante décadas, el autismo fue comprendido principalmente desde un enfoque centrado en el déficit, poniendo el énfasis en aquello que los niños yniñas "no pueden" hacer. Hoy, desde perspectivas más contemporáneas, sereconoce que las barreras no residen únicamente en las características individuales, sino en entornos que no están diseñados para acoger la diversidad. La inclusión, entonces, no consiste en "adaptar" a las personas, sinoen transformar las condiciones sociales, educativas y territoriales que limitan su participación. En este marco, avanzar hacia una inclusión real implica asumir al menos tres desafíos urgentes. Primero, fortalecer sistemas de apoyo que no dependan exclusivamente de la capacidad individual o familiar para gestionarlos. Segundo, generar condiciones institucionales que permitan no sólo el acceso, sinola permanencia y el bienestar en los espacios educativos y comunitarios. Y tercero, reconocer el lugar central del cuidado, no como una responsabilidad privada, sino como un asunto público que requiere corresponsabilidad social. Lapregunta no es cuánto hablamos deinclusión, sino cuánto estamos dispuestos a transformar las condiciones que hoy la hacen inviable para muchos. Porque la inclusión, cuando esreal, no se declara: se sostiene. 03 Autor: POR LUIS DONOSO ESTAY, JEFE DE CARRERA TRABAJO SOCIAL, UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS VIÑA DEL MAR.