Autor: RoSA MARTÍNEz, PSICÓLogA
Columnas de Opinión: Inversión de roles
Columnas de Opinión: Inversión de roles Un rol o papel es la función que una persona desempeña dentro de una organización. Por ejemplo, en un equipo de fútbol las posiciones de juego están previamente estipuladas como: delantero, centrocampista, defensa, etcétera. No obstante, cuando el árbitro expulsa del partido a uno de los miembros del equipo, los restantes deben organizarse para desempeñar el rol del ausente, es decir, para cumplir sus funciones. Existen los denominados roles adscritos y son los que se establecen a una persona por características innatas. Es decir, se le asignan a un ser humano sin que este tenga control sobre ellos como el ser hombre o mujer. Uno de los principales responsable de la diferencia del desarrollo entre hombres y mujeres es la testosterona.
Ésta hace que el hombre tenga, por ejemplo: más altura, mayor masa total, mayor densidad muscular y ósea, mayores pulmones y corazón, menor masa grasa corporal, mayores niveles de hemoglobina, hombros y tórax más anchos y caderas más estrechas. Esto lleva a que los hombres tienen mayor capacidad cardiorrespiratoria, son más fuertes, más rápidos, saltan y lanzan más lejos. Por este motivo existen las categorías deportivas, las cuales se crearon para garantizar una competencia justa y equitativa, Estas divisiones permiten que personas con capacidades similares compitan en igualdad de condiciones, basándose en el rendimiento. Por ejemplo, se separan a los seres humanos por sexo, debido a las diferencias en el desarrollo físico recién señaladas. La inversión de roles se refiere el cambiar roles con otra persona. Por ejemplo: el hecho que un hombre asuma el rol de una mujer o que un jefe cambie su rol con un empleado. En situaciones familiares, un niño asume responsabilidades de un adulto, etc. Dentro del rol sexual adscrito al hombre, se señalan que estos priorizan mantener a sus familias mientras que las mujeres prevalecen en cuidarlas. Existen estudios que indican que cuando las parejas invierten los roles sexuales tradicionales, experimentales resultados adversos como una menor satisfacción conyugal, una mayor probabilidad de divorcio y una menor calidad de la relación.
Recientemente en los hallazgos de un estudio realizado con parejas heterosexuales, indicaron que, en las relaciones de roles invertidos, la mujer es vista como más dominante y controladora, mientras que el hombre es percibido como más débil. Además, las mujeres en relaciones de roles invertidos son vistas como menos agradables y los hombres reciben menos respeto. Por otra parte, hay ciertas situaciones familiares en las que se puede favorecer una dinámica de inversión de roles. Por ejemplo, después de la separación de los padres, el menor puede sentirse responsable del padre que ya no convive con él, o del que convive.
También, cuando existe algún trastorno psicológico que afecta la salud mental de alguno de los progenitores, lo que puede hacer que el menor perciba la vulnerabilidad e inestabilidad emocional de dicho progenitor y querer “consolarle” o apoyarle emocionalmente. A los niños que les ha tocado vivir este tipo de experiencia a menudo experimentan ansiedad, depresión y problemas de autoestima. Además, pueden desarrollar patrones de comportamiento que afectan sus relaciones futuras, ya que pueden replicar estas dinámicas en sus propias familias. De acuerdo a lo señalado se puede concluir que: actuar de modo opuesto al orden natural, conlleva siempre dificultades. Autor: RoSA MARTÍNEz, PSICÓLogA.