Autor: CAROLINA GRÜNWALD ECONOMISTA
Columnas de Opinión: IA y productividad: la nueva revolución industrial
Columnas de Opinión: IA y productividad: la nueva revolución industrial Cuando Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, señaló en diciembre de 2025 que la inteligencia artificial (IA) podría convertirse en el mayor motor de productividad de nuestra era, estaba reconociendo algo que los mercados ya intuyen: estamos ante una transformación estructural con implicancias directas en la economía y en las decisiones de inversión. Los datos recientes muestran que la productividad en Estados Unidos ha repuntado, y buena parte de los analistas lo atribuyen a la adopción de IA en sectores como logística, servicios financieros y retail.
Este aumento de eficiencia no solo mejora los márgenes empresariales, también influye en la política monetaria: si las compañías producen más con menos, la presión inflacionaria se modera y la Reserva Federal puede ajustar las tasas de interés con mayor flexibilidad. En términos financieros, se podría decir entonces que la IA está comenzando a alterar las variables que determinan el costo del capital. Por supuesto, no todo será lineal. El recuerdo del crash de las puntocom nos recuerda que las expectativas desmedidas pueden inflar burbujas, es importante tener claro dónde se invierte. Hay que recordar que las empresas que cayeron eran, en términos generales, aquellas que no alcanzaban a cubrir sus costos, que no eran rentables. Sin embargo, el paralelo más relevante es con la Revolución Industrial: entonces, las máquinas reemplazaron capas enteras de trabajo humano, generando tensiones, pero también abriendo un horizonte de prosperidad impensado. La IA seguirá un camino semejante. Habrá sectores que se sentirán reemplazables y otros que deberán reinventarse, pero el potencial de crecimiento y bienestar es enorme. Para el inversionista de largo plazo, la lección es clara: la IA no es una apuesta táctica, sino estratégica. Habrá vaivenes, correcciones y momentos de incertidumbre, pero quienes mantengan una visión de horizonte podrán capturar el valor de una transformación que multiplica la capacidad cognitiva de las organizaciones. Con todo, va a ser muy importante saber identificar y analizar en qué parte de la IA se debe invertir. El análisis detallado y la selección de dónde invertir en IA van a ser claves, puesto que los avances son dinámicos y van impactando diferentes dimensiones de la misma. Estamos frente a un “juego” abierto. Recientemente, por ejemplo, los software han sido golpeados con la aparición de la IA “Claude” que ha mostrado ser eficiente en cosas como la resolución de conflictos judiciales. No es lo mismo invertir en tecnología, semiconductores, software de automatización, o en distintos sectores.
Por ahora, estamos viendo, por ejemplo, en salud, diagnósticos asistidos y desarrollo de fármacos más rápido; en finanzas, bancos que integran IA en análisis de riesgo y atención al cliente; en energía, con redes optimizadas y mantenimiento predictivo. En portafolios diversificados, la exposición a empresas que integran IA no debe verse como una moda, sino como una posición estructural, comparable a haber invertido en energía durante la Revolución Industrial. La historia económica siempre avanza con ciclos de destrucción y creación. La IA no es un fin en sí mismo, sino un instrumento que, bien utilizado, puede abrir una nueva etapa de prosperidad global. Para quienes invierten con paciencia y visión, este es un tren que vale la pena abordar, aun sabiendo que el viaje tendrá turbulencias. Quien siembre hoy en este terreno fértil, cosechará mañana en el campo más prometedor del siglo XXI. Autor: CAROLINA GRÜNWALD ECONOMISTA. PLAZA de IDEAS