Autor: POR HÉCTOR ORELLANA ABACA
"Más visible, más rápida y con una raíz que preocupa: la crisis de salud mental adolescente"
"Más visible, más rápida y con una raíz que preocupa: la crisis de salud mental adolescente" TALCA.
En medio de un escenario marcado por el aumento de episodios de violencia y amenazas en establecimientos educacionales, Diario La Prensa conversó con Francisca Sáez, directora ejecutiva de Eventuras, corporación especializada en educación y convivencia escolar.
Desde su experiencia en terreno y con base en evidencia internacional, analiza las causas profundas del fenómeno, el impacto de la salud mental adolescente tras la pandemia y los desafíos que enfrentan hoy las comunidades educativas.
Con una mirada crítica, también evalúa las políticas públicas en curso y plantea las urgencias para abordar un problema que, advierte, no puede seguir tratándose de forma fragmentada. ¿Estamos frente a un fenómeno nuevo o a una visibilización de algo que siempre existió? "Las dos cosas. La violencia escolar no es nueva; lo que es nuevo es la velocidad con que hoy se exhibe, se replica y se valida en pantalla. Y también es nueva la sensibilidad pública: un caso en Calama o en Talca lo conocemos a las pocas horas en todo Chile, y eso cambia la conversación. Lo que sí ha cambiado de fondo es la salud mental de los adolescentes. Los datos de la OMS, de Unicef y de la propia Agencia de Calidad muestran un alza sostenida en ansiedad, depresión y autolesiones desde la pandemia.
Eso no es percepción, es medición". ¿Qué factores estructurales explican este aumento? "No hay un solo factor, hay una conjunción: salud mental adolescente que se deterioró durante la pandemia y no se recuperó, exposición temprana e intensa a redes que premian el conflicto, hogares que llegan agotados al final del día y comunidades educativas que están conteniendo más cosas de las que les fue posible imaginar. Lo que conviene mirar con precisión es el clima del aula.
Treinta años de investigación, desde Carolyn WebsterStratton hasta los meta-análisis del consorcio Casel, muestran lo mismo: cuando un profesor jefe tiene herramientas concretas para gestionar su sala, los conflictos bajan, la conexión sube y los aprendizajes mejoran. Es la misma sala, los mismos niños, otro resultado". ¿El incremento de amenazas es alerta real o efecto contagio? "Hay las dos cosas y conviene no confundirlas. La literatura sobre amenazas escolares, sobre todo el trabajo de Dewey Cornell en la Universidad de Virginia, es clara: la mayoría de las amenazas no son creíbles en sentido estricto. Son expresiones de angustia, llamados de atención o efectos imitativos. Pero 'no creíble'; no es lo mismo que 'irrelevante'. Una amenaza no creíble sigue siendo un síntoma. Y el efecto contagio existe: cada caso público multiplica los siguientes, sobre todo en formatos cerrados como grupos de WhatsApp o TikTok. Lo grave sería que los colegios respondan a todas las amenazas con el mismo protocolo, o peor, que las normalicen. Ninguna de las dos sirve". ¿Los establecimientos están preparados para diferenciar una amenaza creíble de una crisis emocional? "Pocos lo están y no por desidia. Diferenciar requiere protocolos específicos de evaluación de amenazas y equipos entrenados en ellos. Hoy, la mayoría de los equipos de convivencia en Chile, sobre todo en colegios subvencionados y municipales, hacen lo que pueden con muy poca formación específica en este punto.
Aquí hay una oportunidad concreta: la Ley 21.809 abre espacio para que esa formación sea sistemática y no quede librada a la buena voluntad de cada sostenedor". ¿Qué rol juegan las plataformas digitales? "Las redes son aceleradores, no causa única.
Premian el contenido extremo, ocultan a los adultos del campo de visión y permiten coordinar conductas (desafíos, hostigamientos, amenazas) a una velocidad que ningún protocolo escolar diseñado hace diez años puede seguir". Pero culpar al teléfono nos saca del problema real: los niños llegan a las pantallas sin las habilidades socioemocionales para procesar lo que ven. Si trabajamos esas habilidades desde primero básico, el teléfono pesa menos". ¿Cómo evalúa los proyectos del gobierno en esta materia? "La Ley 21.809 es un avance importante. Por primera vez en mucho tiempo Chile pone la convivencia escolar en una categoría propia, exige protocolos, fortalece la figura del encargado de convivencia y obliga a los sostenedores a actuar. Eso es bienvenido. Lo que falta no es la ley, es el 'cómo'. La ley dice que hay que hacer; no entrega los programas, los instrumentos ni la formación específica para hacerlo bien. Ahí es donde organizaciones como la nuestra, junto a otras del ecosistema y al Ministerio, podemos aportar". ¿Existe una política integral o seguimos fragmentados? "Seguimos fragmentados. Tenemos protocolos de bullying por un lado, salud mental por otro, prevención del suicidio por otro, convivencia digital por otro. En un colegio promedio eso se traduce en un encargado de convivencia con cinco carpetas distintas y la jornada completa cubriendo emergencias. Una política integral pondría a las habilidades socioemocionales al centro, como hilo conductor del resto.
No es un programa más, es la base que hace que todos los demás funcionen". ¿Se les exige demasiado a las escuelas? "Sí, y al mismo tiempo no hay otro lugar mejor situado para hacer esto. La escuela es el único espacio donde los niños y adolescentes pasan cinco o seis horas al día con adultos formados para acompañarlos.
Lo que toca es darle a la escuela las herramientas y el tiempo, no agregarle carpetas". ¿Los protocolos funcionan o son burocracia? "Muchos protocolos hoy son una respuesta defensiva pensada para mostrar que se hizo algo si la fiscalización pregunta. Eso es burocrático y no resuelve el problema de fondo. Los protocolos funcionan cuando descansan sobre tres cosas: un equipo formado que los entiende, instrumentos para evaluar el caso y una cultura escolar previa que los hace innecesarios la mayoría de las veces. Sin esa cultura, los protocolos llegan tarde". ¿Qué responsabilidad tienen las familias? "Las familias tienen un rol enorme. Pero el problema no se resuelve culpabilizándolas. Una mamá que llega a las nueve de la noche del trabajo y se encuentra con un adolescente conectado todo el día no necesita que el colegio le diga lo que ya sabe. Necesita orientación práctica, no juicio.
Lo que mejor ha funcionado, y la evidencia internacional lo respalda, es trabajar con los apoderados desde la prevención, con lenguaje claro y herramientas concretas: cómo conversar con un hijo en crisis, cómo establecer límites con las pantallas, cómo leer las señales tempranas. Cuando la escuela ofrece eso, la familia se acerca. Cuando la escuela acusa, se aleja". Autor: POR HÉCTOR ORELLANA ABACA. · Profesional advierte que el fenómeno no es nuevo, pero sí su intensidad y propagación. FRANCISCA SÁEZ DIRECTORA EJECUTIVA DE EVENTURAS POR VIOLENCIA ESCOLAR EN CHILE: Poner aprendizaje socioemocional al centro del currículum es un factor clave y determinante. Francisca Sáez, directora ejecutiva de Eventuras.