Autor: Dr. Juan Luis OyarzO GáLvez, ACADéMiCO, iNgENiERO COMERCiAL
Columnas de Opinión: Magallanes no cabe en Santiago
Columnas de Opinión: Magallanes no cabe en Santiago Cada vez que sube el precio de los combustibles, en Chile reaparece la misma conversación: si conviene usar menos el auto, si hay que “ajustarse”, si el alza responde al precio internacional o al tipo de cambio. Todo eso puede ser cierto, pero en regiones extremas como Magallanes la discusión es otra. Aquí no estamos hablando simplemente de una molestia de bolsillo. Estamos hablando de una estructura de vida. El problema de fondo no es solo el alza de la bencina. El problema es que seguimos aplicando políticas públicas diseñadas desde el centro del país como si todo Chile funcionara bajo la misma lógica territorial, climática, demográfica y económica. Y no funciona así. Magallanes no es Santiago con viento. Magallanes es una región aislada, extensa, con condiciones climáticas exigentes, con mayores distancias y con una dependencia mucho más intensa del transporte y de la energía. Aquí el combustible no es un gasto accesorio ni un lujo. En muchos casos, es una necesidad básica para trabajar, movilizarse, producir y simplemente vivir. Por eso, cuando sube el combustible, el efecto no se limita al estanque del automóvil. Se activa un efecto dominó que termina golpeando toda la cadena económica: transporte, distribución, bienes, servicios y presupuesto familiar. En una región donde el costo de vida ya es más alto que en gran parte del país, cualquier alza en combustibles no solo se siente: se multiplica. Y aquí es donde la discusión sobre el impuesto específico y el MEPCO debe salir del lenguaje técnico y entrar en la realidad. Un ejemplo de aquello, es que el precio de referencia de los combustibles se construye a partir de la paridad de importación que calcula semanalmente ENAP, incorporando precio internacional, costos logísticos y tipo de cambio. Es decir, el sistema existe, funciona y tiene lógica técnica. Pero su diseño sigue siendo centralista. Porque una cosa es tener un mecanismo de estabilización y otra muy distinta es asumir que ese mecanismo responde de igual forma a realidades profundamente distintas. No lo hace. Y ese es el punto político de fondo. Magallanes representa una fracción muy pequeña de la población nacional. Eso, lejos de ser una desventaja argumental, debiera ser una oportunidad para discutir medidas focalizadas sin un impacto fiscal desproporcionado. Y aquí hay una deuda política evidente. Nuestros parlamentarios no pueden seguir abordando estos temas como si se tratara de gestiones aisladas o simbólicas. Lo que se requiere es trabajo conjunto, evidencia regional sólida y capacidad de empujar una agenda propia para Magallanes. Punta Arenas y Magallanes no surgieron como un accidente administrativo. Surgieron como un acto de soberanía. Y sostener la soberanía también cuesta. Cuesta energía, cuesta conectividad, cuesta logística, cuesta permanencia. Por eso, cuando se discute combustible, subsidios o energía, lo que está en juego no es solo el precio de una carga. Lo que está en juego es cuánto entiende Chile a sus propios bordes. Autor: Dr. Juan Luis OyarzO GáLvez, ACADéMiCO, iNgENiERO COMERCiAL.