Autor: Oscar Aguayo Álvarez Académico Entrenador Deportivo Advance, Universidad Andrés Bello
Columnas de Opinión: Después del fuego: actividad física y comunidad
Columnas de Opinión: Después del fuego: actividad física y comunidad Los incendios forestales que afectaron gravemente a las regiones del Biobío y Ñuble no solo arrasaron con bosques, viviendas e infraestructura. También dejaron una huella profunda en la vida cotidiana de las personas y en el tejido social de comunidades completas.
Las cifras oficiales informadas son elocuentes y dolorosas: 21 personas fallecidas, miles de viviendas destruidas o con daño severo, y más de 20.000 damnificados, lo que se resume en barrios enteros desplazados y una sensación persistente de pérdida que no se extingue cuando el fuego finalmente se apaga. Porque las catástrofes de esta magnitud no se superan en el corto plazo. El impacto emocional, el duelo, la incertidumbre y el estrés postraumático acompañan durante meses a veces años a quienes vivieron la emergencia de forma directa. En ese escenario, retomar prácticas de bienestar no es un gesto superficial ni una señal de normalidad forzada: es una necesidad humana y social. La actividad física, el ejercicio, el deporte y la recreación pueden constituirse en espacios significativos de contención emocional, reencuentro comunitario y recuperación progresiva de rutinas. No se trata de rendimiento ni de competencia, sino de movimiento como cuidado, de juego como vínculo, de encuentro como reparación. Volver a caminar juntos, entrenar, participar en actividades recreativas o simplemente volver a ocupar un espacio común tiene un valor terapéutico que muchas veces se subestima. Sin embargo, para que estas prácticas cumplan un rol real en contextos de catástrofe, no pueden depender solo de la voluntad individual o del esfuerzo aislado de organizaciones locales. Aquí emerge con fuerza el rol del Estado. La promoción de actividad física y deporte en escenarios post desastre requiere planes focalizados, flexibles y sensibles al contexto, articulados de manera intersectorial entre deporte, salud y educación. La fragmentación institucional y la lógica de programas que terminan compitiendo por "usuarios" no solo es ineficiente, sino que resulta contraproducente cuando las comunidades necesitan respuestas coordinadas y coherentes. En este entramado, he visto como los clubes deportivos y las organizaciones comunitarias cumplen un rol insustituible. Más allá de su función deportiva, son espacios de pertenencia, redes de confianza y canales de apoyo. Durante y después de los incendios, muchos clubes han sido puntos de encuentro, centros de acopio, redes de información y contención para sus jugadores, socios y familias. Autor: Oscar Aguayo Álvarez Académico Entrenador Deportivo Advance, Universidad Andrés Bello. COLUMNA