Sigue el viento EN TORRES DEL PAINE
Sigue el viento EN TORRES DEL PAINE TEROÑESLABÓTSIRCAZELITNEG CRISTÓBAL SEÑORET Hijo putativo de la Patagonia, Cristóbal Señoret (35) es un potente montañista que, en pocos años, ha concretado notables hazañas en la Patagonia.
Cristóbal, de hecho, no solo subió cuatro veces el Fitz Roy, sino que también participó en el primer ascenso chileno al cerro Torre por la exigente vía Ferrari; logró que le significó sentidos elogios en Chile y en el extranjero.
Contribuyó a eso la veloz suma de proezas como encadenar en una misma expedición las tres torres del Paine, tarea que realizó junto a su hermano Juan en sociedad con Iñaki Coussirat lo que terminó por consolidar la leyenda de los “brothers Señoret”. Explosivo y creativo, Cristóbal guía ANMG de ski y de alta montaña también ha abierto nuevas rutas, entre ellas Puro Filete en Torres del Paine o La Chilenita en Cochamó. Sin olvidar Dos Hermanos junto a Juan Señoret en el cerro Catedral. Eso y primeros descensos en skis en los montes Balmaceda y Almirante Nieto. Nacido en Santiago, ya en 2011estuvo por primera vez en Torres del Paine y casi de inmediato comenzó a marcar un nuevo estilo en las cumbres de la zona, más directo y frontal. Todo bajo un acento familiar no exento de dolor y drama, que comenzó cuando falleció Diego; el tío Señoret, casi de la misma edad que los dos hermanos. El golpe de gracia fue en 2023, el año en que Juan Señoret y Cristophe “Tof” Henry, célebre esquiador de Chamonix, fallecieron mientras intentaban descender esquiando el Puntiagudo. Cristóbal, pese al drama, no abandonó la montaña. Y, quizás con más fuerza que antes, hoy pasa más tiempo en alguna carpa o colgando en una pared de granito que en una casa normal. Fue entre una y otra correría que se dio tiempo para contestar algunas preguntas enviadas por Whatsapp. La idea era conversar de sus próximos desafíos, como abrir este verano una nueva ruta de escalada en la torre Central del Paine. Pero también, cómo no, de la muerte de cinco aventureros en noviembre, tragedia que ocurrió mientras Cristóbal estaba en Natales. De hecho, en cuánto supo, se preparó para ir en ayuda de los afectados. ¿Dónde estás ahora? Supongo que en Torres del Paine. Hoy por hoy tu principal techo. En este momento estoy en el Valle del Silencio en Torres del Paine, un lugar maravilloso y muy salvaje. Para mí uno de los más increíbles del planeta. ¿Cuántos ascensos ahí? Tengo 23 ascensos contabilizados a las cuatro cumbres de Torres del Paine, incluyendo la Torre Peineta que forma parte del mismo cordón. Subir cualquiera de las cumbres del Paine es todo un cuento. En una ocasión, un equipo en el que participaste ascendió a las tres de una, y en tiempo récord. Fue una aventura increíble e inolvidable. En 58 horas escalamos las tres Torres del Paine, comenzando por la Norte y terminando en la Sur. Un sueño y un gran desafío cumplido. El año pasado, las redes se incendiaron luego de que te lanzaras en parapente en la Cordillera de Darwin. Entonces la Conaf se te fue encima diciendo que estaba prohibido.
Pero muchos se pusieron de tu lado, esgrimiendo razones como que, si en un territorio salvaje uno no puede ser libre, entonces ¿ dónde? ¿ Estás enemistado con la Conaf? Hubo un reclamo por un vuelo que hice en parapente dentro del Parque Nacional Alberto de Agostini, en la Cordillera Darwin. Pedí las disculpas correspondientes y aclaré la situación con el director regional de Conaf Magallanes.
Hoy en día existe muy buena comunicación y apoyo mutuo con la institución para este tipo de situaciones. ¿Cuál es tu gran desafío hoy como escalador? Mi gran desafío, este verano, es abrir una ruta en la Torre Central del Paine y la primera ruta chilena en esta increíble pared. Dos meses atrás, la tragedia en Torres del Pane enlutó al país.
Imagino que, como siempre estás yendo y viniendo, conoces varios de los problemas que hay en el parque. ¿Cómo los resumirías? Los problemas no están solo en el parque; ocurren en todos los niveles del turismo, desde los hoteles de lujo hasta las pequeñas empresas. Operar en un territorio tan aislado es complejo para cualquier organización. Hay que ser realistas y entender las dificultades propias del turismo en zonas remotas, donde la mano de obra y la logística son algunos de los mayores desafíos.
A tu juicio, ¿de quién es la culpa de lo que pasó? Más que buscar culpables, creo que debemos enfocarnos en mejorar los protocolos para evitar o minimizar este tipo de incidentes, que nadie quiere que sucedan.
Una crítica a la Conaf es que, el día de la tragedia, el parque quedó abierto, operativo, pese a que los guardaparques se ausentaron para ir a votar. ¿Estás de acuerdo con la crítica? El parque permanece abierto todo el año, pero ese día, en el sector donde debía haber un guardaparque de turno, no había. Eso sí fue un problema. ¿Tienen responsabilidad quienes empezaron a caminar ese día? En la montaña todos tenemos responsabilidad. Hay que ser conscientes del autocuidado, sobre todo en lugares remotos donde un rescate puede ser muy difícil e incluso imposible. La O, el circuito donde ocurrió la tragedia, nunca ha sido “fácil”. ¿Se confía demasiado la gente? No es fácil. Se necesita buen estado físico y preparación para hacer el circuito completo, incluso la W. Además, todo depende del clima, que siempre es el factor determinante. Más que exceso de confianza, a veces la gente intenta cumplir un itinerario rígido sin adaptarse al clima. Muchos caminan solo con lo puesto para llegar más ligeros a los refugios, y ese fue uno de los factores que afectó a los accidentados.
Si hubieran llevado una carpa, saco de dormir y una cocinilla para calentar agua y mantener el cuerpo caliente, podrían haber pasado la tormenta sin llegar a la hipotermia. ¿Cómo describirías el paso John Gardner que fue donde ocurrió el desastre? Es un paso de montaña, el más alto del parque, que alcanza cerca de 1.200 metros. Es muy expuesto y, al ser un collado, el viento se acelera en ese punto. Las vistas son increíbles y físicamente es muy exigente: las primeras dos horas son por bosque y luego otras dos horas por una morrena de piedras. Es uno de los días más duros del circuito. Antes de las preguntas a Señoret, revisé lo que se había dicho el día de la tragedia. Y contacté a diversas fuentes, incluidos montañistas y empresarios locales. Así, la mañana del domingo 16 de noviembre fue linda e incluso soleada en el Paine. Sin embargo, apenas unas horas después, se desató una “tormenta perfecta”. Un violento temporal que terminó por congelar a cinco intrépidos trekkers. A saber: una pareja de mexicanos, dos alemanas y una británica, experta en redes sociales.
Entre quienes fallecieron todos por hipotermia uno había iniciado la caminata en short y, tal como el resto, no llevaba carpa ni ropa técnica que le permitiera enfrentar la gélida ventisca que detuvo su andar en el Paso John Gardner, uno de los puntos más difíciles de sortear en el llamado Circuito O; el cual en esa sección de la ruta permite conectar el sector de Los Perros con Campamento Paso. Eso tras superar un desnivel de 600 metros que se extiende por cuatro kilómetros (congelado ese día), más cuatro en bajada. Es decir, un lugar de fuertes pendientes, en mitad de la nada, sin señal de teléfono y, fue noticia esos días, sin rescatistas que hubieran podido torcer el destino. Cuando ocurrió la tragedia, cuerpos comenzaron a deslizarse en todas las direcciones.
Un hombre, sobreviviente, se deslizó casi veinte metros mirando hacia abajo y solo se salvó porque su mochila golpeó con las rocas antes que su cabeza. ¿Voy a morir hoy? preguntó a quienes le prestaron ayuda. Para entonces, el hielo, en el paso, era un reguero de sangre. La gente gritaba al resbalar mientras chocaban unos contra otros. Los que lograron ponerse a salvo, moreteados y con hipotermia, no tardaron en denunciar que en un campamento les habían negado ayuda para resguardarse del frío. Finalmente, excursionistas organizaron una operación de rescate. Los guardaparques llegaron en la tarde del día siguiente. Y la policía y Carabineros un día después. A esas alturas, en las redes abundaban los análisis.
Muchos coincidían en que, una de las carencias del parque el mismo que se ha transformado en la postal más icónica de nuestro país es que no cuenta con helicóptero de emergencia, ni un seguro asociado a la entrada que garantice un rescate.
De la mano de eso, exceso de confianza de quienes se lanzan a caminar, seguramente amparados en una falsa sensación de seguridad, toda vez que el parque, desde hace años, se estructura en base a concesiones o “paradas” que los trekkers deben conectar como si se tratara de un video game. Pero no. Es la Patagonia; un lugar donde, de un segundo a otro, los vientos se pueden acelerar de 0 a 200 kilómetros por hora en cuestión de minutos. Según expertos en turismo, un parque mal administrado, con infraestructura precaria y pocos guardaparques; apenas 51 en temporada alta. Nada para un gigantesco espacio (de casi 200 mil hectáreas) que, más encima, en unos meses más su entrada será un 60% más cara. Y no porque hayan instalado antenas de Starlink, baños o porque hayan sumado el anhelado seguro.
Aunque funcionaros de Conaf aseguraron horas después de la tragedia que hoteleros habían ejercido presión para abrir el parque una vez desatada la tormenta, lo cierto es que, ese día, Torres del Paine no se cerró. Así es que mal pudo haber sido abierto. La disputa, otra vez, dejó en evidencia que hay roces en relación a cómo se debiera administrar el Paine.
Un problema que, se especula, debiera aumentar una vez que entre en funcionamiento el SBAP (Sistema de Biodiversidad y Áreas Protegidas), hoy en problemas ya que, pese a las promesas, aún no se termina lo más básico: su reglamento. Estamos en un limbo. Hoy nadie sabe qué va a pasar declaró después de la tragedia la Asociación de Hoteleros de Torres del Paine (HYST) en su página web. A dos meses de la tragedia, el futuro del parque más icónico de Chile sigue incierto.
Aunque Conaf postergó la fuerte alza de las entradas para mayo, se sabe que la fecha coincidirá con el vencimiento de varias concesiones (una en abril, otra en junio) y sin que se sepa quién lo administrará. ¿Cuál es entonces el futuro del que, no pocos dicen, es el parque más lindo de la Tierra? Los datos están ahí. Torres del Paine recibe anualmente unas 400 mil visitas (la mitad extranjeros) y, esos ingresos, corresponden al 60 % de lo que gasta Chile en proteger sus áreas silvestres. Eso pese a que Torres del Paine tiene sus propias carencias, entre ellas un sistema de comunicaciones para áreas remotas, unidades de rescate, equipamiento técnico para los guardaparques. Y protocolos que permitan entender a los visitantes y a los operadores cuándo se puede recorrer el parque y cuándo no. Es en ese contexto que hay quienes advierten que las cosas podrían empeorar. De partida porque, en el futuro, la administración de los parques ya no requerirá que se coordinen servicios de un ministerio sino de tres: Agricultura, Economía y Medio Ambiente.
Es lo que explica que, en un toro duro y desafiante, la Asociación de Hoteles y Servicios Turísticos de Torres del Paine haya publicado, en su página web, fuertes sentencias como el que el Estado “nunca ha defendido de verdad las áreas protegidas”; “nunca ha entendido que los parques nacionales no son solo lugares bonitos, sino activos estratégicos del país” y que “no le toma el peso a lo que significa gestionar destinos de clase mundial”. Los dardos contra Conaf no fueron menores, catalogándolo como “un organismo que hace décadas opera bajo una lógica arcaica, que ve al turismo como un intruso, como un mal necesario, como algo que molesta la conservación.
Una institución que administra áreas protegidas del siglo XXI con herramientas y mentalidades del siglo pasado”. ¿Debería seguir siendo Conaf quien administre los parques nacionales? No tengo una opinión formada y esa decisión no me corresponde dice Señoret.
Eres guía certificado, conoces Torres del Paine como pocos. ¿Cómo imaginas el futuro del parque? ¿ Cómo debería mejorar? Basado en lo que se vive en terreno enumera una propuesta clara y realista sería: primero, profesionalizar las condiciones laborales, poniendo fin a la precariedad y a los contratos temporales. Segundo, capacitación técnica continua. Tercero, autoridad real en terreno. Hoy muchas tragedias ocurren porque nadie se atreve a decir no. Cuarto, infraestructura mínima pero efectiva; radios, GPS y comunicación satelital. Refugios básicos bien ubicados. Quinto, integración con guías y comunidad local. Seis, financiamiento transparente y directo. Que parte del ingreso por entradas vuelva al parque. Menos centralismo. Siete, cambio cultura institucional. Aceptar que cerrar un parque también es gestión responsable, no fracaso. Por último, educación del visitante y no solo multas. La montaña no es un parque urbano. En resumen, Chile tiene parques de clase mundial, pero un sistema de gestión muy por debajo del nivel de su territorio. “(Se necesita) educación del visitante y no solo multas. La montaña no es un parque urbano”.. Cristóbal “Tolo” Señoret es uno de los montañistas jóvenes más destacados del país. Lo de él no solo es la escalada sino también el parapente; deporte en el que ha realizado increíbles travesías, incluido un sobrevuelo por la imponente Cordillera de Darwin. Es, además, uno de los exploradores que mejor conoce Torres del Paine. Basta saber que, a los 18 años, se convirtió en el tipo más joven en escalarlas. Y, desde entonces, visita el parque diez, veinte veces al año. A casi dos meses de la tragedia que reveló la cara más oscura del Paine, junto a Señoret revisamos lo que ocurrió y los desafíos pendientes en el parque. POR SERGIO PAZ “(Se necesita) educación del visitante y no solo multas. La montaña no es un parque urbano”. “En la montaña todos tenemos responsabilidad”, dice. En la imagen, Señoret sobrevolando las Torres del Paine en parapente.